La creciente rivalidad geopolítica y económica con China podría ser el catalizador que impulse a Estados Unidos a fortalecer sus lazos con México y Canadá, según las proyecciones de JPMorgan Asset Management. David Kelly, Chief Strategy Officer de la firma, sugiere que la necesidad de consolidar un bloque norteamericano frente a la competencia del gigante asiático podría reconfigurar la política comercial de Washington, inclinándola hacia una mayor integración regional.

En el marco del North Capital Forum 2026, Kelly expuso que, a pesar de las tensiones comerciales existentes dentro de la región, el panorama político estadounidense está sujeto a cambios que podrían favorecer una relación más estrecha entre los tres socios del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC). "Más probablemente, la siguiente versión será mucho más pro-Canadá, pro-México, pro-Norteamérica, porque tenemos una historia muy rica, tantas conexiones y fortalezas complementarias que sería una locura no movilizarlas plenamente en un mundo en el que estamos compitiendo con China", afirmó.

El Gigante Asiático como Factor Decisivo

Kelly identificó a China como el principal competidor estratégico para Estados Unidos, y argumentó que esta dinámica de rivalidad es lo suficientemente poderosa como para modificar la perspectiva de Washington respecto a sus vecinos. La percepción de China como un adversario clave en el escenario mundial podría llevar a una reevaluación de las prioridades, colocando la cooperación regional en un lugar más prominente.

El estratega de JPMorgan también abordó la postura del expresidente Donald Trump respecto a los aranceles, señalando que, si bien Trump ha mostrado una predilección por esta herramienta, no necesariamente representa la visión unificada del Partido Republicano. "No creo que los republicanos necesariamente estén a favor de los aranceles. Creo que el presidente está a favor de los aranceles. No creo que el Partido Republicano lo esté esencialmente", comentó.

Preocupaciones Compartidas: China y Rusia

Más allá de las diferencias internas en temas como la inmigración o asuntos culturales, Kelly destacó que existe un consenso más amplio dentro de Estados Unidos en cuanto a la preocupación por las acciones de China y Rusia. Ambas naciones son vistas como actores que presentan desafíos significativos para los intereses estadounidenses, lo que podría fomentar una política exterior más cohesionada en ciertos frentes.

Presión y Oportunidad para México y Canadá

El especialista reconoció que las políticas comerciales implementadas durante el año han ejercido una presión adicional sobre las economías de México y Canadá, dada su alta dependencia del comercio con Estados Unidos. La estructura económica de ambos países los hace más vulnerables a las fluctuaciones y decisiones comerciales de su vecino del norte. "Particularmente, México y Canadá están bajo cierta presión adicional debido a la política comercial este año, lo que claramente perjudica más a México y Canadá que a Estados Unidos, simplemente por la estructura de estas economías de comercio", explicó.

Sin embargo, Kelly enfatizó que esta misma interdependencia económica es, paradójicamente, una de las razones fundamentales para buscar una mayor integración regional. La fortaleza complementaria de las economías de Norteamérica podría ser la clave para navegar un entorno global cada vez más competitivo y volátil.

Un Futuro Político Incierto pero Prometedor para la Región

El estratega de JPMorgan planteó que el escenario actual no debe ser visto como una nueva normalidad inmutable. La política estadounidense es dinámica y susceptible a cambios significativos, tal como ha ocurrido en el pasado. "Así como el panorama político ha cambiado en Estados Unidos en el pasado, creo que volverá a cambiar", afirmó, sugiriendo que las políticas futuras podrían ser más propicias para una relación de cooperación reforzada con México y Canadá.

La perspectiva de JPMorgan sugiere que la presión externa, personificada por la competencia con China, podría ser el factor que obligue a una reconsideración estratégica en Washington. Esta potencial reorientación podría traducirse en políticas que prioricen la fortaleza del bloque norteamericano, beneficiando así a México y Canadá al fomentar una relación comercial y estratégica más robusta y predecible.

En el contexto de un mundo multipolar en constante reconfiguración, la integración regional se presenta no solo como una opción, sino como una necesidad estratégica para mantener la competitividad y la influencia en la arena global. La relación entre Estados Unidos, México y Canadá, a pesar de sus altibajos, posee un potencial latente para convertirse en un modelo de cooperación económica y política, impulsado por las realidades geopolíticas del siglo XXI.

La visión de Kelly subraya la importancia de la adaptabilidad en la política exterior. Las naciones deben estar preparadas para ajustar sus estrategias en respuesta a los cambios en el entorno internacional. Para México y Canadá, esto podría significar una oportunidad para consolidar su posición económica y política dentro de Norteamérica, aprovechando cualquier apertura que surja de las dinámicas globales.

El análisis de JPMorgan Asset Management, aunque centrado en proyecciones económicas y políticas, ofrece una ventana a las posibles trayectorias de las relaciones internacionales. La competencia con China emerge como un eje central que podría redefinir las alianzas y las estrategias comerciales en las próximas décadas, con implicaciones directas para la región de Norteamérica.

La fortaleza de las economías de México y Canadá, combinada con la necesidad estratégica de Estados Unidos de contar con socios confiables y complementarios, sienta las bases para un futuro de mayor colaboración. La clave residirá en la capacidad de los tres países para capitalizar esta coyuntura y construir un marco de cooperación sólido y duradero, capaz de resistir las presiones externas y potenciar el desarrollo regional.

En última instancia, la proyección de JPMorgan apunta a un escenario donde la pragmática necesidad de competir globalmente podría superar las fricciones internas, llevando a un fortalecimiento de la integración norteamericana. Este cambio, de concretarse, marcaría un hito significativo en las relaciones trilaterales, redefiniendo el futuro económico y político de la región.