Una insólita red de sabotaje que operaba en Europa, presuntamente bajo la órbita de Rusia, ha puesto el foco sobre una figura inesperada: un maestro de baile cubano afincado en Rusia, conocido como "Dios". Oemis Romagoza Durruthy, instructor de salsa, bachata y kizomba, es señalado por la agencia de noticias alemana DW como el presunto reclutador de individuos para cometer actos de sabotaje en países de la Unión Europea.

El Doble Juego del "Dios" de la Salsa

Las investigaciones apuntan a que Romagoza Durruthy utilizaba su presencia en redes sociales y grupos en línea para contactar a personas, principalmente de Latinoamérica, que buscaban oportunidades laborales o incluso deseaban unirse al ejército ucraniano. Sin embargo, bajo la fachada de ofertas de empleo legítimas, se les encomendaban misiones de sabotaje. La dinámica era clara: mientras en un salón de baile marcaba el ritmo de la salsa, en la clandestinidad orquestaba planes para incendiar infraestructuras críticas.

Nacido en Camagüey, Cuba, Romagoza Durruthy reside en Petrozavodsk, Rusia, desde hace al menos siete años. En 2022, contrajo matrimonio con una ciudadana rusa, obteniendo así la ciudadanía de ese país. Esta residencia y ciudadanía le habrían facilitado sus operaciones y el reclutamiento de individuos que ya se encontraban dentro de la UE, facilitando su movilidad y reduciendo las sospechas.

Reclutamiento a Través de Redes Sociales

La metodología de reclutamiento de "Dios" se basaba en la discreción y el engaño. Publicaciones en grupos de Facebook dirigidos a personas interesadas en trabajar en Polonia o unirse a las fuerzas ucranianas servían como anzuelo. Paralelamente, a través de Telegram, se gestionaban las supuestas ofertas laborales, que nunca mencionaban explícitamente actividades delictivas. Las ofertas variaban desde empleos como "fotógrafo" hasta la búsqueda de personas con experiencia militar en "monitoreo, inteligencia, logística y maniobras tácticas", prometiendo atractivos pagos y bonos por misión cumplida.

El objetivo principal de "Dios" eran individuos latinoamericanos ya establecidos en la Unión Europea, quienes, por su condición migratoria, podían moverse con mayor libertad y levantar menos sospechas al realizar sus tareas ilícitas. La investigación de DW ha documentado al menos nueve casos de reclutas capturados, de los cuales dos ya cumplen condenas de entre seis y ocho años por intento de sabotaje o terrorismo.

Casos Concretos de Sabotaje

Uno de los casos documentados es el del colombiano Luis Alfonso Murillo Diosa. Contactado a través de un grupo en línea para latinoamericanos interesados en combatir en Ucrania, Murillo Diosa recibió una "misión especial" en lugar de ser enviado al frente de guerra. Se le instruyó fotografiar y grabar una planta de reciclaje y un pozo de petróleo en Rumania, para luego provocar un incendio en las inmediaciones. "Dios" habría organizado su viaje y proporcionado la ubicación satelital del objetivo. Murillo Diosa fue detenido por las autoridades rumanas mientras se dirigía a cometer el acto y, en 2025, fue condenado a seis años de prisión por intento de sabotaje.

Otro caso es el de Andrés Alfonso de la Hoz de la Cruz, un cubano que, en 2024, prendió fuego a autobuses en un depósito en Praga, República Checa. Por este acto, fue sentenciado a ocho años de cárcel. En Lituania, Alexeis Pecora, también cubano, fue identificado como presunto organizador de un ataque contra una empresa que almacenaba armamento para el Ejército de Ucrania.

¿Dónde Está "Dios"?

La Fiscalía de Lituania ha atribuido públicamente esta serie de ataques al GRU, la principal agencia de inteligencia militar de Rusia. Sin embargo, el paradero de Oemis Romagoza Durruthy, "Dios", es desconocido. Las autoridades europeas lo buscan activamente, pero hasta el momento, el maestro de baile cubano que orquestaba atentados desde Rusia se encuentra prófugo, dejando tras de sí un rastro de destrucción y la inquietante pregunta sobre la extensión de estas operaciones encubiertas.

