La presidenta interina de Venezuela, Delcy Rodríguez, enfrenta una tormenta política sin precedentes. Tras los devastadores terremotos que sacudieron al país la semana pasada, la desaprobación ciudadana hacia su gestión se ha disparado, alcanzando un alarmante 63.3% en junio, según una encuesta de AtlasIntel para Bloomberg News. La cifra representa un incremento de casi cinco puntos porcentuales respecto a mayo, evidenciando un profundo descontento.
Lo más preocupante para el gobierno es que casi la mitad de los venezolanos encuestados (45.7%) considera que la celebración de nuevas elecciones es una prioridad más urgente que la propia reconstrucción de las zonas afectadas. Este dato contrasta marcadamente con el 32.6% que prioriza la recuperación física del país, pintando un panorama de crisis política que eclipsa la emergencia humanitaria.
Indignación en Redes y Calles
La indignación popular no se ha limitado a las encuestas. Las redes sociales se han convertido en un hervidero de críticas, con videos que muestran a ciudadanos confrontando a funcionarios y denunciando la lentitud y la ineficacia de la respuesta gubernamental. Las cifras oficiales hablan de cerca de 2,600 muertos y 12,400 heridos, pero organizaciones opositoras manejan cifras mucho más elevadas, con más de 38,000 personas desaparecidas.
Brian Naranjo, un diplomático estadounidense retirado con experiencia en Venezuela, calificó la situación como una profunda molestia pública. "La gente está muy enfadada con el gobierno por no haber tomado en serio los terremotos ni haber dado una respuesta eficaz", señaló Naranjo, advirtiendo que los disturbios civiles podrían escalar.
En un video que se ha vuelto viral, se observa a voluntarios locales increpando a soldados en una zona militarizada. "Ese uniforme está para defender al país", se escucha decir a un ciudadano frustrado, cuestionando la presencia de armas en lugar de herramientas de rescate. "No estamos en guerra, estamos enfrentando una emergencia". Este tipo de escenas reflejan la desconexión entre la narrativa oficial y la realidad vivida por la población.
La Defensa de Rodríguez y las Dudas sobre la Respuesta
Ante el creciente clamor, Delcy Rodríguez ha defendido la actuación de su gobierno. En una conferencia de prensa con medios extranjeros, calificó los relatos sobre la lentitud de la respuesta como "en gran medida manipulados por narrativas fabricadas en campañas de información coordinadas". Aseguró que el Estado "se activó de inmediato", aunque reconoció que las primeras personas en llegar a los escombros fueron sobrevivientes y vecinos.
Sin embargo, la cronología de los hechos, emitida por la cadena estatal Venezolana de Televisión, muestra que Rodríguez tardó aproximadamente 90 minutos en dirigirse a la nación tras los sismos. Las fuerzas de seguridad y equipos de emergencia se desplegaron solo después de ese lapso, alimentando las dudas sobre la celeridad de la respuesta oficial.
Otro incidente que ha generado controversia involucra al ministro del Interior, Diosdado Cabello. Un video difundido ampliamente lo muestra discutiendo con rescatistas internacionales a quienes, aparentemente, se les impidió el acceso a una zona devastada. "Hay alguien ahí pidiendo ayuda", se escucha decir a un rescatista, confrontando a Cabello. "¿No quiere que ayudemos a esa persona?". Días después, el equipo de Cabello emitió un comunicado en Telegram argumentando que el objetivo era gestionar el acceso para optimizar la ayuda, no bloquearla.
Crisis de Confianza Acelerada
El desastre natural parece haber exacerbado una crisis de confianza que ya venía gestándose, especialmente tras la captura de Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses en enero. El Observatorio Venezolano de Conflictos Sociales reporta un aumento significativo de protestas antigubernamentales en los primeros tres meses del año, superando las 1,900, casi el triple que en el mismo periodo de 2025.
En este contexto, la respuesta a los terremotos se convierte en un punto de inflexión. La percepción de ineficacia y la aparente falta de empatía del gobierno ante una tragedia de tal magnitud han reavivado el descontento social. La presión estadounidense, que parece haber moderado la represión interna en un intento por fomentar la cooperación, podría estar influyendo en la dinámica política interna.
La situación en Venezuela es compleja, marcada por la reconstrucción física y la urgente necesidad de reconstruir la confianza ciudadana en sus instituciones. La demanda de nuevas elecciones, impulsada por la respuesta a la catástrofe, plantea un desafío mayúsculo para el gobierno de Delcy Rodríguez y podría reconfigurar el panorama político del país.
Históricamente, la gestión de desastres naturales ha sido un termómetro de la capacidad y legitimidad de un gobierno. En Venezuela, los recientes terremotos no solo han dejado una estela de destrucción material, sino que también han puesto al descubierto las profundas grietas en la relación entre el poder y la ciudadanía, evidenciando una demanda de cambio que parece imparable.