Desde Zaragoza, España, el expresidente de México, Felipe Calderón Hinojosa, ha lanzado una severa advertencia sobre la creciente polarización que fractura a las sociedades modernas. En su participación en el congreso "La Oportunidad del Futuro", organizado por la Fundación Ibercaja, Calderón no se anduvo con rodeos al diagnosticar un preocupante fenómeno: "En la sociedad actual estamos educados para diferenciarnos, no entendernos y, quizás, odiarnos". Esta declaración, pronunciada en el marco de un debate sobre democracia, tecnología y desafíos globales, resuena con fuerza en un mundo cada vez más dividido.

Calderón Hinojosa, quien gobernó México de 2006 a 2012, subrayó que la polarización no es un fenómeno aislado, sino una tendencia que avanza en diversas latitudes, poniendo en jaque la estabilidad y la convivencia democrática. Su análisis se centró en cómo las estructuras sociales y educativas actuales, lejos de fomentar la unidad y el entendimiento mutuo, parecen estar diseñadas para acentuar las diferencias, creando un caldo de cultivo para la discordia y el antagonismo.

El exmandatario detalló que esta polarización a menudo se construye sobre "medias verdades" y desinformación, lo que dificulta el discernimiento de la realidad. Por ello, hizo un llamado enfático a fortalecer la educación de las nuevas generaciones, dotándolas de las herramientas necesarias para distinguir la información veraz de la falsa y, sobre todo, para desarrollar un criterio propio y crítico que les permita navegar en el complejo ecosistema informativo actual.

Uno de los puntos centrales de su disertación fue el impacto de las nuevas tecnologías, como las redes sociales y la inteligencia artificial, en la profundización de estas divisiones. Calderón expresó su inquietud ante la posibilidad de que estas herramientas, diseñadas para conectar, sean utilizadas para fragmentar aún más a la sociedad, debilitando las bases de las instituciones democráticas.

Como ejemplo de esta manipulación, el expresidente evocó la presunta intervención rusa en las elecciones presidenciales de Estados Unidos en 2016. Según su análisis, el objetivo principal de dicha intervención no habría sido favorecer a un candidato en particular, sino sembrar la discordia y dividir a la sociedad estadounidense, un patrón que, según él, se ha replicado en otros contextos.

Calderón extendió su análisis a otros eventos de relevancia internacional, mencionando el proceso del Brexit en el Reino Unido y el plebiscito de paz en Colombia como ejemplos donde se observaron estrategias similares de división social. "El objetivo es que la sociedad no se pueda entender", sentenció, resaltando la peligrosidad de estas tácticas para la cohesión social.

Trasladando su análisis al contexto mexicano, el expresidente señaló que en nuestro país también se han manifestado intentos por exacerbar la confrontación entre diversos sectores. Recordó cómo, en años recientes, se habrían impulsado divisiones artificiales entre "ricos y pobres, empresarios y trabajadores, españoles y mexicanos", buscando fracturar el tejido social y minar la capacidad de diálogo y entendimiento.

"Reventar la capacidad de entendimiento social y civil beneficia a los autócratas", afirmó Calderón, estableciendo un vínculo directo entre la polarización y el fortalecimiento de regímenes autoritarios. Según su perspectiva, la división social es una herramienta que los líderes autoritarios utilizan para consolidar su poder, al impedir la formación de un frente común que pueda oponerse a sus agendas.

En este sentido, el exmandatario dirigió críticas al populismo, al que describió como un fenómeno que ofrece soluciones simplistas a problemas complejos, eludiendo la necesidad de un análisis profundo y de la construcción de consensos. Defendió la imperiosa necesidad de fortalecer las instituciones democráticas, el Estado de derecho y promover un uso responsable y ético de la tecnología.

Calderón concluyó su intervención con una reflexión sobre el futuro de América Latina, señalando que la región se encuentra en una encrucijada crucial. Subrayó que la posibilidad de una convivencia democrática sólida y duradera dependerá, en gran medida, de la fortaleza de sus instituciones y del compromiso de sus autoridades con la legalidad y el respeto a los derechos.

La advertencia de Felipe Calderón desde España no es solo una reflexión académica, sino un llamado de atención urgente sobre los peligros que acechan a las democracias en todo el mundo. Su análisis, aunque crítico, busca generar conciencia sobre la importancia de la unidad, el entendimiento y la educación como pilares fundamentales para preservar la convivencia pacífica y el progreso social.

El expresidente, quien ha mantenido una presencia activa en el debate público desde su salida de la presidencia, utiliza foros internacionales para exponer su visión sobre los desafíos que enfrenta México y el mundo. Su participación en eventos como el organizado por la Fundación Ibercaja le permite proyectar sus ideas y generar eco en audiencias globales, buscando influir en la conversación sobre el futuro de la democracia.

La preocupación de Calderón por la polarización se alinea con análisis de diversos think tanks y académicos que advierten sobre el impacto de las "fake news" y las campañas de desinformación en la erosión de la confianza pública y el debilitamiento de los procesos democráticos. Su llamado a la educación y al pensamiento crítico resuena como una estrategia fundamental para contrarrestar estas tendencias.

En definitiva, las palabras de Felipe Calderón desde España son un espejo de las tensiones que atraviesan las sociedades contemporáneas. Su diagnóstico sobre la "educación para odiarnos" es una llamada a la reflexión profunda sobre cómo estamos construyendo nuestras comunidades y qué podemos hacer para fomentar un ambiente de mayor entendimiento y respeto mutuo, elementos esenciales para la supervivencia de la democracia.