La apuesta de México por transitar hacia una economía digital y reducir el uso del efectivo ha encontrado un terreno fértil, evidenciado por un récord sin precedentes en el número de tarjetas de crédito en circulación. Al cierre de agosto, el país registraba más de 58.27 millones de plásticos, un hito que se ve impulsado significativamente por la entrada de nuevos jugadores en el mercado financiero.
Uno de los protagonistas de este crecimiento es Nu, la fintech que, tras consolidar su operación como banco, ha inyectado de golpe más de 10 millones de tarjetas al sistema. Con esta cifra, Nu se posiciona de inmediato como el tercer emisor de tarjetas de crédito más importante del país, solo por detrás de gigantes como BBVA y Banamex, demostrando la rápida adopción de sus servicios por parte de los consumidores mexicanos.
Este auge en los medios de pago digitales se produce en un momento crucial, con la reciente aprobación en el Congreso de la Ley de Economía Digital. Dicha legislación, cuyo objetivo primordial es disminuir la dependencia del efectivo, que aún representa el 85% de las operaciones diarias, marca un antes y un después en la estrategia financiera del país.
La Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV) ha sido testigo de esta transformación. Sus datos revelan no solo el incremento en los plásticos, sino también una marcada contracción en la infraestructura física de la banca. El número de sucursales bancarias se redujo a 11,295 al cierre de agosto, lo que representa una disminución de 433 unidades en comparación con el año anterior.
Las instituciones financieras argumentan que estos cierres responden a una menor afluencia de usuarios en sucursales tradicionales y a la reubicación estratégica de sucursales hacia zonas con mayor potencial de clientes. Paralelamente, el número de cuentas de captación ha experimentado un crecimiento sustancial, alcanzando los 342.45 millones, con un aumento de 53.87 millones. De estas, las cuentas activas suman 151.62 millones, lo que indica una mayor participación y uso de los servicios bancarios.
La Ley de Economía Digital, aprobada el pasado 20 de octubre, busca consolidar esta tendencia. La iniciativa, impulsada por la presidenta Claudia Sheinbaum, contempla una estrategia inicial para masificar los medios de pago digitales en sectores clave como gasolineras y casetas de peaje. Tras su aprobación legislativa, la ley espera su publicación en el Diario Oficial de la Federación (DOF) para iniciar su implementación.
Una vez publicada, el Ejecutivo federal tendrá un plazo de quince días para definir los sectores estratégicos donde los pagos digitales serán el único método aceptado. La ley también enfatiza la obligación de los tres órdenes de gobierno de habilitar estos mecanismos para trámites y servicios públicos, promoviendo así una administración más eficiente y moderna.
Además, se busca ampliar el uso de herramientas como transferencias bancarias, tarjetas, códigos QR, CoDi y DiMo, facilitando las transacciones y la inclusión financiera. La legislación reconoce la CURP Digital como una opción válida para la contratación de servicios financieros a distancia, agilizando procesos y reduciendo la necesidad de trámites presenciales.
En un esfuerzo por garantizar la continuidad y la flexibilidad, la ley contempla medidas para facilitar la recepción de pagos electrónicos en comercios. Asimismo, se prevé el uso de efectivo o cheques como alternativas en caso de contingencias que impidan la realización de operaciones digitales, asegurando que ningún ciudadano quede excluido del sistema financiero.
El contexto de esta transformación digital se enmarca en una política económica que busca modernizar las finanzas públicas y privadas. La reducción del efectivo no solo optimiza costos de manejo y reduce riesgos de ilícitos, sino que también fomenta la transparencia y la trazabilidad de las operaciones financieras, aspectos cruciales para el desarrollo económico sostenible.
Analistas señalan que la consolidación de Nu y la entrada en vigor de la Ley de Economía Digital podrían acelerar la competencia en el sector financiero, beneficiando a los consumidores con mejores ofertas y servicios. Sin embargo, también plantean la necesidad de fortalecer la educación financiera para asegurar que todos los segmentos de la población puedan adaptarse a estos nuevos mecanismos de pago y evitar la exclusión digital.
La estrategia de digitalización financiera es un pilar fundamental para la administración actual, buscando alinear a México con las tendencias globales y potenciar su competitividad económica. La reducción de sucursales, vista por algunos como un signo de modernización, deberá ir acompañada de un robusto ecosistema digital y de mecanismos de inclusión para garantizar que el progreso beneficie a todos los mexicanos.
En retrospectiva, la evolución del sistema financiero mexicano ha sido notable. La transición de un modelo predominantemente físico a uno digital es un proceso complejo pero necesario, que promete eficiencias y nuevas oportunidades, siempre y cuando se gestione con una visión inclusiva y equitativa para toda la ciudadanía.