En un claro ejercicio de defensa corporativa, legisladores de Morena alzaron la voz en la Comisión Permanente del Congreso de la Unión para desestimar las recientes declaraciones del expresidente de Estados Unidos, Donald Trump. Trump insistió en su narrativa de que los cárteles de la droga controlan el destino de México, una afirmación que los morenistas calificaron de "profundamente injustas" y una "calumnia" contra la administración de la presidenta Claudia Sheinbaum.
La sesión, que sirvió como escenario para este pronunciamiento, evidenció la estrategia del partido en el poder: cerrar filas ante cualquier crítica externa que ponga en entredicho la efectividad de sus políticas, especialmente en materia de seguridad, uno de los flancos más sensibles para el gobierno. La defensa de Sheinbaum se convirtió en el eje central del debate, relegando a un segundo plano las preocupaciones reales sobre la violencia que azota al país.
Los legisladores morenistas argumentaron que las palabras de Trump responden a intereses electorales y a una campaña de desprestigio orquestada desde el extranjero. Sostuvieron que México está haciendo esfuerzos significativos para combatir el crimen organizado y que la estrategia de "abrazos, no balazos", impulsada por el presidente Andrés Manuel López Obrador y continuada por Sheinbaum, está dando resultados, aunque las cifras oficiales y la percepción ciudadana pinten un panorama distinto.
Sin embargo, la postura de Morena contrasta fuertemente con la realidad palpable en diversas regiones del país. La persistencia de la violencia, los enfrentamientos entre grupos criminales, los secuestros y las extorsiones son testimonios diarios de que la estrategia de seguridad no ha logrado erradicar el problema de raíz. Las declaraciones de Trump, por más incómodas que resulten para el oficialismo, resuenan con la experiencia de miles de mexicanos que viven bajo el yugo de la inseguridad.
La defensa de Sheinbaum por parte de su partido parece más un ejercicio de lealtad política que un análisis objetivo de la situación. Se omite deliberadamente el contexto de la creciente influencia de los grupos criminales, su capacidad de operar con impunidad en amplias zonas del territorio y la falta de resultados contundentes en la captura de líderes importantes o en la desarticulación de sus redes financieras.
Es pertinente recordar que la administración actual ha sido criticada por diversos sectores, incluyendo organismos internacionales y expertos en seguridad, por no presentar una estrategia integral que aborde las causas estructurales de la violencia, como la pobreza, la desigualdad y la corrupción. La política de "abrazos, no balazos" ha sido interpretada por muchos como una estrategia pasiva que ha permitido el fortalecimiento de los cárteles.
La reacción de Morena también puede leerse como un intento por controlar la narrativa y evitar que las críticas externas, como las de Trump, ganen tracción dentro del debate público mexicano. Al descalificar al expresidente estadounidense, buscan deslegitimar cualquier cuestionamiento a la política de seguridad, presentándolo como un ataque infundado y malintencionado.
No obstante, la estrategia de defensa del partido oficialista ignora la complejidad del fenómeno del narcotráfico y su profunda infiltración en las estructuras sociales y políticas del país. Las declaraciones de Trump, si bien pueden ser exageradas o tener motivaciones políticas, tocan una fibra sensible que no puede ser ignorada ni minimizada con discursos defensivos.
La Comisión Permanente, en lugar de ser un foro para la defensa partidista, debería ser un espacio para el análisis crítico y la búsqueda de soluciones efectivas. La seguridad nacional es un tema que trasciende las siglas partidistas y requiere un enfoque colaborativo y honesto, reconociendo los desafíos y buscando consensos para implementar políticas que realmente protejan a la ciudadanía.
La insistencia de Trump en que los cárteles "manejan al país" es una acusación grave que, independientemente de su origen, exige una respuesta basada en hechos y resultados tangibles, no solo en declaraciones de lealtad política. México enfrenta un desafío monumental en materia de seguridad, y la defensa cerrada de las políticas actuales sin autocrítica ni reconocimiento de las fallas solo perpetúa un ciclo de violencia e impunidad.
La postura de Morena, al defender a Sheinbaum y desestimar las críticas de Trump, subraya la polarización política que vive el país y la dificultad para abordar temas cruciales como la inseguridad de manera objetiva. La prioridad debería ser la seguridad de los mexicanos, no la defensa de la imagen de un partido o de sus líderes.
Es fundamental que el gobierno y el partido en el poder reconozcan la gravedad de la situación de seguridad en México. Las palabras de Trump, aunque provengan de una figura controvertida, reflejan una percepción internacional que no puede ser ignorada. La estrategia de seguridad debe ser evaluada constantemente, ajustada y, si es necesario, reformulada con base en evidencia y resultados, no en discursos defensivos.
La defensa cerrada de las políticas de seguridad de Sheinbaum por parte de Morena, ante las críticas de Donald Trump, pone de manifiesto una estrategia política que prioriza la lealtad partidista sobre la urgencia de resolver la crisis de inseguridad que vive el país. La ciudadanía espera acciones contundentes y resultados, no solo palabras.