En contexto, estas revelaciones surgen en un momento de alta tensión geopolítica en Europa, con acusaciones recurrentes de interferencia rusa en asuntos de otros países. La estrategia de utilizar individuos de terceros países, a menudo reclutados bajo falsas promesas laborales, se ha convertido en una táctica preocupante para desestabilizar y generar caos en naciones consideradas adversarias. La facilidad con la que se puede operar a través de plataformas digitales y redes sociales amplifica la complejidad de detectar y desmantelar estas redes, planteando un desafío significativo para las agencias de seguridad internacionales.

Históricamente, Rusia ha sido acusada de emplear tácticas de desinformación y operaciones encubiertas para influir en la política y la seguridad de otras naciones. La presente investigación sobre "Dios" y su red de sabotaje parece ser una manifestación más de estas estrategias, utilizando a personas vulnerables o en busca de oportunidades para ejecutar acciones que buscan generar inestabilidad y daño material. La conexión con el conflicto en Ucrania, a través del reclutamiento de personas que deseaban unirse al ejército ucraniano, sugiere una posible motivación para desviar recursos o generar un clima de inseguridad que afecte el apoyo internacional a Kiev.

Las implicaciones de estos actos van más allá del daño material inmediato. Generan un clima de desconfianza, miedo y paranoia, dificultando la vida cotidiana y las operaciones comerciales en las regiones afectadas. La identificación de "Dios" como el presunto cerebro detrás de estas operaciones subraya la audacia y la sofisticación de las tácticas empleadas, que buscan explotar las vulnerabilidades sociales y económicas para alcanzar objetivos estratégicos. La fuga de Romagoza Durruthy añade un elemento de urgencia a la investigación, ya que su captura es crucial para desentrañar completamente la estructura de esta red y prevenir futuros ataques.

Analistas suelen señalar que la dependencia de reclutas extranjeros, especialmente aquellos con derecho a libre movimiento dentro de la UE, es una estrategia calculada para minimizar el riesgo de detección. Al operar a través de intermediarios y utilizar plataformas digitales, los organizadores principales pueden mantener una distancia considerable de las actividades ilícitas, dificultando su rastreo y enjuiciamiento. La efectividad de estas redes radica en su capacidad para explotar la desesperación económica, la búsqueda de aventura o incluso la ideología de individuos que pueden ser manipulados para actuar en contra de sus propios intereses o los de la sociedad en general.

La investigación de DW, al sacar a la luz la figura de "Dios", no solo expone un modus operandi específico, sino que también pone de relieve la necesidad de una cooperación internacional más estrecha en materia de inteligencia y seguridad. El intercambio de información entre agencias de diferentes países es fundamental para identificar patrones, rastrear redes y anticipar posibles amenazas. La lucha contra el terrorismo y el sabotaje en la era digital requiere enfoques innovadores y una vigilancia constante, especialmente ante la creciente sofisticación de los actores estatales y no estatales que buscan desestabilizar el orden internacional.

Las consecuencias para los reclutados, como Murillo Diosa y De la Hoz de la Cruz, son severas, evidenciando que las promesas de "oportunidades" y "bonos" ocultan un futuro de encarcelamiento y estigma. La historia de "Dios" es un sombrío recordatorio de cómo la manipulación y el engaño pueden ser utilizados para fines destructivos, y de la importancia de la cautela ante ofertas laborales sospechosas, especialmente aquellas que provienen de fuentes anónimas o que prometen beneficios desproporcionados.

La investigación periodística ha sido clave para exponer esta red, pero la captura de Romagoza Durruthy es el siguiente paso crucial. Su evasión subraya la dificultad de perseguir a individuos que operan desde jurisdicciones extranjeras y que utilizan métodos sofisticados para ocultar su rastro. La comunidad internacional espera que las agencias de inteligencia y seguridad logren desmantelar por completo esta red y llevar a sus responsables ante la justicia, restaurando así la seguridad y la confianza en las regiones afectadas por estos actos de sabotaje.