El día que la FGR firmó su acta de defunción

La Fiscalía General de la República acaba de clavar el último clavo en el ataúd de su credibilidad institucional. Este fin de semana emitió dos citatorios que, puestos uno al lado del otro, constituyen la radiografía más brutal del fracaso moral de la Cuarta Transformación: uno contra la gobernadora Maru Campos de Chihuahua (PAN) por permitir la participación de agentes estadounidenses en el desmantelamiento de un narcolaboratorio, y otro contra Rubén Rocha Moya, gobernador con licencia de Sinaloa (Morena), por presuntos nexos de su estructura política con Los Chapitos según señalamientos públicos del gobierno de Estados Unidos.

Cooperación antinarco vs. complicidad criminal

La diferencia no podría ser más obscena. Maru Campos hizo lo que el Estado mexicano debió hacer hace una década: permitir que agencias especializadas entraran a territorio nacional para desmantelar infraestructura criminal que produce la droga que envenena a millones. Eso no es traición a la soberanía. Eso es procuración de justicia. Eso es gobernar.

Rocha Moya, en contraste, enfrenta acusaciones de que su maquinaria política tiene vínculos con uno de los cárteles más sanguinarios del continente. No hablamos de cooperación internacional. Hablamos de presunta colusión con la delincuencia organizada. Que la FGR pretenda equiparar ambos escenarios es propaganda tan burda que insulta la inteligencia del ciudadano promedio.

La soberanía como escudo retórico

El régimen ha convertido el concepto de "soberanía" en un escudo retórico para justificar la inacción, la incompetencia y, cada vez más frecuentemente, la complicidad. Cuando un gobernador permite que expertos extranjeros desmantelen un laboratorio de fentanilo, el gobierno federal grita traición. Cuando un gobernador morenista enfrenta señalamientos de nexos con el narco, el silencio es ensordecedor hasta que la presión internacional obliga a actuar.

La FGR de Claudia Sheinbaum no persigue la justicia. Persigue la narrativa política. Y en esa persecución acaba de inmolarse frente a la opinión pública nacional e internacional.

PAN fortalecido, Morena expuesto

Maru Campos sale de este episodio con la frente en alto. El PAN sale fortalecido. La oposición tiene ahora el ejemplo perfecto de lo que significa gobernar con decisión frente al crimen organizado versus gobernar con complicidad.

La Cuarta Transformación, mientras tanto, queda retratada como lo que siempre ha sido: un proyecto que prefiere perseguir a quienes combaten al narco antes que a quienes pactan con él. Este fin de semana la FGR no citó a dos gobernadores. Firmó su propia sentencia de muerte institucional.

El veredicto de la historia

Cuando los historiadores escriban sobre este sexenio, este episodio quedará como símbolo perfecto de la decadencia moral del régimen: el día que la Fiscalía General equiparó la lucha contra el narco con la presunta colaboración con el narco. El día que la justicia mexicana confesó, sin decirlo, que ya no distingue entre héroes y villanos. O peor aún: que sí distingue, pero ha elegido perseguir a los primeros y proteger a los segundos.