México y Estados Unidos se encuentran inmersos en una serie de negociaciones bilaterales con el objetivo primordial de desmantelar las barreras no arancelarias y abordar las medidas unilaterales que han surgido entre ambas naciones. Este esfuerzo se concibe como un prerrequisito fundamental antes de emprender una discusión de mayor calado sobre el futuro y la evolución del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC).
Roberto Lazzeri, embajador de México en Estados Unidos, detalló durante el North Capital Forum 2026 que, si bien los tres países miembros del T-MEC han manifestado su interés en fortalecer la relación comercial a largo plazo, la revisión del acuerdo no se está llevando a cabo en este momento como una negociación trilateral formal.
"En este momento, la discusión no es trilateral", afirmó Lazzeri, subrayando la naturaleza bilateral de las conversaciones actuales. Explicó que el proceso se divide en dos frentes principales: por un lado, las barreras no comerciales que han sido objeto de diálogo continuo entre México y Estados Unidos; y por otro, los objetivos unilaterales que cada gobierno debe gestionar y resolver con su contraparte.
La resolución de estas discrepancias, según el diplomático mexicano, allanará el camino para una conversación más amplia y profunda. Esta futura discusión abordará las transformaciones que está experimentando el comercio internacional y explorará cómo Norteamérica, como región, puede responder de manera más efectiva a estos desafíos globales.
"Al eliminar estas discrepancias que vemos un poco en el comercio entre nuestros países, entonces una conversación más profunda sobre hacia dónde va el mundo y cómo podemos enfrentarlo mejor como región está, por supuesto, sobre la mesa", sostuvo Lazzeri, enfatizando la importancia estratégica de esta fase preparatoria.
Por su parte, Ronald Johnson, embajador de Estados Unidos en México, coincidió en la importancia de preservar la estructura de integración económica de Norteamérica. Destacó que tanto México como Canadá ocupan una posición singular para Washington, diferenciándose de otros socios comerciales debido a su proximidad geográfica y al alto grado de interdependencia económica existente.
"No creo que ninguno de nosotros pueda reemplazar fácilmente al otro, no sin dolor, no sin costos", declaró Johnson, poniendo de relieve la complejidad y el valor intrínseco de la relación trilateral. Reconoció que el T-MEC proporciona un marco esencial para la relación comercial entre los tres países, un marco que, según sus palabras, fue construido a lo largo de varios años y que sigue siendo valioso.
No obstante, el embajador estadounidense señaló que los acuerdos comerciales, por su naturaleza, están sujetos a una revisión y evaluación permanentes. Las discusiones sobre la posible renovación, revisión o la implementación de otros mecanismos para el T-MEC pueden generar cierta confusión, pero la realidad es que las relaciones comerciales se encuentran en un estado de evaluación constante.
"Cualquier relación comercial está constantemente bajo revisión", afirmó Johnson. Subrayó que el diálogo continuo y la comunicación fluida entre los socios norteamericanos son factores determinantes para salvaguardar y potenciar los beneficios derivados de la integración económica regional.
"El hecho de que sigamos hablando, que sigamos teniendo diálogo y que todos entendamos el valor de la relación que ya tenemos no puede subestimarse", concluyó el embajador, resaltando la necesidad de mantener canales de comunicación abiertos y una comprensión mutua del valor de la cooperación.
En el contexto de la economía global, la revisión y el fortalecimiento de acuerdos como el T-MEC son cruciales. La interdependencia económica entre México y Estados Unidos, en particular, se ha consolidado a lo largo de décadas, creando cadenas de valor complejas y un flujo comercial significativo que beneficia a ambas economías.
Las barreras no arancelarias, que incluyen regulaciones técnicas, normativas sanitarias y fitosanitarias, y procedimientos aduaneros, a menudo representan obstáculos más sutiles pero igualmente efectivos que los aranceles directos. Su eliminación o armonización es vital para facilitar el comercio y reducir los costos para las empresas.
Las medidas unilaterales, por otro lado, pueden referirse a acciones tomadas por un país sin consulta previa con sus socios comerciales, como la imposición de ciertas restricciones o la aplicación de normativas específicas que puedan afectar el flujo de bienes y servicios.
El T-MEC, que entró en vigor en julio de 2020, reemplazó al Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN). Si bien introdujo actualizaciones significativas en áreas como el comercio digital, la propiedad intelectual y las disposiciones laborales, el acuerdo también contemplaba mecanismos de revisión periódica para asegurar su relevancia y adaptabilidad a las cambiantes condiciones económicas y tecnológicas.
La importancia de la integración norteamericana se refleja no solo en los volúmenes comerciales, sino también en la inversión extranjera directa, la creación de empleo y el desarrollo tecnológico. Cualquier ajuste o modificación al marco del T-MEC tiene el potencial de generar repercusiones significativas en estos ámbitos.
Históricamente, las relaciones comerciales entre México y Estados Unidos han estado marcadas por periodos de cooperación intensa y, en ocasiones, por tensiones derivadas de diferencias políticas o económicas. Sin embargo, la tendencia general ha sido hacia una mayor integración, impulsada por la lógica de la competitividad regional en el escenario global.
La diplomacia y el diálogo constante son, por tanto, herramientas indispensables para navegar las complejidades de estas relaciones. La capacidad de México y Estados Unidos para resolver sus diferencias bilaterales de manera constructiva no solo fortalecerá su propia relación comercial, sino que también contribuirá a la estabilidad y prosperidad de la región de Norteamérica en su conjunto.
El futuro del T-MEC, y por extensión, el de la integración económica norteamericana, dependerá en gran medida de la voluntad política y la habilidad de los gobiernos para adaptarse a los desafíos emergentes, mantener un diálogo abierto y buscar soluciones mutuamente beneficiosas que refuercen la competitividad y la resiliencia de la región.
La búsqueda de un equilibrio entre los intereses nacionales y los objetivos regionales es un desafío constante. La forma en que México y Estados Unidos aborden estas negociaciones sentará un precedente para futuras interacciones comerciales y para la consolidación de un bloque económico fuerte y cohesionado.
En este sentido, el enfoque bilateral actual, centrado en resolver obstáculos específicos, parece ser una estrategia pragmática para sentar las bases de una relación comercial más robusta y menos propensa a fricciones innecesarias, permitiendo así abordar desafíos más amplios en el futuro.