La promesa de "Construye aquí, vende en Estados Unidos" que ha atraído a inversionistas a México durante años pende de un hilo. La reciente determinación de Donald Trump de someter el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) a revisiones anuales hasta 2036 introduce un factor de inestabilidad que podría erosionar la confianza empresarial y frenar la inversión, un componente crucial para el crecimiento económico del país.
Esta medida, anunciada por el principal responsable de Comercio de Trump, obliga a las empresas a considerar la posibilidad de reevaluar sus planes de negocio en México cada año. Las cambiantes exigencias de Estados Unidos en materia de aranceles, contenido regional y normas de origen generan un panorama de incertidumbre que impacta directamente en la competitividad y la planificación a largo plazo.
México: Dependencia Excesiva y Vulnerabilidad Comercial
La economía mexicana se ha construido históricamente sobre la base de su acceso al mercado estadounidense. Alrededor del 80% de las exportaciones del país se dirigen hacia el norte, lo que deja a sectores clave como el automotriz, de manufactura y de proveeduría en una posición particularmente vulnerable ante cualquier alteración en las relaciones comerciales con Washington. Esta dependencia, si bien ha impulsado el crecimiento, también expone a México a las fluctuaciones y decisiones políticas de su vecino del norte.
Las cifras son contundentes: las exportaciones representaron aproximadamente el 40% del Producto Interno Bruto (PIB) de México, una proporción significativamente mayor que el 31% de Canadá y el escaso 11% de Estados Unidos. Esta asimetría subraya la fragilidad del modelo económico mexicano frente a posibles disrupciones comerciales.
Diego Marroquín Bitar, investigador especializado en comercio del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales, advierte que México es el país más vulnerable a las perturbaciones comerciales. Las negociaciones futuras del T-MEC, bajo este nuevo esquema de revisiones anuales, podrían derivar en mayores exigencias de contenido regional o incluso en la imposición de umbrales mínimos de contenido estadounidense en diversos sectores, añadiendo presión a las cadenas de suministro.
El Riesgo de las Inversiones que Nunca Llegan
La principal consecuencia de esta incertidumbre anualizada es el potencial retraso o desvío de inversiones. Las empresas, ante la falta de claridad sobre las reglas del juego a mediano y largo plazo, podrían optar por posponer sus planes de expansión o dirigir sus capitales hacia otros destinos más estables. El impacto no se manifestaría necesariamente como una caída abrupta, sino como una "ausencia" progresiva de nuevas inversiones y un debilitamiento del sistema de coproducción que ha caracterizado la relación trilateral.
Ejecutivos de importantes fabricantes de automóviles, que prefieren mantener el anonimato, ya han señalado que se están postergando decisiones de inversión cruciales. La reticencia a modernizar maquinaria y adoptar nuevas tecnologías se intensifica ante la falta de certeza sobre el futuro del T-MEC, especialmente cuando la gran mayoría de sus ventas se concentran en el mercado estadounidense.
Implicaciones para la Agenda Política y el Crecimiento
La creciente incertidumbre en el ámbito de la inversión privada también podría socavar uno de los pilares de la agenda política de la Presidenta Claudia Sheinbaum. Su administración llegó al poder con la promesa de mantener y ampliar los programas sociales, un legado del expresidente Andrés Manuel López Obrador, que requieren un flujo constante de capital privado para su sostenibilidad y para impulsar el crecimiento económico.
Si bien la Presidenta Sheinbaum ha expresado tranquilidad ante los posibles escenarios del T-MEC, su estrategia para reactivar el crecimiento, fuertemente dependiente de la atracción de inversión privada, aún no ha mostrado resultados contundentes. La inversión fija bruta en México, un indicador clave del gasto en capacidad productiva, ha registrado contracciones significativas, acumulando 19 meses consecutivos de caídas. La inversión privada, en particular, ha retrocedido casi un 5% en el último año, reflejando la cautela de las empresas ante el panorama económico y comercial.
Esta disminución en la inversión ha afectado directamente al gasto en maquinaria, construcción y equipamiento, elementos esenciales para mantener la dinámica exportadora. El "boom" exportador de México, que ha sido un motor fundamental de su economía, se encuentra ahora en una encrucijada, amenazado por la volatilidad inherente a las revisiones anuales del T-MEC y la persistente dependencia de un mercado estadounidense cada vez más impredecible.