Wall Street ha cerrado el segundo trimestre del año con un desempeño espectacular, marcando su mejor racha desde el inicio de la pandemia de COVID-19. El impulso principal proviene de la efervescencia en torno a la inteligencia artificial (IA) y el auge de los semiconductores, sectores que han capturado la atención y el capital de los inversores a nivel global.
El índice Nasdaq, referente del sector tecnológico, registró su avance trimestral más significativo desde la primavera de 2020, con un impresionante aumento superior al 21%. Este repunte subraya la confianza depositada en las empresas que lideran la revolución de la IA y en aquellas involucradas en la fabricación de los componentes esenciales para su desarrollo.
Los otros dos grandes índices de la bolsa neoyorquina, el S&P 500 y el Dow Jones, no se quedaron atrás, acumulando alzas de 14.87% y 12.90% respectivamente durante el mismo periodo. A pesar de las tensiones geopolíticas, la volatilidad en los mercados de materias primas y las incertidumbres sobre la política monetaria de la Reserva Federal, el optimismo prevaleció.
Jeff Buchbinder, analista de LPL Financial, señaló que el sector tecnológico ha sido el motor indiscutible del avance de Wall Street, incluso reconociendo una debilidad puntual en el mes de junio. La inversión no se ha limitado a los gigantes digitales, sino que se ha extendido a fabricantes de procesadores y otras compañías vinculadas al ecosistema de la IA.
La jornada de cierre de junio vio al S&P 500 avanzar un 0.79%, el Nasdaq un 1.52% y el Dow Jones un 0.26%, consolidando un trimestre de fuertes ganancias. La ausencia de recogidas de beneficios significativas al final del mes, algo común tras trimestres positivos, sugiere un optimismo sostenido de cara al tercer trimestre.
Sin embargo, el mes de junio presentó un panorama mixto. El S&P 500 retrocedió un 1.1% y el Nasdaq un 2.8%, mientras que el Dow Jones logró un avance del 2.5%. Esta dinámica refleja una rotación más selectiva por parte de los inversores, quienes privilegiaron a fabricantes de chips y ciertos sectores industriales, reduciendo su exposición en tecnología y consumo.
Las expectativas de crecimiento en utilidades corporativas, el gasto considerable de las grandes tecnológicas y la robusta demanda de semiconductores han mantenido el entusiasmo en Wall Street. No obstante, el mercado comienza a mostrar señales de mayor exigencia, con valuaciones elevadas y condiciones de sobrecompra en algunos sectores, lo que podría anticipar una pausa en el rally antes de una nueva extensión.
En el frente económico, los datos de empleo en Estados Unidos ofrecieron un soporte crucial al mercado. El aumento en las ofertas laborales durante mayo, alcanzando su cifra más alta en dos años, reforzó la percepción de una economía estadounidense resiliente. Paralelamente, la moderación de algunos riesgos en Medio Oriente contribuyó a aliviar las presiones sobre los precios del petróleo, aunque la incertidumbre comercial y geopolítica persistió como un factor de cautela.
La política monetaria de la Reserva Federal continuó siendo un eje central de atención. A pesar de mantener las tasas de interés sin cambios en un rango de 3.50% a 3.75%, el mercado interpretó un tono restrictivo tras el ajuste al alza en las proyecciones de inflación para 2026 y 2027 por parte de los miembros del comité.
En contraste, el panorama para México fue considerablemente menos alentador. El índice S&P/BMV IPC cerró junio en 66,967 puntos, registrando una caída diaria del 1% en la última sesión del mes. En el balance mensual, el índice bursátil mexicano retrocedió un 2.4% en pesos y un 3.1% medido en dólares, aunque aún conserva una ganancia acumulada del 4.1% en lo que va de 2026.
El desempeño local estuvo marcado por una combinación de toma de utilidades tras las ganancias previas, cautela ante los reportes corporativos y una notable sensibilidad a los factores externos. Entre las emisoras que destacaron positivamente en el mes se encontraron MFrisco, Volaris, OMA, GAP, Femsa, Mega y Danhos. Por otro lado, Peñoles, Alsea, Soriana, Gentera, Vitro, Fibra PL, Chedraui, Grupo México y Cemex encabezaron la lista de las mayores caídas.
El peso mexicano también experimentó presión durante junio, cerrando alrededor de 17.49 unidades por dólar, lo que representó una depreciación mensual del 0.8%. Esta debilidad revirtió parte del avance observado en mayo. Según Monex, el peso se ubicó como la cuarta moneda más depreciada de América Latina en el mes, influenciada por la fortaleza global del dólar y la cautela asociada al inicio de la revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC).
El dólar, medido por el índice DXY, mostró un avance del 2.3% en junio, impulsado por una mayor demanda de activos refugio, la reconfiguración de expectativas sobre la política de la Fed y episodios de aversión al riesgo. En este contexto, el tipo de cambio USD/MXN fluctuó durante junio entre un mínimo de 17.15 y un máximo de 17.67 pesos en el mercado interbancario.