La reciente tragedia sísmica que azotó a Venezuela ha puesto el foco en las vulnerabilidades estructurales y geológicas que agravaron la destrucción. Expertos en ingeniería y sismología han señalado una confluencia de factores que explican por qué los terremotos, entre los más intensos en más de un siglo, causaron un daño tan devastador.

Las edificaciones antiguas, muchas de ellas construidas sin apego a normativas antisísmicas modernas, y la propia naturaleza del terreno en diversas zonas del país, dejaron a miles de estructuras en una posición de extrema fragilidad ante las sacudidas.

Un Legado de Construcciones Vulnerables

Una de las principales causas identificadas por los especialistas es la antigüedad de muchas de las edificaciones afectadas. Complejos residenciales levantados durante épocas de bonanza petrolera, especialmente en las décadas de 1950 y 1960, fueron construidos antes de que se adoptaran las normas antisísmicas que hoy se consideran esenciales. La prisa por construir y, en algunos casos, la falta de rigor en las prácticas de edificación, habrían comprometido la resistencia de estas estructuras.

David Cocke, ingeniero estructural con experiencia en zonas sísmicas, subraya que estas construcciones más antiguas carecen de las conexiones de acero de refuerzo modernas, un elemento crucial para la flexibilidad y resistencia de los edificios ante movimientos telúricos. El concreto antiguo, si bien robusto en apariencia, puede volverse quebradizo y colapsar de manera catastrófica, a menudo de forma progresiva, piso por piso, como si se desmoronara un acordeón.

Desde la década de 1970, la comunidad ingenieril ha reconocido la susceptibilidad de los edificios de concreto a los sismos, impulsando el refuerzo con acero en las nuevas construcciones. Sin embargo, mientras naciones desarrolladas han invertido en la modernización o demolición de inmuebles de riesgo, muchos países de ingresos medios y bajos, como Venezuela, han enfrentado dificultades para implementar estas mejoras, priorizando otras necesidades urgentes.

El Peligro de las "Plantas Blandas" y Suelos Inestables

Otro factor crítico identificado es la presencia de "plantas blandas" en muchos edificios. Estas se refieren a pisos inferiores con espacios abiertos, como garajes o locales comerciales, que carecen de muros de carga suficientes. Esta configuración debilita la estructura y aumenta significativamente el riesgo de un colapso progresivo, donde el edificio cede desde sus niveles inferiores.

Eduardo Miranda, profesor de Ingeniería Civil y Ambiental en Stanford, advierte que las plantas blandas representan un problema global, pero su incidencia en Venezuela, combinada con la presencia de suelos más blandos, crea una "tormenta perfecta" para el colapso de edificaciones.

Los suelos blandos, a diferencia de la roca firme, tienden a amplificar las ondas sísmicas, exacerbando el movimiento del terreno y, por ende, la tensión sobre las estructuras construidas en ellos. La geografía de la costa caribeña venezolana, donde se asientan ciudades como Catia La Mar, una de las más afectadas, presenta precisamente estas características.

El Impacto de los Sismos Consecutivos y la Geología

La devastación fue amplificada por la naturaleza del evento sísmico: un "doblete", es decir, dos terremotos consecutivos con poca diferencia de tiempo. Marcos Ferreira, geofísico del Servicio Geológico de Brasil, compara el efecto con un grito seguido de otro, donde la segunda sacudida intensifica la vibración y el peligro potencial sobre estructuras ya debilitadas por el primer evento.

Este fenómeno de "doblete sísmico" ya se ha observado en otras tragedias, como la ocurrida en Turquía y Siria en 2023, que dejó un saldo de casi 60 mil fallecidos. La repetición de las sacudidas somete a los edificios a ciclos de estrés que pueden superar su capacidad de resistencia, incluso si hubieran soportado un solo evento.

Análisis de Daños y Contexto Histórico

El laboratorio AI for Good de Microsoft, utilizando inteligencia artificial y análisis de imágenes satelitales, estimó que en Catia La Mar, una de las ciudades más golpeadas, alrededor de un tercio de las casi 30 mil estructuras analizadas sufrió daños. Esta cifra preliminar da cuenta de la magnitud de la destrucción en áreas urbanas densamente pobladas.

Históricamente, Venezuela ha experimentado actividad sísmica. Tras un sismo considerable en 1967, el país implementó medidas para actualizar sus códigos de construcción. Sin embargo, la efectividad y el alcance de la aplicación de estas normativas a lo largo de las décadas, especialmente en construcciones previas y en el contexto de crisis económicas y sociales, es un punto clave para entender la vulnerabilidad actual.

La reconstrucción tras desastres naturales, como las inundaciones y deslaves de 1999 que afectaron la costa norte, también implicó campañas de construcción masiva. La celeridad y los estándares de calidad de estas obras, en un contexto de urgencia, podrían haber introducido vulnerabilidades adicionales que hoy se manifiestan.

En retrospectiva, la tragedia en Venezuela es un sombrío recordatorio de la interacción entre la actividad geológica, la calidad de la infraestructura construida por el hombre y la planificación urbana. La combinación de edificios antiguos, construcciones deficientes, la presencia de plantas blandas y la naturaleza del terreno, magnificada por sismos consecutivos, ha resultado en una catástrofe de proporciones alarmantes, dejando a miles de familias en luto y sin hogar.