Dos terremotos de gran magnitud sacudieron Venezuela con apenas segundos de diferencia, desatando una catástrofe que contrasta drásticamente con la resiliencia mostrada por Japón ante un sismo de fuerza comparable. El miércoles por la tarde, Venezuela fue golpeada por dos movimientos telúricos, uno de 7.2 y otro de 7.5 grados, separados por solo 39 segundos. Horas más tarde, Japón experimentó un sismo de 7.2. Sin embargo, las consecuencias fueron diametralmente opuestas.

En la capital venezolana, Caracas, y en la ciudad costera de La Guaira, decenas de edificios colapsaron, dejando un saldo preliminar de 188 fallecidos y más de 1,500 heridos, cifras que, según reportes, podrían incrementarse significativamente. En contraste, el terremoto en Japón no causó víctimas ni daños materiales de relevancia, evidenciando una disparidad alarmante en la vulnerabilidad y preparación ante desastres naturales.

Zonas Sísmicas y Preparación

Tanto Venezuela como Japón se encuentran en regiones de alta actividad sísmica. Japón, ubicado en el Anillo de Fuego del Pacífico, descansa sobre cuatro grandes placas tectónicas, lo que le permite registrar cientos de sismos al año, muchos de ellos de gran magnitud. La infraestructura y la sociedad japonesa están intrínsecamente diseñadas para resistir estos eventos, con códigos de construcción y protocolos de emergencia altamente desarrollados.

Venezuela, por su parte, experimenta sismos debido a la interacción entre la placa del Caribe y la placa Sudamericana. Aunque los temblores son frecuentes, un terremoto de esta magnitud no se había registrado desde 1997, cuando un sismo en Cariaco dejó 73 muertos. El último gran terremoto en Caracas, en 1967, cobró la vida de 236 personas. El sismo del miércoles, de 7.5, se convirtió en el más potente que ha azotado al país desde 1900.

La diferencia en la profundidad de los epicentros también jugó un papel crucial. Los sismos venezolanos ocurrieron a tan solo 10 kilómetros de profundidad, lo que intensificó la sacudida en la superficie. El sismo japonés, en cambio, tuvo una profundidad de 44 kilómetros, lo que disipó parte de su energía antes de llegar a la superficie.

Reglamentos de Construcción y Cultura de Supervisión

Alan Damián Sánchez Pulido, profesor de la Universidad Iberoamericana y especialista en ingeniería estructural, señala que la diferencia en los reglamentos de construcción es un factor determinante. Si bien ambos países cuentan con normativas, el reglamento japonés es descrito como mucho más específico y detallado, mientras que el venezolano, actualizado por última vez en 2019, tiende a ser más general.

La actualización constante de los códigos de construcción, como ocurre en México tras el sismo de 1985, es vital. El especialista destaca que, aunque Venezuela posea reglamentos estrictos, la cultura de supervisión y el cumplimiento riguroso de los mismos, así como la obtención de permisos, a menudo presentan deficiencias en Latinoamérica, a diferencia de la disciplina observada en Japón.

La falta de una cultura de supervisión robusta y la posible laxitud en la aplicación de las normativas de construcción podrían explicar por qué estructuras que deberían resistir movimientos telúricos de gran magnitud colapsan en Venezuela, mientras que en Japón permanecen en pie.

Desafíos en la Comunicación y Respuesta

Adicionalmente, la gestión de la información y la respuesta post-sismo en Venezuela enfrentan obstáculos significativos. El geofísico chileno Christian Farias ha señalado que la falta de información oficial clara y oportuna puede exacerbar el desastre, dificultando la evaluación precisa de los daños y la coordinación de los esfuerzos de rescate.

Expertos de la ONU han instado a Venezuela a "desbloquear de inmediato" el acceso a redes sociales y medios de comunicación. Argumentan que, en una carrera "de vida o muerte" tras los terremotos, el acceso a la información es fundamental para la supervivencia y la organización de la ayuda. La restricción del acceso a plataformas de comunicación es vista como un impedimento grave en una situación de emergencia crítica.

La combinación de una infraestructura potencialmente menos preparada, deficiencias en la aplicación de normativas de construcción y desafíos en la comunicación y respuesta oficial, configuran un panorama sombrío para Venezuela tras estos devastadores sismos. La comparación con la respuesta de Japón subraya la importancia de la inversión continua en preparación, tecnología y una cultura de cumplimiento normativo para mitigar los efectos de los desastres naturales.