El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha expresado su rotundo rechazo a la posibilidad de que naciones como Rusia o China se hagan cargo de las reservas de uranio enriquecido en posesión de Irán. Esta postura se alinea con su visión de un futuro acuerdo nuclear con Teherán, donde ha insistido en que dichas reservas deberían ser transferidas directamente a Estados Unidos.
La declaración de Trump surge en un contexto donde tanto el gobierno de Xi Jinping como el de Vladímir Putin han mostrado disposición para custodiar el material radiactivo iraní. China, por ejemplo, ha ofrecido tomar control de aproximadamente 440 kilogramos de uranio enriquecido al 60 por ciento, o incluso someterlo a un proceso de degradación para reducir su concentración.
Por su parte, Rusia ha reiterado su oferta de asumir la custodia del uranio enriquecido iraní, una función que ya desempeñó bajo el acuerdo nuclear de 2015. En aquel pacto, Irán transfirió a Rusia cerca de 11 toneladas de uranio ligeramente enriquecido, como parte de los compromisos adquiridos.
La preocupación principal radica en el potencial uso de este material para la fabricación de armas nucleares, dado que el uranio enriquecido al 60 por ciento está cerca del 90 por ciento necesario para una bomba atómica. La postura de Trump subraya la complejidad y la desconfianza en torno al programa nuclear iraní y las potencias que podrían influir en su manejo.
Las negociaciones entre Washington y Teherán continúan siendo delicadas, con el programa nuclear de los ayatolás como uno de los puntos más álgidos. Se especula que, a pesar de las fricciones, ambas partes podrían buscar acuerdos iniciales en temas como la reapertura del estrecho de Ormuz, dejando las discusiones sobre el tema atómico para una etapa posterior.