En un evento que buscaba proyectar fortaleza y resultados, la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo conmemoró el séptimo aniversario de la Guardia Nacional (GN) en Huehuetoca, Estado de México. Desde este foro, la mandataria no escatimó en elogios hacia la corporación, calificándola como "un pilar fundamental" de su Estrategia Nacional de Construcción de la Paz y asegurando que "está haciendo historia".

Sheinbaum Pardo presumió una supuesta reducción del 46 por ciento en los homicidios dolosos, cifra que, aunque provenga de sus propias estadísticas, contrasta fuertemente con la percepción generalizada de inseguridad que azota a millones de mexicanos. La narrativa oficialista busca pintar un panorama de éxito, pero la realidad en las calles pinta un cuadro muy distinto, marcado por la persistencia de la violencia y la impunidad.

La Guardia Nacional: ¿Estrategia Exitosa o Continuidad del Problema?

La creación de la Guardia Nacional, impulsada originalmente bajo la administración de Andrés Manuel López Obrador, fue presentada como una solución a la crisis de seguridad heredada. Sin embargo, a siete años de su conformación, la pregunta que resuena es si realmente ha logrado consolidarse como un verdadero cimiento para la paz o si, por el contrario, representa una continuación de las fallidas políticas de seguridad anteriores, ahora bajo un nuevo manto institucional.

La estrategia de "abrazos, no balazos" que caracterizó al sexenio anterior, y que Sheinbaum ha prometido matizar sin abandonar por completo, ha sido objeto de severas críticas por su aparente ineficacia frente al crimen organizado. La Guardia Nacional, aunque con un mando civil en teoría, ha mantenido una fuerte presencia militar, lo que genera dudas sobre su capacidad para generar confianza y cercanía con la ciudadanía, elementos cruciales para una estrategia de paz efectiva.

Cifras Oficiales vs. Realidad: Una Brecha Preocupante

La cifra del 46 por ciento de reducción en homicidios dolosos, si bien podría ser estadísticamente correcta en ciertos parámetros, ignora la complejidad del fenómeno delictivo. La violencia en México no se limita a los homicidios; incluye secuestros, extorsiones, desapariciones forzadas y la constante amenaza del crimen organizado que opera con impunidad en vastas regiones del país. La percepción de inseguridad, alimentada por la cobertura mediática y los testimonios directos de la población, dista mucho de la imagen de tranquilidad que la administración busca proyectar.

Analistas en seguridad han señalado en repetidas ocasiones que las estadísticas oficiales pueden ser manipuladas o interpretadas de manera selectiva para favorecer la narrativa gubernamental. La falta de transparencia en la metodología de recolección de datos y la persistencia de altos índices de impunidad (delitos no resueltos) siembran serias dudas sobre la veracidad y el alcance de las afirmaciones oficiales.

El Legado de la Militarización y la Inseguridad Persistente

Históricamente, la militarización de la seguridad pública en México ha sido un tema controvertido. Si bien las Fuerzas Armadas han sido desplegadas para combatir al crimen, su intervención no ha erradicado la violencia, sino que en muchos casos ha exacerbado la confrontación y las violaciones a derechos humanos. La Guardia Nacional, heredera de esta lógica, enfrenta el desafío de demostrar que puede operar de manera distinta, con un enfoque más humano y efectivo.

La administración de Sheinbaum se encuentra en una encrucijada. Por un lado, debe mantener la imagen de control y progreso que se espera de un gobierno en funciones; por otro, enfrenta la cruda realidad de un país profundamente afectado por la violencia y la delincuencia organizada. La celebración del aniversario de la Guardia Nacional parece ser un intento por reforzar la narrativa de éxito, pero la ciudadanía exige resultados tangibles y una paz que vaya más allá de las cifras maquilladas.

Implicaciones y el Camino a Seguir

La estrategia de seguridad de la actual administración, centrada en la Guardia Nacional, deberá demostrar su capacidad para adaptarse a las cambiantes dinámicas del crimen organizado. La dependencia de un modelo con fuertes componentes militares podría ser un obstáculo para construir una paz duradera, que requiere no solo la disuasión y el combate al delito, sino también la atención a las causas estructurales de la violencia, como la pobreza, la desigualdad y la falta de oportunidades.

La presidenta Sheinbaum tiene la tarea de convencer a una población escéptica de que su estrategia está funcionando. Esto implicará no solo la presentación de cifras, sino la implementación de políticas públicas integrales que aborden la seguridad desde múltiples frentes, incluyendo la justicia, la prevención del delito y la reconstrucción del tejido social. El séptimo aniversario de la Guardia Nacional es un hito, pero la verdadera prueba de fuego para la "Estrategia Nacional de Construcción de la Paz" apenas comienza.