La elección de Abelardo de la Espriella como presidente de Colombia, un candidato de extrema derecha, marca un punto de inflexión significativo para la relación bilateral con México, que hasta ahora se había caracterizado por una notable afinidad ideológica. La presidenta Claudia Sheinbaum, quien mantenía un vínculo cercano con el saliente mandatario Gustavo Petro, ve ahora un panorama diplomático distinto, con un interlocutor que representa una visión política opuesta.
Un Giro Ideológico y sus Implicaciones
La relación entre México y Colombia, una de las más duraderas en Latinoamérica, se encuentra ante la posibilidad de un cambio de tono. Durante la administración de Petro, ambos gobiernos compartieron agendas en temas cruciales como la defensa de la soberanía nacional, la crítica a las políticas de seguridad impulsadas desde Washington y la promoción de la integración latinoamericana. La profesora de relaciones internacionales de la UNAM, José Joel Peña, advierte sobre el riesgo de la "ideologización de la política exterior", donde la afinidad de gobierno prevalece sobre los intereses nacionales.
Con la llegada de De la Espriella, México podría perder un aliado estratégico en foros como la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe (CELAC), un espacio clave para la autonomía regional y la cooperación sin la injerencia de Estados Unidos. Este cambio podría debilitar los esfuerzos de México por consolidar mecanismos de integración regional que no dependan de la influencia estadounidense.
Comercio y Cooperación: Pilares de la Relación
A pesar del previsible distanciamiento diplomático, se anticipa que los lazos comerciales y de cooperación bilateral se mantendrán. El comercio exterior, aunque representa una porción modesta de las exportaciones mexicanas (alrededor del 0.5%), servirá como un ancla para la relación. La inclinación de la nueva administración colombiana hacia la derecha podría revitalizar la Alianza del Pacífico, un bloque del que también forman parte Chile y Perú, ambos con gobiernos de similar espectro político. Esta reactivación podría enfocarse en la integración económica y comercial, fortaleciendo los vínculos regionales desde una perspectiva diferente a la impulsada por el gobierno de Sheinbaum.
Raíces Históricas y Desafíos Compartidos
La relación diplomática entre México y Colombia data de 1821, un vínculo histórico que se consolidó con el reconocimiento de la independencia mexicana por parte de Colombia, siendo este último el primer país en otorgarlo. A lo largo de las décadas, ambas naciones han enfrentado problemáticas comunes, siendo el narcotráfico y la criminalidad transnacional los desafíos más evidentes, áreas donde la cooperación internacional sigue siendo fundamental.
Además, tanto México como Colombia se encuentran inmersos en lo que se denomina la "trampa del subdesarrollo" o "estancamiento económico". Este fenómeno se caracteriza por un bajo desempeño económico persistente, debilitamiento de la inversión fija, baja productividad, altas tasas de informalidad laboral (superiores al 50% en ambos países) y el deterioro de sus instituciones. El crecimiento económico registrado en ambos países en los últimos años ha sido insuficiente para superar estas barreras estructurales.
Un Nuevo Aliado para Estados Unidos
Históricamente, Colombia ha sido un socio clave para Estados Unidos en Sudamérica, recibiendo significativa ayuda militar y de inteligencia. Sin embargo, la relación bilateral con la administración de Donald Trump experimentó tensiones, marcadas por críticas mutuas y sanciones económicas. La elección de De la Espriella, quien ha prometido una relación más cercana con Washington, representa una victoria para Trump en la región. Colombia se suma a una lista creciente de países latinoamericanos con gobiernos afines a Estados Unidos, conformando lo que podría ser una nueva etapa de cooperación en materia de seguridad y lucha contra el narcotráfico, bajo el paraguas del "Escudo de las Américas".
El propio De la Espriella ha confirmado haber recibido el apoyo de Donald Trump tras su victoria electoral, lo que subraya el realineamiento geopolítico que su presidencia podría significar para la región y, en particular, para la política exterior de la administración Sheinbaum.