El banco BBVA ha emitido un análisis sobre el panorama económico de México para 2026, y aunque ha recortado su pronóstico de crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) de 1.8% a 1.2%, ha señalado un factor inesperado que podría mitigar esta desaceleración: el desempeño de la Selección Mexicana en el Mundial de Futbol 2026.

Carlos Serrano, economista en jefe de BBVA México, explicó durante la presentación del Informe Situación México que el impacto económico de la Copa del Mundo es una variable directamente ligada al avance del equipo nacional. En particular, alcanzar el anhelado "quinto partido" podría traducirse en un impulso significativo para la actividad económica del país.

Según las estimaciones del propio banco, la justa mundialista podría aportar alrededor de 0.3 puntos porcentuales al crecimiento económico. Esto significa que, con el efecto del torneo, el PIB mexicano alcanzaría el 1.2% proyectado; sin embargo, sin este impulso futbolístico, el crecimiento se quedaría en un modesto 0.9%.

"Sí hay un efecto del Mundial, pero la variable principal es qué tanto avanza la selección. Si la selección disputa más partidos, la Copa tendrá un efecto más positivo en la economía", enfatizó Serrano, subrayando la importancia de cada fase superada en el torneo.

El ajuste a la baja en las perspectivas generales de crecimiento, según detalló Saidé Salazar, economista principal para México de BBVA, se debe a otros factores macroeconómicos. Entre ellos, se mencionan una desaceleración en el consumo y una inversión que no ha alcanzado los niveles esperados, lo que genera un panorama más cauto para la economía en general.

Sin embargo, el optimismo futbolero se presenta como un rayo de luz. La posibilidad de que la Selección Mexicana trascienda en el torneo no solo es una esperanza para los aficionados, sino también una proyección económica tangible para BBVA. Este efecto, aunque no compensa totalmente la desaceleración en otros sectores, sí representa un factor dinamizador que podría hacer la diferencia entre un crecimiento mediocre y uno ligeramente más robusto.

El Mundial de 2026, al ser celebrado en México, Estados Unidos y Canadá, presenta una oportunidad única para capitalizar el fervor nacional. La derrama económica esperada no solo proviene del gasto directo en consumo asociado a la euforia del torneo (como reuniones sociales, consumo de alimentos y bebidas, y compra de artículos deportivos), sino también de un posible aumento en la confianza del consumidor y, por ende, en el gasto.

La conexión entre el éxito deportivo y el desempeño económico no es nueva. Históricamente, eventos de gran magnitud como los Mundiales han demostrado tener un impacto positivo, aunque temporal, en la economía de los países participantes, especialmente cuando el equipo local logra un desempeño destacado. Este fenómeno se conoce como "efecto Mundial" y se manifiesta en un aumento del gasto, la inversión en publicidad y un sentimiento general de optimismo.

BBVA, al proyectar este impacto, no solo reconoce la importancia del deporte en la cultura mexicana, sino que también lo integra como un componente en sus modelos económicos. La meta del "quinto partido" se convierte así en un objetivo no solo deportivo, sino también económico, con implicaciones directas en las cifras del PIB.

No obstante, el banco también ha lanzado advertencias sobre otros aspectos de la economía mexicana. Se destaca un deterioro en las finanzas públicas, con un espacio fiscal reducido que limita la capacidad de respuesta del gobierno ante posibles choques económicos. La deuda gubernamental podría alcanzar el 60% del PIB hacia 2030 si no se toman medidas correctivas, lo que pondría en riesgo la calificación crediticia del país.

Para mantener el grado de inversión, México necesitaría generar un superávit primario constante. Las medidas sugeridas incluyen mejorar la recaudación fiscal, revisar exenciones de impuestos, combatir la informalidad y avanzar en la digitalización de la economía. Estas acciones son cruciales para asegurar la estabilidad financiera a largo plazo, independientemente de los impulsos temporales que pueda generar un evento deportivo.

En cuanto al tipo de cambio, BBVA prevé una depreciación gradual y moderada del peso frente al dólar, estimando un cierre de año en 17.80 pesos por dólar. Esta proyección se basa en la debilidad global del dólar, el optimismo en torno a la revisión del T-MEC y el atractivo del carry trade ajustado por riesgo.

En resumen, mientras que los indicadores macroeconómicos presentan desafíos, el Mundial de 2026 emerge como un factor de esperanza para la economía mexicana. El éxito de la Selección Nacional en la cancha podría ser un catalizador para un crecimiento más dinámico, demostrando una vez más la intrincada relación entre el deporte, la pasión nacional y el desempeño económico del país.