Clara Brugada Molina, Jefa de Gobierno de la Ciudad de México, ha intentado vender una narrativa de éxito en materia de seguridad, presentando un informe que presume una drástica disminución del 65% en delitos de alto impacto durante los primeros cinco meses del año.
Sin embargo, un análisis detallado de las cifras reveladas por la propia mandataria expone una estrategia de comunicación que raya en el engaño, al comparar los datos actuales con un periodo de referencia, 2019, que resulta anacrónico y poco representativo de la realidad que enfrentan los capitalinos.
La Trampa Estadística de Brugada
El informe presentado por Brugada Molina, correspondiente a mayo, señala que la incidencia de delitos de alto impacto entre enero y mayo de este año ha descendido un 65% en comparación con el mismo lapso de 2019. A primera vista, la cifra parece espectacular y digna de celebración. No obstante, la elección del año base es crucial y, en este caso, parece diseñada para inflar artificialmente los logros de la administración actual.
El año 2019 se ubica en un contexto pre-pandemia, un periodo anterior a las profundas transformaciones sociales y económicas que la COVID-19 desencadenó a nivel global y, por supuesto, en la capital del país. Comparar las cifras actuales con un periodo tan distante, sin considerar los cambios en la dinámica delictiva, los patrones de movilidad, la composición demográfica y las estrategias de seguridad implementadas desde entonces, resulta metodológicamente cuestionable y, para muchos, francamente engañoso.
El Verdadero Rostro de la Inseguridad
La estrategia de Brugada ignora deliberadamente la realidad que viven miles de ciudadanos en la Ciudad de México. Basta con revisar los reportes de organizaciones civiles y las propias estadísticas de años más recientes para constatar que la percepción de inseguridad sigue siendo alta, y que delitos como el robo a transeúnte, el robo de vehículo y la extorsión continúan asolando a la población.
La administración de Brugada ha heredado una problemática compleja, pero su intento por maquillar las cifras con comparaciones poco pertinentes solo agrava la desconfianza ciudadana. La seguridad pública no es un juego de estadísticas; es una cuestión de bienestar y tranquilidad para las familias que habitan y transitan por la capital.
¿Por qué 2019 y no 2020, 2021, 2022 o 2023?
La pregunta que surge de inmediato es: ¿por qué la Jefa de Gobierno eligió comparar los datos de 2024 con los de 2019? La respuesta parece obvia: para obtener un número más favorable. Los años posteriores a 2019 estuvieron marcados por la pandemia, que alteró temporalmente las estadísticas delictivas, y por la consolidación de problemas de seguridad que no han sido resueltos de manera efectiva.
Si las cifras actuales fueran realmente tan positivas como se pretenden mostrar, la comparación lógica y transparente sería con el año inmediatamente anterior, o con un promedio de los últimos años, para reflejar una tendencia real y sostenida. La elección de 2019 sugiere una falta de resultados contundentes y un recurso a la manipulación estadística para generar una falsa sensación de éxito.
El Contexto de la Seguridad en la CDMX
La Ciudad de México ha enfrentado desafíos significativos en materia de seguridad durante años. Si bien es cierto que cada administración intenta mejorar la situación, los problemas de fondo, como la presencia del crimen organizado, la corrupción y la desigualdad social, persisten y complican la labor de las autoridades.
Los delitos de alto impacto, que incluyen homicidios, secuestros, violaciones y asaltos violentos, son indicadores clave del nivel de seguridad en una urbe. Una disminución del 65% en estos delitos, si fuera real y comparada con un periodo pertinente, sería un logro monumental. Sin embargo, la metodología empleada por Brugada siembra serias dudas sobre la veracidad de tal afirmación.
Reacciones y Críticas
Diversos analistas y representantes de la oposición han reaccionado con escepticismo ante el anuncio de Brugada. Señalan que la Jefa de Gobierno está recurriendo a viejas triquiñuelas para evadir la responsabilidad y ocultar la persistente inseguridad que afecta a la capital. "Es una falta de respeto a los ciudadanos que viven con miedo", declaró un diputado local del PAN.
La estrategia de Brugada no solo es estadísticamente dudosa, sino que también demuestra una falta de empatía hacia las víctimas de la delincuencia. En lugar de presentar datos engañosos, la administración debería enfocarse en implementar estrategias efectivas y transparentes que realmente garanticen la seguridad de todos los habitantes de la Ciudad de México.
¿Qué Sigue?
La ciudadanía espera respuestas claras y acciones contundentes. La Jefa de Gobierno tiene la obligación de presentar cifras comparables y metodológicamente sólidas que reflejen la realidad de la seguridad en la capital. De lo contrario, su administración seguirá siendo vista como una más que prefiere la propaganda a los resultados.
Reporte Aguila seguirá de cerca los próximos informes y las acciones concretas que se tomen para combatir la delincuencia. La seguridad en la Ciudad de México no puede ser rehén de estadísticas infladas o comparaciones convenientes. Es hora de enfrentar la realidad y trabajar por una ciudad verdaderamente segura para todos.