México ha alcanzado un hito preocupante en su relación energética con Estados Unidos: las importaciones de gas natural proveniente del vecino del norte registraron un nivel récord durante el primer trimestre de 2026. Con un promedio de 6 mil 258 millones de pies cúbicos diarios (MMpcd), el país rompió su propia marca histórica para un periodo similar, evidenciando una dependencia que las políticas actuales parecen incapaces de revertir.

Este nuevo récord representa un incremento del 1.8 por ciento respecto al mismo periodo del año anterior, superando por segundo año consecutivo la barrera de los 6 mil MMpcd. Las cifras, provenientes de la Administración de Información Energética de Estados Unidos (EIA), pintan un panorama sombrío para la autosuficiencia energética mexicana.

La realidad es contundente: México se consolida como el principal cliente del gas natural estadounidense a nivel mundial, acaparando el 22.5 por ciento de las exportaciones totales de ese país. Esta cifra es significativamente mayor a la de Canadá, el segundo mayor importador, que representa el 13.5 por ciento de las ventas de Estados Unidos.

La proximidad geográfica ha sido históricamente un factor clave en esta relación comercial. Estados Unidos abastece a sus vecinos del norte principalmente a través de ductos, un sistema que en el primer trimestre de 2026 movilizó 10,017 MMpcd hacia Norteamérica, un aumento del 6.2 por ciento anual. Sin embargo, la estrategia estadounidense de diversificar sus mercados ha llevado a un crecimiento exponencial en las exportaciones vía marítima.

Actualmente, el mercado estadounidense prioriza las ventas a través de embarcaciones, destinando el 64.1 por ciento de su producción a mercados europeos y africanos. Países como Reino Unido, Países Bajos, Francia, Egipto, España, Turquía, Italia y Alemania se han convertido en destinos clave, recibiendo una porción considerable de las exportaciones de gas natural de la Unión Americana.

Esta reorientación del mercado estadounidense, si bien beneficia a otras regiones, subraya la vulnerabilidad de México. El país consume aproximadamente 9 mil 100 MMpcd de gas natural, pero su producción local apenas alcanza los 2 mil 300 MMpcd. Esto significa que cerca del 75 por ciento de la demanda nacional debe ser cubierta mediante importaciones, una dependencia que se agudiza con cada nuevo récord.

Ante este escenario, la Secretaría de Energía (Sener) ha presentado la iniciativa ‘Gas Natural: Estrategia para fortalecer la soberanía energética’. El objetivo es ambicioso: incrementar la producción nacional hasta 5 mil 871 MMpcd en el corto plazo y alcanzar los 8 mil 310 MMpcd para 2035, buscando prácticamente triplicar la capacidad productiva actual.

José Aceves, country manager de Sarens en México, ha señalado que esta estrategia representa una oportunidad de desarrollo para la industria nacional, impulsando la construcción y puesta en marcha de nueva infraestructura para la producción, procesamiento y transporte de hidrocarburos. Sin embargo, los resultados de esta estrategia aún están por verse y la dependencia actual sigue siendo un talón de Aquiles.

La situación actual pone de manifiesto la complejidad de la política energética mexicana. A pesar de los discursos sobre soberanía y autosuficiencia, la realidad económica y la dinámica del mercado internacional dictan una dependencia persistente del gas natural estadounidense. La capacidad de México para revertir esta tendencia dependerá de la efectividad de sus estrategias de producción y de su habilidad para navegar en un mercado global cada vez más competitivo.

El récord de importaciones no solo es una cifra económica, sino un reflejo de los desafíos estructurales que enfrenta el sector energético mexicano. La necesidad de diversificar fuentes de energía, potenciar la producción nacional y asegurar el suministro a precios competitivos se vuelve cada vez más apremiante para garantizar la estabilidad y el desarrollo del país.

La dependencia del gas natural estadounidense, además de ser un tema económico, tiene implicaciones geopolíticas. La relación con el principal socio comercial de México en materia energética requiere una gestión cuidadosa para evitar vulnerabilidades que puedan ser explotadas o que afecten la seguridad energética nacional.

El futuro energético de México pende de un hilo, y la dependencia del gas natural estadounidense es un recordatorio constante de la urgencia por consolidar una estrategia energética robusta y autosuficiente. Las cifras del primer trimestre de 2026 son una llamada de atención que no puede ser ignorada.