El Tren Maya, uno de los proyectos emblemáticos de la administración federal, ha registrado un preocupante número de incidentes, sumando un total de 312 percances y dos descarrilamientos hasta julio de este año. La Agencia de Trenes y Transporte Público Integrado (ATTRAPI) es la encargada de investigar las causas de estos eventos, según información obtenida por El Financiero a través de solicitudes de transparencia. Los reportes, que ocultan datos personales de los trabajadores para proteger la confidencialidad durante las indagatorias, abarcan incidentes ocurridos entre diciembre de 2023 y julio de 2026.
Es importante señalar que estos datos oficiales no incluyen un tercer evento registrado el 31 de agosto en Campeche, donde un vagón del Tren Maya sufrió un percance de vía sin que se reportaran lesionados. Este incidente, aunque no está en el conteo oficial de la ATTRAPI para el periodo analizado, se suma a la creciente lista de problemas operativos.
Un Patrón Peligroso en Yucatán
De manera coincidente, los dos descarrilamientos documentados por la autoridad ferroviaria ocurrieron en un mismo tramo de la vía 2, específicamente entre los puntos kilométricos 608+061 y 608+301, cerca de la estación Izamal, Yucatán. El primer incidente tuvo lugar el 19 de agosto del año pasado, cuando el tren C006 descarriló su tercer coche durante una maniobra de cruce a una velocidad de 20 kilómetros por hora, muy por debajo del límite permitido de 30 km/h. Este descarrilamiento se produjo al rozar un convoy que se encontraba detenido en la vía 4. A pesar de que ha transcurrido un año desde este suceso, la investigación para determinar las causas definitivas del incidente en el Tren Maya sigue abierta, evidenciando lentitud en los procesos de análisis y resolución.
El segundo descarrilamiento ocurrió apenas unos meses después, la noche del 7 de mayo de este año, a escasos metros del primer evento. Al salir de la estación Izamal, un tren de servicios auxiliares en doble composición experimentó una pérdida de guiado entre la rueda y el riel en el aparato de vía A11. Este fallo afectó la cabina MCR2 y uno de los coches de la unidad. Ambos eventos, calificados como de gravedad media y sin registro de personas lesionadas, causaron daños materiales significativos tanto a la infraestructura del proyecto, que ha representado una inversión superior a los 500 mil millones de pesos para los contribuyentes, como al equipo ferroviario.
Transparencia Retrasada y Costos Elevados
La entrega de la información por parte de la ATTRAPI se realizó la noche del 4 de septiembre, después de un considerable retraso que excedió los plazos legales establecidos en la Plataforma Nacional de Transparencia. Este retraso explica por qué el expediente analizado no contempló el percance del 31 de agosto en Campeche, donde el último vagón de un convoy sufrió un fallo de vía que obligó al maquinista a detener la marcha para garantizar la seguridad de los 123 pasajeros a bordo.
Desde su puesta en marcha a finales de 2023 y hasta julio de este año, la ATTRAPI ha registrado un total de 312 incidentes relacionados con la operación del Tren Maya, que atraviesa cinco estados del sureste mexicano. La información obtenida por El Financiero detalla que todos estos incidentes están vinculados a fallas en el equipo ferroviario, la infraestructura o la operación misma.
La clasificación de estos incidentes, según la autoridad, incluye siniestros que ocurren durante la prestación del servicio público de transporte ferroviario de carga o pasajeros. Las causas se atribuyen a "infraestructura en mal estado (falta de mantenimiento y/o conservación de las vías férreas)", a "fallas mecánicas o eléctricas del equipo ferroviario", a "actos de la naturaleza" o a "factores humanos en la operación". Esta categorización subraya la multiplicidad de factores que podrían estar contribuyendo a la problemática.
Un Gigante con Pies de Barro Financiero
Los problemas operativos del Tren Maya se ven agravados por su precaria situación financiera. Durante el segundo trimestre del año, las pérdidas operativas del proyecto ascendieron a 867 millones de pesos, sin considerar los subsidios estatales recibidos. Los resultados financieros de la empresa paraestatal, a cargo del Ejército, revelan que, en el periodo de abril a junio, los ingresos generados por la prestación de servicios apenas alcanzaron los 117 millones de pesos.
En contraste, los costos operativos de la firma del Estado sumaron 985 millones de pesos en el mismo lapso. Junio se perfiló como el mes de mayor impacto negativo, ya que, a pesar de coincidir con el inicio del periodo vacacional y el Mundial de 2026, la facturación por concepto de pasajeros cayó a su nivel más bajo del trimestre, mientras los gastos de operación alcanzaron su cifra más elevada. Esta disparidad entre ingresos y egresos pone de manifiesto la insostenibilidad del modelo financiero actual.
Incapacidad para Capitalizar el Turismo
Hasta la fecha, el proyecto ferroviario no ha logrado capitalizar la corriente turística en la región, la cual, de hecho, enfrenta una desaceleración generalizada. Esta tendencia a la baja en la afluencia de viajeros, tanto nacionales como internacionales, se suma a otros factores adversos como la llegada de sargazo a las costas y la falta de integración del tren como un medio de transporte prioritario en la zona. Todos estos elementos continúan afectando negativamente a la industria turística del sureste y comprometiendo el desempeño económico de la región, a pesar de las promesas iniciales de impulso y desarrollo.
El Tren Maya, concebido como un motor de desarrollo y un atractivo turístico de primer orden, parece estar atrapado en un ciclo de incidentes, altos costos y baja rentabilidad. La acumulación de percances y descarrilamientos, aunados a las pérdidas financieras, plantean serias dudas sobre la viabilidad a largo plazo del proyecto y la efectividad de su gestión. La falta de mantenimiento adecuado, las fallas mecánicas y los errores humanos parecen ser constantes, erosionando la confianza en una obra que ha consumido una cantidad ingente de recursos públicos.
La situación actual del Tren Maya es un reflejo de las deficiencias en la planificación y ejecución de megaproyectos en México. La opacidad en las investigaciones de los accidentes y los retrasos en la entrega de información solo exacerban la preocupación ciudadana. Es imperativo que las autoridades rindan cuentas claras sobre el uso de los recursos y tomen medidas correctivas urgentes para garantizar la seguridad y la eficiencia de este crucial medio de transporte, antes de que los incidentes se cobren una tragedia o el proyecto se convierta en un monumento al despilfarro.
En el contexto de una industria turística regional en declive y con desafíos ambientales significativos, el Tren Maya necesita demostrar no solo su capacidad operativa, sino también su contribución real al desarrollo sostenible y a la economía local. De lo contrario, corre el riesgo de convertirse en un elefante blanco, un símbolo de ambiciones desmedidas y resultados decepcionantes, a pesar de la inversión masiva realizada por el Estado.
La falta de integración con otros modos de transporte y la limitada conectividad con los principales polos turísticos siguen siendo obstáculos importantes. Para que el Tren Maya cumpla su promesa, se requiere una estrategia integral que aborde no solo la infraestructura física, sino también la logística, la promoción y la coordinación con los actores del sector turístico y de transporte. Sin estos elementos, el tren seguirá operando por debajo de su potencial, acumulando incidentes y pérdidas, y defraudando las expectativas de quienes confiaron en su éxito.