LA SOMBRA DE LA VIOLENCIA
La violencia criminal y la inseguridad se han consolidado como los principales motores del desplazamiento forzado interno en México, obligando a un número alarmante de hogares a abandonar sus residencias. Un reciente informe del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), basado en la Encuesta Intercensal (EIC) de 2025, revela que entre octubre de 2020 y el mismo mes de 2025, al menos 510 mil hogares mexicanos se vieron forzados a cambiar de lugar de residencia debido a la inseguridad. Esta cifra se traduce en aproximadamente 1.6 millones de personas que han sido desarraigadas de sus comunidades por la ola de violencia que azota al país.
UN DRAMA SILENCIADO
Este fenómeno, a menudo minimizado por las autoridades, representa una herida profunda en el tejido social mexicano. La encuesta del Inegi, que por primera vez aborda de manera detallada el desplazamiento forzado en su Encuesta Intercensal, pone en evidencia la magnitud de un problema que afecta a prácticamente todos los rincones del territorio nacional. La violencia no solo genera miedo y pérdida de vidas, sino que también desintegra familias y comunidades, obligando a sus miembros a buscar refugio en otros lugares, a menudo en condiciones precarias y sin garantías de seguridad.
LOS ESTADOS MÁS GOLPEADOS
El informe del Inegi señala con particular crudeza a los estados que registran los índices más altos de desplazamiento forzado por motivos de violencia. Guerrero, Morelos y Baja California Sur encabezan la lista, con 3.4%, 2.4% y 1.4% de sus poblaciones respectivamente, habiendo experimentado esta dura realidad. En estos estados, la inseguridad delictiva y la violencia son la causa predominante, superando con creces otros factores.
Por ejemplo, en Guerrero, el 1.6% de los hogares se vio obligado a desplazarse por violencia, mientras que en Morelos la cifra ascendió al 2.1% y en Baja California Sur al 1.9%. Estos porcentajes, aunque parezcan pequeños en términos absolutos, representan miles de familias que han perdido su hogar y su estabilidad debido a la delincuencia organizada y la falta de paz.
UN PATRÓN RECURRENTE
La tendencia se repite en otros estados con altos índices de violencia. Colima, una entidad que ha sufrido de manera particularmente intensa la embestida del crimen organizado, registró un 2.3% de desplazamiento forzado, de los cuales un 2% se atribuye directamente a hechos de violencia. De manera similar, en Zacatecas, otro foco rojo de inseguridad, el 2.2% de la población señaló la violencia como la causa principal de su desplazamiento.
Incluso la Ciudad de México, a pesar de su aparente fortaleza económica y social, no escapa a esta problemática. El 1.6% de su población ha experimentado desplazamiento forzado, y el 1.4% de ellos lo atribuye directamente a la violencia. Esto subraya que la inseguridad es un problema transversal que afecta a zonas urbanas y rurales por igual.
MÁS ALLÁ DE LA VIOLENCIA
Si bien la violencia es el principal factor, la encuesta del Inegi también contempla otras causas de desplazamiento forzado. Unos 152 mil hogares, equivalentes a cerca de 485.5 mil personas, se vieron obligados a migrar internamente debido a catástrofes naturales o eventos de origen humano. Esto incluye desde el aumento del nivel del mar hasta la destrucción de viviendas por fenómenos meteorológicos extremos, como el devastador huracán ‘Otis’ que azotó la costa del Pacífico.
El concepto de desplazamiento forzado interno, según el Inegi, se refiere a la situación en la que un residente se ve obligado a cambiar su lugar de residencia dentro del país por cualquiera de las razones descritas. La inclusión de esta información en la EIC es un paso crucial para visibilizar y comprender la magnitud de este fenómeno social.
EL CONTEXTO DE LA INSEGURIDAD
Históricamente, México ha enfrentado desafíos significativos en materia de seguridad. La estrategia de combate al narcotráfico implementada en administraciones anteriores, si bien buscaba desmantelar a los grandes cárteles, terminó por fragmentar a las organizaciones criminales, generando una competencia territorial feroz y un aumento exponencial de la violencia en diversas regiones. Esto ha derivado en la proliferación de grupos delictivos con mayor capacidad de fuego y un control territorial que a menudo supera la presencia del Estado.
Las administraciones recientes han intentado abordar la problemática a través de diversas estrategias, incluyendo la militarización de la seguridad pública y la creación de la Guardia Nacional. Sin embargo, los resultados en términos de reducción de la violencia y, consecuentemente, del desplazamiento forzado, han sido mixtos. La persistencia de altos índices de criminalidad y la impunidad en muchos casos sugieren que las causas estructurales de la inseguridad, como la pobreza, la desigualdad y la corrupción, siguen sin ser abordadas de manera efectiva.
IMPLICACIONES SOCIALES Y ECONÓMICAS
El desplazamiento forzado tiene profundas implicaciones sociales y económicas. Las personas desplazadas a menudo pierden sus medios de subsistencia, sus redes de apoyo y su sentido de pertenencia. Enfrentan dificultades para acceder a vivienda, empleo, educación y servicios de salud en sus nuevos lugares de residencia. Esto puede generar tensiones sociales, aumentar la vulnerabilidad de las poblaciones desplazadas y perpetuar ciclos de pobreza y marginación.
Desde una perspectiva económica, el desplazamiento forzado representa una pérdida de capital humano y productivo. Las comunidades de origen ven mermada su fuerza laboral y su capacidad de desarrollo, mientras que las comunidades receptoras pueden enfrentar presiones adicionales sobre sus recursos e infraestructura. La reconstrucción del tejido social y la reintegración de las personas desplazadas son tareas complejas que requieren políticas públicas integrales y sostenidas.
LA RESPUESTA OFICIAL Y LA NECESIDAD DE ACCIÓN
La publicación de estos datos por parte del Inegi es un llamado de atención a las autoridades. Si bien la encuesta proporciona una radiografía detallada del problema, la respuesta gubernamental ha sido a menudo insuficiente para atender las necesidades de las personas desplazadas y para erradicar las causas profundas de la violencia. La falta de políticas públicas efectivas para la protección de las víctimas, la prevención del delito y la reconstrucción del tejido social deja a miles de mexicanos en una situación de vulnerabilidad extrema.
Es imperativo que el gobierno federal, en coordinación con los gobiernos estatales y municipales, implemente estrategias más contundentes y humanitarias para abordar el desplazamiento forzado. Esto incluye no solo medidas de seguridad para pacificar las regiones afectadas, sino también programas de apoyo integral para las víctimas, que garanticen sus derechos humanos, faciliten su reintegración y les permitan reconstruir sus vidas con dignidad y seguridad. La omisión o la inacción ante esta crisis humanitaria solo agrava el sufrimiento de miles de familias mexicanas.
¿QUÉ SIGUE?
Los datos del Inegi son una pieza fundamental para entender la magnitud del desplazamiento forzado en México. Sin embargo, la verdadera prueba de fuego para las autoridades será la capacidad de traducir estos hallazgos en acciones concretas y efectivas. La lucha contra la inseguridad y la violencia debe ir acompañada de políticas públicas robustas que protejan a las poblaciones más vulnerables y garanticen el derecho a una vida libre de miedo. El futuro de miles de familias mexicanas depende de ello.