La Presidenta de México, Claudia Sheinbaum, ha salido al paso de las crecientes preocupaciones sobre la inseguridad en el país, afirmando categóricamente que la ciudadanía se siente "más segura". Esta declaración se sustenta, según la mandataria, en los resultados de una encuesta del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), un organismo que, ha dicho, realiza este sondeo de manera consistente desde hace 13 años.
Sin embargo, la percepción de la mandataria choca frontalmente con la realidad que viven miles de mexicanos a diario. Mientras las cifras oficiales, o al menos la interpretación que de ellas hace el gobierno, apuntan a una mejora, las calles de diversas ciudades del país siguen siendo escenario de violencia, extorsión y miedo. La brecha entre el discurso oficial y la experiencia cotidiana de la población se amplía, generando escepticismo y frustración.
El Discurso Oficial vs. La Cruda Realidad
La Presidenta Sheinbaum basó su afirmación en la "Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública" (ENVIPE) del INEGI. Este estudio, que efectivamente se realiza anualmente, mide la percepción de inseguridad en el país. Según la versión gubernamental, los últimos datos reflejarían una tendencia positiva. No obstante, la forma en que se presentan estos datos desde el Ejecutivo a menudo omite matices cruciales o los interpreta de manera conveniente para el discurso oficial.
En contraste, organizaciones civiles, expertos en seguridad y, sobre todo, los ciudadanos afectados por la delincuencia organizada y común, pintan un panorama muy distinto. Los reportes de ejecuciones, secuestros, robos a mano armada y la omnipresente amenaza de los grupos criminales son una constante en muchas regiones. La sensación de vulnerabilidad, lejos de disiparse, parece arraigarse en el tejido social.
La Inseguridad: Un Fantasma Persistente
Históricamente, la inseguridad ha sido uno de los talones de Aquiles de las administraciones en México. El sexenio anterior, encabezado por Andrés Manuel López Obrador, prometió pacificar el país, pero las cifras de homicidios y otros delitos graves se mantuvieron en niveles alarmantes. La estrategia de "abrazos, no balazos" fue ampliamente criticada por su aparente ineficacia frente al avance del crimen organizado.
Ahora, bajo la administración de Claudia Sheinbaum, se esperaba un cambio de rumbo o, al menos, una mejora tangible. Sin embargo, la persistencia de la violencia y la percepción de impunidad sugieren que los problemas de fondo no han sido resueltos. La Presidenta parece aferrarse a datos que, si bien pueden tener una base estadística, no logran capturar la complejidad y la gravedad de la situación de seguridad que enfrenta la nación.
¿Manipulación de Datos o Desconexión?
La declaración de Sheinbaum plantea interrogantes sobre la interpretación de las estadísticas. ¿Se están presentando los datos del INEGI de manera completa y contextualizada? ¿O se está seleccionando la información que mejor se alinea con la narrativa oficial de un país en progreso? La crítica recurrente hacia el gobierno de Morena es precisamente su tendencia a maquillar las cifras o a presentar una realidad distorsionada para mantener una imagen de éxito.
Analistas de seguridad señalan que la percepción de inseguridad no solo depende de las estadísticas de delitos, sino también de la presencia visible de la delincuencia, la efectividad de las autoridades para prevenir y castigar, y la confianza de la ciudadanía en el sistema de justicia. En estos rubros, las deficiencias son evidentes y difíciles de ocultar con encuestas.
El Impacto en la Ciudadanía
La discrepancia entre el discurso presidencial y la realidad vivida por los ciudadanos tiene un costo. Genera desconfianza en las instituciones, fomenta el cinismo y puede llevar a la población a tomar medidas de autoprotección que, en muchos casos, evidencian la ausencia del Estado. La sensación de que las autoridades no comprenden o no quieren ver la magnitud del problema puede ser tan dañina como la propia delincuencia.
La Presidenta Sheinbaum tiene el desafío de no solo gobernar, sino de reconectar con la realidad de los mexicanos. Presumir de mejoras en la seguridad basándose únicamente en encuestas, sin abordar las causas estructurales de la violencia y sin ofrecer resultados contundentes en el terreno, corre el riesgo de ser percibido como una estrategia de evasión o, peor aún, de cinismo.
El Camino por Delante
El camino para recuperar la paz y la seguridad en México es arduo y complejo. Requiere estrategias integrales que vayan más allá de las estadísticas y que atiendan las raíces de la violencia, como la desigualdad, la falta de oportunidades y la corrupción. La ciudadanía espera acciones concretas y resultados tangibles, no solo declaraciones optimistas basadas en interpretaciones selectivas de datos.
La administración actual debe demostrar con hechos, y no solo con palabras o encuestas, que la seguridad es una prioridad real y que se están tomando las medidas necesarias para proteger a todos los mexicanos. La credibilidad del gobierno está en juego, y la percepción de inseguridad es un obstáculo difícil de superar si no se enfrenta con honestidad y determinación.