La inteligencia artificial, personificada en herramientas como ChatGPT, se ha infiltrado en las aulas de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) a un ritmo alarmante. Los resultados de la prueba PISA 2025, publicados recientemente, encienden las alarmas sobre una posible atrofia en las capacidades de aprendizaje de los jóvenes, quienes recurren cada vez más a la IA para "ayudarse a aprender".
La IA como muleta académica
Según el estudio, un considerable 45 por ciento de los estudiantes de 15 años en países de la OCDE utiliza herramientas de inteligencia artificial al menos una vez por semana para fines educativos. De este porcentaje, el 19 por ciento confiesa usarla diaria o casi a diario. Los usos más comunes incluyen la investigación preliminar, la redacción de borradores y, de manera particularmente preocupante, el resumen de lecturas obligatorias. Esta dependencia creciente plantea serias interrogantes sobre la profundidad y la calidad del aprendizaje que se está adquiriendo.
La doctora Gabriela de la Cruz, directora del Instituto de Investigaciones sobre la Universidad y la Educación (IIUE) de la UNAM, advierte sobre los riesgos inherentes a esta dependencia. Si bien reconoce que la IA puede personalizar el aprendizaje y fomentar la inclusión, subraya la importancia de ser críticos ante su uso. "Puede atrofiar ciertas funciones, incluso interpersonales", señala, alertando sobre una posible erosión de habilidades cognitivas fundamentales.
Un declive en el rendimiento
Paralelamente al auge del uso de la IA, los resultados de la prueba PISA 2025 muestran una tendencia descendente en el rendimiento académico de los estudiantes en lectura, matemáticas y ciencias. En lectura, el puntaje promedio en la OCDE ha caído 28 puntos entre 2015 y 2025, pasando de 489 a 461 puntos. La caída ha sido aún más pronunciada entre 2022 y 2025, con un descenso de 14 puntos. Esta disminución se hace particularmente evidente en tareas complejas que requieren evaluar, reflexionar e integrar información de diversas fuentes, así como en la comprensión de textos extensos.
El estudio de PISA es explícito al señalar una asociación negativa entre el uso de la IA para sustituir el trabajo mental del estudiante y su desempeño académico. "Los estudiantes que utilizan chatbots de IA para tareas específicas, como resumir textos, obtienen de media puntuaciones más bajas en ciencias que aquellos que no lo hacen", se lee en el informe. Esto sugiere que, si bien la IA puede ser una herramienta útil, su aplicación indiscriminada para evitar el esfuerzo cognitivo puede ser contraproducente.
México, entre la IA y el rezago educativo
En el contexto mexicano, la situación no es alentadora. Cuatro de cada diez estudiantes de 15 años se encuentran por debajo del nivel básico en ciencias, lectura y matemáticas, según los resultados de PISA 2025. México obtuvo 388 puntos en matemáticas, 408 en lectura y 414 en ciencias, cifras significativamente inferiores a los promedios de la OCDE. El único avance registrado fue en ciencias, donde el país sumó cuatro puntos respecto a 2022.
Curiosamente, la proporción de estudiantes mexicanos que utilizan IA para aprender al menos una vez por semana es ligeramente superior al promedio de la OCDE, alcanzando el 47.4 por ciento. Este dato, sumado a los altos niveles de distracción digital en el aula (solo el 24.2 por ciento de los alumnos reporta no distraerse con dispositivos), plantea un panorama complejo para la educación en el país.
El debate sobre el futuro de la educación
Los resultados de PISA 2025 abren un debate crucial sobre el papel de la inteligencia artificial en la educación. Si bien la tecnología ofrece oportunidades sin precedentes para personalizar el aprendizaje y hacerlo más accesible, también presenta desafíos significativos. La clave, según los expertos, reside en encontrar un equilibrio: utilizar la IA como un complemento y no como un sustituto del esfuerzo intelectual y el pensamiento crítico.
La comunidad educativa se enfrenta al reto de adaptar los métodos de enseñanza y evaluación para asegurar que los estudiantes desarrollen las habilidades necesarias para prosperar en un mundo cada vez más digitalizado, sin sacrificar las competencias fundamentales que garantizan un aprendizaje profundo y duradero. La pregunta no es si la IA transformará la educación, sino cómo podemos guiar esa transformación para que beneficie, en lugar de perjudicar, a las futuras generaciones.
En este sentido, la prueba PISA 2025 sirve como un llamado de atención para que gobiernos, instituciones educativas y docentes reflexionen sobre las estrategias pedagógicas y las políticas que se implementan, buscando siempre el desarrollo integral del estudiante y la preservación de su capacidad de análisis y razonamiento.