Donald Trump ha convertido a Cuba en uno de sus objetivos prioritarios para 2026, junto con Irán y el ya capturado Nicolás Maduro. El mandatario estadounidense implementó un bloqueo económico devastador que ha dejado a la isla sin combustible, provocando una crisis energética sin precedentes que afecta a 10 millones de cubanos.
La estrategia de Trump ha sido quirúrgica y efectiva. Tras la captura de Maduro a inicios de año, Venezuela suspendió el suministro de petróleo que mantenía a flote al régimen castrista. El presidente estadounidense no se detuvo ahí: amenazó con aranceles a cualquier país que ayudara a Cuba, lo que obligó a México a suspender también sus envíos. El 13 de mayo, el ministro de Energía cubano admitió lo inevitable: el país se quedó completamente sin reservas de combustible.
La presión se intensificó esta semana cuando Estados Unidos imputó al expresidente Raúl Castro por el presunto asesinato de tres estadounidenses, una movida legal que muchos interpretan como preparación del terreno para acciones más contundentes. Trump ha sido claro en sus intenciones: quiere un cambio de régimen, acceso al petróleo venezolano y que empresarios estadounidenses inviertan en la región.
La situación en la isla es crítica. Los apagones recurrentes paralizan la vida cotidiana, la gasolina está racionada y el turismo colapsó después de que el gobierno informara a las aerolíneas que no puede abastecerlas de combustible. En marzo, manifestantes prendieron fuego a la sede local del Partido Comunista, una señal inequívoca del hartazgo popular.
Aunque Rusia y México han enviado ayuda humanitaria y algunos cargamentos de petróleo —Putin despachó un buque con 730 mil barriles en marzo—, estos esfuerzos son insuficientes. La economía cubana, ya debilitada antes de la ofensiva trumpista, ahora está en caída libre. La ONU admitió que las acciones estadounidenses empujan a Cuba al borde de una crisis humanitaria.
El presidente cubano Miguel Díaz-Canel mantiene una postura desafiante en redes sociales, prometiendo "resistencia inquebrantable" ante cualquier agresión externa. Sin embargo, la realidad sobre el terreno cuenta otra historia: un régimen acorralado, sin recursos y enfrentando el descontento masivo de su población.
Trump ha declarado que "Cuba caerá muy pronto" y que tomará el control de la isla en cuanto concluya las operaciones militares en Irán. Para el mandatario estadounidense, el colapso del último bastión comunista en el hemisferio occidental representaría una victoria histórica que consolidaría su legado como el presidente que finalmente doblegó al castrismo. La pregunta ya no es si el régimen caerá, sino cuándo.