México se acerca a un sombrío hito: una década sin la promesa de una nueva planta de vehículos ligeros. La industria automotriz, pilar de la economía nacional, se encuentra nuevamente bajo la sombra de la incertidumbre comercial, un fantasma que ya ha frenado inversiones millonarias en el pasado.

La reciente decisión de Estados Unidos de no renovar el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) en su formato actual, y la perspectiva de someterlo a revisiones anuales hasta 2036, ha encendido las alarmas. Este escenario de inestabilidad prolongada es precisamente lo que más teme un sector que planifica sus inversiones a horizontes de 10 a 20 años.

La Sombra de la Incertidumbre Comercial

La Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos (USTR) comunicó su postura, dejando claro que el acuerdo permanecerá vigente mientras las negociaciones continúan, pero sin la garantía de una extensión inmediata. Esta comunicación, aunque breve, tiene profundas implicaciones para la industria automotriz mexicana.

Calum MacRae, director ejecutivo de Cadena de Suministro y Tecnología de S&P Global Mobility, advirtió que las grandes inversiones, como las del sector automotriz, demandan un ambiente de negocios seguro y políticas claras antes de comprometer capital. Si la administración estadounidense persiste en amenazas comerciales o modifica las condiciones del acuerdo, la incertidumbre se intensificará, desalentando aún más los compromisos de inversión en México.

La historia reciente respalda esta advertencia. Durante la renegociación del TLCAN en el primer mandato de Donald Trump, la incertidumbre comercial provocó la cancelación de planes estratégicos y la reconfiguración de operaciones globales. El caso más emblemático fue la decisión de Ford de cancelar una planta de 1,600 millones de dólares en Nuevo León, una medida que, si bien respondía a una sobrecapacidad global, fue exacerbada por el clima de inestabilidad comercial.

Inversión sin Nuevas Armadoras

La industria automotriz mexicana no ha logrado recuperar el dinamismo de las grandes inversiones manufactureras de la década pasada. En aquel entonces, armadoras como Nissan, Mazda, Honda, Toyota, Kia, BMW y Audi anunciaron la construcción de nuevas plantas, sumando inversiones superiores a los 8,000 millones de dólares. Estos proyectos consolidaron a México como un actor clave en el crecimiento de la capacidad productiva global de vehículos ligeros.

De acuerdo con datos de S&P Global Mobility, estas nuevas instalaciones, junto con las expansiones de plantas existentes, proyectaban un aumento de más de dos millones de unidades en la capacidad productiva, lo que representaba el 31.2% del crecimiento global. México se perfilaba a superar la barrera de los cinco millones de unidades producidas anualmente.

Sin embargo, la incertidumbre comercial truncó esta trayectoria. En 2025, México ensambló 3,953,494 vehículos ligeros, una cifra que dista de las proyecciones anteriores. Más preocupante aún es la ausencia de anuncios de nuevas plantas de ensamblaje en casi una década.

Esto no significa que el capital haya abandonado el sector. La inversión automotriz en México alcanzó su punto más alto en la década en el tercer trimestre de 2024, superando los 3,500 millones de dólares. No obstante, la composición de esta inversión revela una tendencia: la mayor parte se ha dirigido a la producción de autopartes, infraestructura, parques industriales y logística. La inversión que transforma regiones enteras, como la construcción de una nueva armadora desde cero, sigue siendo esquiva.

La Promesa China se Desinfla

Tras el fin del primer mandato de Trump, la sobrecapacidad global se presentó como la explicación principal para la falta de nuevas inversiones en armadoras. Analistas como Guido Vildozo, de S&P Global Mobility, señalaron que la industria mundial contaba con más fábricas de las necesarias, lo que llevó a las empresas a priorizar la utilización de la capacidad existente.

No obstante, la irrupción de marcas chinas a principios de la década prometía reconfigurar este panorama. Empresas como BYD, MG, Chirey y GWM llegaron a México con ambiciosos planes de expansión, aprovechando el acceso al mercado norteamericano. Sin embargo, la geopolítica volvió a interponerse.

Estados Unidos incrementó los aranceles a los vehículos chinos del 25% al 100% y comenzó a implementar medidas para restringir la presencia de empresas vinculadas a Pekín en su cadena automotriz. Un ejemplo reciente es el caso de Polestar, marca de vehículos eléctricos controlada por el grupo chino Geely. Las autoridades estadounidenses negaron la autorización requerida bajo la Regla de Vehículos Conectados, impidiendo la venta de automóviles nuevos en Estados Unidos a partir del año modelo 2027.

Este caso es particularmente simbólico, ya que el Polestar 3 se produce desde 2024 en una planta ubicada en Carolina del Sur. A pesar de fabricarse en territorio estadounidense, la propiedad china de la compañía generó preocupaciones en Washington. El mensaje para los inversionistas es claro: Estados Unidos está dispuesto a utilizar herramientas comerciales y regulatorias para limitar la influencia china en la industria automotriz, un factor adicional de incertidumbre para las inversiones a largo plazo en México.