La Presidenta de México, Claudia Sheinbaum, ha confirmado que el mandatario estadounidense Donald Trump ha ejercido presión para que nuestro país incremente la compra de gas natural proveniente de Estados Unidos y, además, ha solicitado acceso a las operaciones de Petróleos Mexicanos (Pemex).
Estos señalamientos, realizados por Sheinbaum durante su conferencia matutina, desvelan las complejas negociaciones y las demandas que el gobierno estadounidense ha planteado en el marco de las relaciones bilaterales, particularmente en el ámbito energético y comercial.
Sin embargo, la mandataria fue enfática al negar que estas peticiones constituyan condiciones para la firma o ratificación del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC). "Sí se ha tocado ese tema, pero no ha habido ni insistencia, sino sencillamente se aclara que en México no se puede eso", afirmó Sheinbaum, subrayando la firmeza del gobierno mexicano ante las presiones externas.
Presiones Energéticas y Límites Constitucionales
Las conversaciones telefónicas entre Sheinbaum y Trump han girado en torno a dos ejes principales: el aumento de las importaciones de gas natural y la participación de empresas estadounidenses en Pemex. Respecto a la primera, la Presidenta explicó que México está en proceso de construir nuevas plantas de gas natural, lo que implica una demanda creciente del hidrocarburo.
No obstante, Sheinbaum dejó claro que la política energética de su administración también contempla el fortalecimiento del desarrollo y la producción nacional de gas natural. La dependencia de las importaciones, si bien necesaria para abastecer plantas clave como las cinco nuevas de ciclo combinado, no es la única estrategia del gobierno.
En cuanto a la participación de capital extranjero en Pemex, la Presidenta reiteró que la Constitución mexicana prohíbe la entrega de derechos petroleros. A pesar de ello, reconoció la existencia de esquemas legales que permiten la participación de empresas estadounidenses, no como concesionarias directas de la extracción, sino como contratistas o en proyectos específicos como la licuefacción y exportación de gas.
Como ejemplo, mencionó el caso de Sempra Energy, que opera una planta de licuefacción en Ensenada, importando gas de Estados Unidos y exportándolo a mercados asiáticos. Estos mecanismos, precisó, operan dentro del marco legal mexicano y han sido comunicados claramente a la contraparte estadounidense.
Rechazo a la Injerencia Electoral
La Presidenta Sheinbaum también abordó y rechazó categóricamente las afirmaciones provenientes de Estados Unidos sobre la supuesta gobernanza de cárteles en ciertas zonas del país. Atribuyó estas declaraciones a la coyuntura electoral interna en Estados Unidos, donde se busca utilizar a México como parte de la campaña política.
"Les aclaramos que no es así. Saben que ellos están en campaña y muchas veces quieren usar a México como parte de su campaña; nosotros hemos dicho: ¡No usen a México, bastantes problemas tienen allá que resolver!", enfatizó la mandataria.
Sheinbaum destacó los resultados positivos de su gobierno en materia de seguridad, citando la reducción de homicidios y el combate al tráfico de fentanilo, como evidencia de la efectividad de las políticas implementadas y desmintiendo así las narrativas que buscan desacreditar al país.
Contexto del T-MEC y la Economía Energética
Históricamente, las negociaciones comerciales entre México y Estados Unidos han estado marcadas por tensiones y presiones, especialmente en sectores estratégicos como el energético. El T-MEC, sucesor del TLCAN, buscó modernizar las reglas comerciales, pero también abrió la puerta a disputas en áreas como la energía, donde las políticas de soberanía energética de México han sido un punto sensible para Estados Unidos.
La administración de Donald Trump ha mostrado una tendencia a utilizar la política comercial como herramienta de presión para alcanzar objetivos específicos, a menudo en detrimento de las relaciones diplomáticas tradicionales. La insistencia en el acceso a Pemex y el aumento de la compra de gas natural se enmarcan en esta estrategia, buscando beneficiar a empresas estadounidenses y asegurar el suministro energético para su propio mercado.
En el contexto económico, la dependencia de México del gas natural estadounidense es un hecho innegable, derivado de la disminución de la producción nacional y la creciente demanda interna. Sin embargo, la política de Sheinbaum busca un equilibrio entre la necesidad de importaciones y el impulso a la autosuficiencia energética a largo plazo.
Las declaraciones de la Presidenta envían un mensaje claro: México defenderá su soberanía y sus marcos legales, incluso frente a las presiones de su vecino del norte. La relación bilateral continuará navegando aguas complejas, donde los intereses económicos y políticos de ambas naciones chocarán y negociarán constantemente.