La política energética del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha puesto en la mira al diésel, un combustible crucial cuyo suministro a México se encuentra en riesgo. Trump ha planteado la posibilidad de restringir las exportaciones de este producto para aumentar la oferta dentro de su propio país y así intentar controlar los precios, que han alcanzado niveles récord.

Esta medida, de concretarse, obligaría a México a buscar proveedores alternativos para sustituir una parte significativa del diésel que actualmente importa de las refinerías estadounidenses. La situación se agrava dado que la oferta internacional de combustibles ya enfrenta restricciones considerables, lo que dificulta la búsqueda de nuevas fuentes de suministro.

Sin embargo, el impacto de una restricción a las exportaciones de diésel no se limitaría al comercio bilateral. El sector petrolero estadounidense advierte que, si bien podría aumentar temporalmente la oferta doméstica de diésel, también forzaría a las refinerías a reducir su producción general. Dado que las plantas de refinación no producen diésel de manera aislada, una disminución en su operación afectaría la disponibilidad de otros derivados importantes como la gasolina, el combustible para aviones y otros productos esenciales.

El Dilema del Diésel Estadounidense

Al 2 de octubre, el precio promedio del diésel en Estados Unidos se situaba en 6.37 dólares por galón, un incremento notable respecto al mes anterior y un máximo histórico alcanzado a finales de septiembre. Este encarecimiento responde a una confluencia de factores internacionales, incluyendo las tensiones geopolíticas derivadas de la guerra entre Estados Unidos e Irán, que han impactado la infraestructura y los flujos de petróleo en Medio Oriente, así como las secuelas de la guerra entre Rusia y Ucrania. A esto se suman interrupciones en refinerías y una menor producción de algunos países exportadores.

Estados Unidos se ha consolidado como uno de los principales proveedores de diésel para otros mercados debido a que su extenso sistema de refinación genera un excedente de destilados superior a su demanda interna. Estimaciones de S&P Global indican que las refinerías estadounidenses producen alrededor de 5.3 millones de barriles diarios de destilados, mientras que el consumo doméstico ronda los 3.6 millones de barriles diarios. Es precisamente este excedente, cercano a 1.5 millones de barriles diarios, el que Trump busca retener dentro de sus fronteras.

La lógica detrás de la propuesta es que al mantener dentro del país una porción del combustible que actualmente se exporta, se incrementaría la oferta disponible para los consumidores estadounidenses, lo que, en teoría, debería traducirse en una reducción de precios. No obstante, expertos como Carlos Pascual, vicepresidente senior de S&P Global Energy, señalan que esta estrategia presenta serias contraindicaciones.

Implicaciones para la Producción y el Mercado Global

Pascual advierte que las refinerías no tienen la capacidad de ajustar su producción de diésel de forma independiente, ya que cualquier modificación en la elaboración de este producto inevitablemente repercute en la producción de otros derivados. "Si Estados Unidos pone un bloqueo a la exportación de 1.5 millones de barriles al día, se está sobreabasteciendo el mercado. Lo que van a hacer las refinerías es reducir la producción. Cuando reducen la producción de diésel, no se puede hacer solamente de un producto, sino de todos los refinados derivados. Por consecuencia, se va a reducir la producción de gasolinas", explicó en entrevista con Expansión.

El análisis de S&P Global proyecta que una prohibición que retenga hasta 1.5 millones de barriles diarios de diésel en Estados Unidos podría obligar a las refinerías a disminuir sus operaciones de procesamiento de crudo en aproximadamente 1.9 millones de barriles diarios, lo que representa una reducción del 12%. Esta decisión empresarial se derivaría de la saturación del mercado estadounidense de diésel y la pérdida de compradores en el extranjero.

En consecuencia, aunque Estados Unidos lograra inicialmente una mayor disponibilidad de diésel en su mercado interno, esto sería a costa de una menor producción de otros combustibles esenciales, lo que a su vez ejercería una presión al alza sobre sus precios. La interconexión de los procesos de refinación hace que la manipulación de la oferta de un solo producto tenga efectos dominó en toda la cadena de producción de derivados del petróleo.

México, un País Expuesto a la Volatilidad Estadounidense

Para México, la discusión sobre las exportaciones de diésel en Estados Unidos trasciende la mera fluctuación de precios internacionales; representa un riesgo tangible para el suministro del combustible. Una parte considerable del diésel consumido en el país proviene de la nación vecina.

Durante el primer semestre del año, México consumió un promedio de 442,000 barriles diarios de diésel. De esta cantidad, 273,000 barriles fueron producidos a nivel nacional, mientras que Pemex importó 74,000 barriles y las empresas privadas sumaron otros 95,000 barriles. En total, las importaciones representaron el 38% del consumo nacional en ese periodo.

Lo más relevante es que, del total de diésel importado por México, un abrumador 98% tuvo su origen en Estados Unidos. Esta alta dependencia se refleja también desde la perspectiva estadounidense: México se consolidó como el principal destino de las exportaciones de diésel de Estados Unidos, recibiendo el 96% de sus ventas externas de este combustible en el año previo a junio, según datos de comercio exterior analizados por The Washington Post.

Por lo tanto, una restricción de exportaciones por parte de Estados Unidos impactaría a México por dos vías principales. En primer lugar, afectaría directamente la disponibilidad física de los barriles de diésel que actualmente llegan al país. En segundo lugar, obligaría a México a competir por suministros alternativos en un mercado internacional ya de por sí ajustado, lo que previsiblemente elevaría los precios del combustible en el mercado mexicano.