El documental "Los sueños que compartimos", ópera prima de Valentina Leduc estrenada en 2025, ha puesto el foco en la resonancia internacional del levantamiento zapatista. La película, de una hora y 40 minutos de duración, no se centra en el movimiento armado en sí, sino en la considerable admiración y el impacto que ha generado a nivel mundial.
La iniciativa zapatista de viajar a Europa en 2021 sirvió como punto de partida para la obra de Leduc. Sin embargo, la directora ha enfatizado que el corazón del filme reside en la "reverencia" que el zapatismo ha cosechado en diversas latitudes, calificándola de "bastante fuerte". Este eco global subraya la capacidad del movimiento para inspirar y catalizar acciones de resistencia y protesta.
Un Legado de Inspiración Global
"Los sueños que compartimos" documenta cómo el levantamiento zapatista ha sido una fuente de "inspiración" para otras acciones y movimientos sociales, particularmente en Alemania y España. Estas manifestaciones, reflejadas en la cinta, demuestran que la ideología y las tácticas zapatistas trascienden las fronteras mexicanas, permeando en contextos europeos con sus propias luchas y desafíos.
En el contexto actual, donde diversas formas de protesta social buscan alternativas al sistema imperante, la figura del zapatismo emerge como un referente histórico y conceptual. Su capacidad para articular demandas de autonomía, justicia social y resistencia frente a modelos económicos y políticos dominantes sigue vigente, como lo demuestra el interés que genera en cineastas y activistas internacionales.
El Zapatismo como Referente de Resistencia
Históricamente, el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) irrumpió en la escena pública el 1 de enero de 1994, coincidiendo con la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN). Su levantamiento armado en Chiapas no solo visibilizó las profundas desigualdades y la marginación de los pueblos indígenas en México, sino que también planteó un desafío directo a las políticas neoliberales y al modelo de desarrollo impulsado desde entonces.
Desde su aparición, el zapatismo ha cultivado una imagen de resistencia pacífica y de construcción de alternativas desde abajo. Su discurso, centrado en la autonomía, la democracia participativa y la defensa de la tierra y la cultura, ha resonado en círculos académicos, activistas y movimientos sociales en todo el mundo, convirtiéndose en un símbolo de lucha contra la opresión y la injusticia.
La iniciativa zapatista de "irse a Europa" en 2021, a la que hace referencia el documental, fue una manifestación de esta vocación internacionalista. Buscaba tender puentes con movimientos europeos y compartir experiencias de lucha, fortaleciendo así una red global de resistencia y solidaridad.
El Cine como Plataforma de Difusión
El cine documental, como en el caso de "Los sueños que compartimos", juega un papel crucial en la difusión de estas luchas y en la reflexión sobre su impacto. Al presentar la influencia del zapatismo en otros contextos, Valentina Leduc no solo documenta un fenómeno, sino que también invita a la audiencia a considerar las lecciones y la inspiración que se pueden extraer de movimientos como el zapatista.
La obra de Leduc se suma a una larga tradición de cine que ha abordado la temática zapatista, pero con un enfoque novedoso: no en el movimiento en sí, sino en su legado y su capacidad de inspirar a otros. Esto permite una comprensión más amplia de su alcance y de su relevancia continua en el panorama de los movimientos sociales contemporáneos.
El documental, al destacar la "fuerte reverencia" y la "inspiración" que el zapatismo ha generado, subraya la importancia de reconocer y analizar las diversas formas en que los movimientos sociales pueden influir y transformar realidades más allá de su origen geográfico. Es un testimonio del poder de las ideas y de la resistencia para trascender fronteras y resonar en la conciencia colectiva global.
En un mundo cada vez más interconectado, pero también marcado por profundas divisiones y conflictos, el estudio de la influencia de movimientos como el zapatismo ofrece valiosas perspectivas sobre las estrategias de resistencia, la construcción de alternativas y la búsqueda de un mundo más justo y equitativo. "Los sueños que compartimos" se erige así como una pieza clave para entender la dimensión global del legado zapatista.
La película de Leduc, al enfocarse en la admiración que suscita el zapatismo, abre un debate sobre la naturaleza de la inspiración en los movimientos sociales. ¿Qué elementos del zapatismo son particularmente atractivos para otros colectivos? ¿Cómo se adaptan estas ideas a contextos diferentes? Estas son preguntas que el documental, de manera implícita, invita a explorar.
La fuerza del zapatismo, según se desprende de la obra, radica en su capacidad para ofrecer un discurso coherente y una práctica política que desafía las estructuras de poder establecidas. Su énfasis en la autonomía, la dignidad y la autodeterminación ha servido como faro para aquellos que buscan construir un futuro diferente, libre de la dominación y la explotación.
El hecho de que un documental aborde la influencia del zapatismo en Europa, específicamente en Alemania y España, resalta la universalidad de sus demandas y la pertinencia de sus luchas. Estos países, con sus propias historias de movimientos sociales y resistencias, encuentran en el zapatismo un eco y una fuente de motivación para sus propias causas.
En definitiva, "Los sueños que compartimos" no es solo una película sobre el zapatismo, sino una reflexión sobre su impacto duradero y su capacidad para inspirar la acción colectiva en un mundo que, a pesar de sus avances tecnológicos, sigue enfrentando profundos desafíos sociales y políticos. La obra de Valentina Leduc es un recordatorio de que las luchas por la justicia y la dignidad pueden encontrar resonancia y apoyo en los rincones más insospechados del planeta.