La economía mexicana atraviesa un túnel de incertidumbre, un panorama sombrío que ha mermado las expectativas de crecimiento, según las propias palabras del titular de la Secretaría de Economía, Marcelo Ebrard. El funcionario reconoció que el panorama internacional, marcado por la agonía del libre comercio y el surgimiento de un nuevo orden mercantilista donde la geopolítica dicta las reglas, está pasando una factura considerable a las tasas de crecimiento del país.

Este reconocimiento por parte de Ebrard no es menor. Señala un cambio de paradigma en las relaciones económicas globales, donde las decisiones políticas y las tensiones entre potencias están desplazando la lógica de los mercados abiertos y la cooperación multilateral que definieron las últimas décadas. La era de la globalización, tal como la conocimos, parece estar desmoronándose, dando paso a un escenario donde las alianzas estratégicas y los intereses nacionales priman sobre el intercambio libre y sin restricciones.

La figura de Donald Trump, aunque no se le mencione explícitamente en el resumen proporcionado, planea como una sombra sobre esta reconfiguración. Sus políticas proteccionistas, su retórica nacionalista y su disposición a imponer aranceles y barreras comerciales sentaron un precedente que otros países han comenzado a emular o, al menos, a considerar seriamente en sus estrategias. La incertidumbre generada por sus acciones y su posible regreso al poder en Estados Unidos es un factor clave que alimenta la volatilidad en los mercados internacionales y, por ende, afecta a economías como la mexicana, altamente dependiente del comercio exterior.

El secretario Ebrard, al hablar de un "nuevo enfoque de intercambio mercantil donde prima el diseño geopolítico", alude a esta realidad. Ya no se trata solo de producir bienes y servicios de manera eficiente y exportarlos, sino de considerar quiénes son tus aliados, quiénes tus adversarios y cómo las decisiones políticas de las grandes potencias pueden impactar tu cadena de suministro, tus inversiones y tu acceso a mercados.

Esta transición hacia un orden geopolítico-mercantilista presenta desafíos mayúsculos para México. El país ha construido gran parte de su modelo económico sobre la base de tratados de libre comercio, especialmente con Estados Unidos y Canadá (T-MEC), y su integración en cadenas de valor globales. La erosión de estos acuerdos o la imposición de nuevas condiciones, dictadas más por la conveniencia política que por la eficiencia económica, podría tener consecuencias devastadoras.

La "incertidumbre global" mencionada por Ebrard se traduce en varios frentes. Por un lado, la volatilidad en los precios de las materias primas, la dificultad para prever flujos de inversión extranjera directa y la complejidad para planificar a largo plazo. Las empresas, ante la falta de visibilidad, tienden a posponer decisiones de inversión, a reducir su exposición a mercados considerados de riesgo y a diversificar sus operaciones, lo que puede significar una menor llegada de capital a México.

Por otro lado, la reconfiguración de las cadenas de suministro es otro factor crítico. Las empresas buscan ahora mayor resiliencia, lo que puede implicar relocalizar la producción más cerca de sus mercados de consumo (nearshoring) o diversificar sus proveedores para no depender excesivamente de un solo país o región. Si bien el nearshoring podría representar una oportunidad para México, la incertidumbre global y las tensiones geopolíticas también pueden frenar este proceso o dirigirlo hacia otros destinos.

El secretario de Economía debe ahora navegar en este complejo escenario. Su reto es doble: por un lado, gestionar las consecuencias inmediatas de esta incertidumbre en la economía nacional, buscando mitigar los efectos negativos sobre el crecimiento y el empleo. Por otro, diseñar e implementar una estrategia económica a mediano y largo plazo que permita a México adaptarse a este nuevo orden mundial, fortaleciendo su resiliencia y aprovechando las oportunidades que puedan surgir.

Esto implica no solo depender de los acuerdos comerciales tradicionales, sino también explorar nuevas alianzas, fortalecer el mercado interno, fomentar la innovación y la tecnología, y asegurar un entorno de estabilidad y certidumbre jurídica que atraiga y retenga inversiones, incluso en un contexto global volátil. La capacidad de México para adaptarse a esta nueva realidad geopolítica-mercantilista será determinante para su futuro económico.

La declaración de Ebrard subraya la necesidad de una visión estratégica clara y de políticas públicas ágiles. La economía mexicana no puede darse el lujo de ser un mero espectador de los cambios globales; debe ser un actor proactivo, capaz de anticipar tendencias, gestionar riesgos y capitalizar oportunidades. La era de la certidumbre económica global ha terminado, y México debe encontrar su camino en la nueva era de la incertidumbre geopolítica.