El motor del gasto en México, el consumo privado, ha encendido las luces de advertencia. Las estimaciones oportunas del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) revelan una clara desaceleración en abril y mayo de este año, marcando un freno en la trayectoria positiva que venía mostrando.
Aunque las cifras anuales aún se mantienen en terreno positivo, con proyecciones de crecimiento de 2.2% para abril y 2.6% para mayo, estas representan una moderación significativa respecto al 3.1% registrado en marzo. La tendencia se vuelve aún más preocupante al observar la variación mensual: tras un repunte de 1.2% en marzo, el gasto de los hogares apenas habría avanzado 0.4% en abril y se habría estancado por completo en mayo (0.0%). Esto sugiere que la fuerza del consumo se diluyó conforme avanzó el segundo trimestre del año.
Factores que Erosionan el Gasto
Gerónimo Ugarte, economista en jefe de Valmex Casa de Bolsa, señala que los impulsores del consumo de años recientes comienzan a perder fuelle. Un entorno de inversión privada débil, una economía que avanza por debajo de su potencial y condiciones financieras restrictivas para los hogares son factores clave en esta desaceleración. A pesar de esta moderación, el indicador aún apunta a 14 meses consecutivos de crecimiento anual, lo que indica que la demanda interna sigue siendo un soporte para la actividad económica, aunque con menor vigor.
Gabriela Siller, directora de análisis económico y financiero en Banco Base, identifica varios obstáculos que limitan el avance del consumo. Entre ellos, destaca el deterioro del mercado laboral, la pérdida de poder adquisitivo de las remesas y un descenso en la confianza del consumidor. Siller considera particularmente alarmante el estancamiento mensual de mayo, un mes tradicionalmente fuerte para el gasto debido a la celebración del Día de las Madres.
Rodolfo Ostolaza, subdirector de Estudios Económicos de Banamex, coincide en la gradual recuperación de los ingresos familiares y señala que componentes básicos del gasto, como los alimentos, continúan presionando los presupuestos. Además, advierte que la fortaleza del peso mexicano ha erosionado el poder adquisitivo de las remesas en términos reales, mermando una fuente de apoyo crucial para muchas familias.
Perspectivas y Riesgos
Ostolaza estima que, a pesar de la moderación, el consumo podría registrar un avance trimestral en el segundo trimestre, revirtiendo la contracción observada a inicios de año. Desde la perspectiva de Valmex, el estancamiento de mayo no presagia una caída abrupta, sino una normalización del ritmo de expansión.
Ugarte subraya que la creación de empleo y el crecimiento de los salarios reales siguen apoyando el gasto, aunque a una velocidad menor. Los analistas anticipan que el consumo continuará creciendo el resto del año, pero con una capacidad limitada para impulsar por sí solo la economía.
Los factores determinantes para la segunda mitad del año serán el desempeño del mercado laboral, la evolución de las remesas y la confianza del consumidor. Persisten riesgos asociados a la debilidad de la inversión privada, la incertidumbre económica y comercial, y presiones inflacionarias en ciertos bienes y servicios.
Soportes Potenciales
Sin embargo, no todo es sombrío. La desaceleración de la inflación, el crecimiento de la masa salarial real y el dinamismo del crédito al consumo ofrecen un respiro. Gabriela Siller prevé que el Mundial de 2026 genere un impulso temporal al gasto en junio y julio, aunque advierte de posibles caídas mensuales posteriores.
Samuel Martínez, economista de Actinver, reitera que el consumo privado será un pilar para la economía mexicana en 2026. A pesar de la moderación observada en abril y mayo, el gasto de los hogares se mantiene en expansión anual y podría recibir un impulso adicional en la segunda mitad del año gracias al Mundial.
Martínez proyecta un crecimiento del PIB de 1.2% para 2026, sustentado en una mejora del consumo. No obstante, la debilidad de la inversión privada y la incertidumbre global son factores que podrían limitar un desempeño más robusto. La resiliencia del consumo, aunque moderada, sigue siendo un factor clave en un panorama económico complejo.
La pérdida de dinamismo del consumo privado es una señal que no debe ser ignorada. Si bien la demanda interna sigue siendo un soporte, la desaceleración observada en los últimos meses plantea interrogantes sobre la sostenibilidad del crecimiento económico en el corto y mediano plazo. Los factores que impulsaron el gasto en años anteriores parecen estar agotándose, y los nuevos motores de crecimiento aún no se manifiestan con la fuerza necesaria para compensar esta tendencia.
El panorama para el resto del año dependerá crucialmente de la evolución del empleo, los salarios reales y la confianza de los consumidores. La fortaleza del peso, si bien beneficia a algunos sectores, representa un obstáculo para las familias que dependen de las remesas. La política económica deberá enfocarse en revertir estas tendencias y fortalecer los cimientos del gasto interno para asegurar una recuperación económica sólida y sostenida.