La política comercial de Donald Trump, marcada por su imprevisibilidad, podría estar gestando un efecto dominó inesperado en América del Norte. Un escenario planteado por la Hinrich Foundation, denominado "Pacific Pivot" o "Giro hacia el Pacífico", sugiere que tanto México como Canadá podrían verse empujados a buscar activamente nuevos mercados, proveedores e inversiones en la región de Asia-Pacífico. El objetivo no sería reemplazar la profunda integración económica con Estados Unidos, considerada casi insustituible, sino más bien reducir la dependencia de las volátiles decisiones comerciales de Washington.
Este ejercicio prospectivo, lejos de ser una predicción o una declaración de intenciones de los gobiernos de México y Canadá, plantea una pregunta crucial: ¿cuál sería la respuesta de estas dos naciones si Estados Unidos decidiera endurecer las reglas de origen del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), prolongar sus revisiones o imponer nuevas barreras comerciales? La respuesta, según el análisis, es que ambos países cuentan con las herramientas y la infraestructura para explorar alternativas.
Un Horizonte Asiático al Alcance
La pertenencia de México y Canadá al Tratado Integral y Progresista de Asociación Transpacífico (TIPAT) les otorga acceso preferencial a economías clave como Japón, Vietnam, Malasia, Singapur, Australia, Nueva Zelanda, Brunéi, Chile y Perú, además del Reino Unido. Esta red de acuerdos comerciales ya representa una puerta abierta hacia el dinamismo asiático.
Adicionalmente, ambos países poseen ventajas logísticas significativas. México, con sus puertos estratégicos en Manzanillo, Lázaro Cárdenas y Ensenada, ha visto crecer la capacidad y frecuencia de sus conexiones marítimas con China, Corea del Sur y otros mercados asiáticos. Canadá, por su parte, cuenta con los puertos de Vancouver y Prince Rupert, y dispone de una oferta robusta de energía, minerales críticos y productos agrícolas que tienen una demanda considerable al otro lado del océano.
La Reconfiguración del Comercio Global
La creciente atención hacia Asia no surge únicamente de las fricciones comerciales con Estados Unidos. Se enmarca en una transformación más amplia del panorama económico mundial. Bancos como JPMorgan Private Bank advierten que la era en la que el precio era el único factor determinante en la elección de proveedores está llegando a su fin.
Factores como la seguridad de las cadenas de suministro, la resiliencia ante disrupciones y la afinidad política entre naciones están ganando peso. Esto está conduciendo a una economía global fragmentada en bloques, donde las empresas buscan diversificar sus fuentes de abastecimiento para mitigar riesgos. Esta estrategia de "seguro" tiene un costo, denominado por JPMorgan como "prima de resiliencia", que las compañías están dispuestas a asumir para acercar la producción o depender de aliados.
Asia se encuentra en el epicentro de esta reconfiguración, albergando capacidades industriales difíciles de replicar. China lidera en manufactura avanzada y materiales críticos; Japón destaca en automatización e infraestructura energética; Taiwán es crucial en semiconductores avanzados; y Corea del Sur es un referente en memorias para inteligencia artificial, redes eléctricas y construcción naval.
Según estimaciones de JPMorgan, cerca del 30% de la inversión mundial destinada a la expansión de la inteligencia artificial se dirige a Taiwán y Corea del Sur. Esto subraya que la mirada hacia Asia no se limita a China, sino que abarca un abanico de fuentes tecnológicas, de capital e insumos.
México: Un Puente Estratégico
Para la industria mexicana, esta red asiática tiene un valor particular. Su sector electrónico, por ejemplo, depende en gran medida de la importación de componentes de Asia, los cuales luego integra en productos de cómputo y otros bienes que, en su mayoría, se destinan al mercado estadounidense. La relación con Asia y la integración norteamericana no son caminos opuestos, sino que forman parte de una misma cadena de valor interconectada.
Estados Unidos: El Centro Ineludible
A pesar de las oportunidades que ofrece el Pacífico, es poco probable que este pueda desplazar la centralidad de Estados Unidos en la economía norteamericana. El Center for North American Prosperity and Security (CNAPS) estima que América del Norte, con más de 500 millones de habitantes y generando cerca del 30% del PIB mundial, mueve anualmente alrededor de 1.93 billones de dólares en bienes y servicios entre sus integrantes.
Desde la entrada en vigor del T-MEC en 2020, el comercio regional ha experimentado un crecimiento superior al 35%. Por ello, la diversificación hacia Asia se perfila más como una estrategia de "seguro" ante los vaivenes de la política estadounidense que como una ruptura definitiva.
La dependencia comercial es bidireccional. Aproximadamente el 40% de los insumos utilizados en la manufactura mexicana provienen de Estados Unidos, lo que significa que una parte significativa del gasto estadounidense en productos mexicanos retorna a su propia economía. En contraste, el retorno de las importaciones chinas es considerablemente menor.
La industria automotriz es un claro ejemplo de esta profunda integración, donde componentes cruzan múltiples fronteras norteamericanas antes de integrarse en un vehículo final. Cualquier arancel o revisión adicional al T-MEC no solo impactaría una transacción, sino que añadiría tiempo y costos a cada cruce fronterizo.
El T-MEC, más allá de la eliminación de aranceles, proporciona un incentivo para que las empresas adquieran insumos regionales y mantengan sus inversiones dentro de América del Norte. El CNAPS advierte que si estos incentivos pierden fuerza, los proveedores asiáticos, a menudo con costos más bajos, volverán a ser una opción más atractiva, reforzando la necesidad de una estrategia de diversificación para México y Canadá.