Carlos Slim rompió el silencio y señaló directamente el error histórico de Andrés Manuel López Obrador al cancelar el Nuevo Aeropuerto Internacional de México en Texcoco. Durante su conferencia anual este martes, el empresario dejó claro que la decisión presidencial no solo frenó una obra de infraestructura crítica, sino que condenó a la marginación perpetua a millones de habitantes del oriente capitalino.
El dueño de Grupo Carso desmintió categóricamente la narrativa oficial que lo pintaba como beneficiario directo del proyecto. "Yo no tenía ninguna participación ni interés en ser socio en el aeropuerto", aclaró Slim, revelando que su constructora únicamente ejecutaba trabajos de obra, no inversiones. La aclaración desnuda la falsedad del argumento con que el régimen justificó la cancelación ante la opinión pública.
La verdadera tragedia, según Slim, fue sepultar la oportunidad de transformar una de las zonas más olvidadas del Valle de México. "Mi objetivo no solo era el aeropuerto en sí, sino todo lo que significaba: llevar a clase media a toda la población" del nororiente, declaró el magnate. El NAIM representaba empleos masivos, desarrollo urbano y movilidad social para comunidades históricamente abandonadas.
En su lugar, López Obrador impuso el Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles en Santa Lucía, una terminal que opera con cifras de pasajeros vergonzosamente bajas y que ha generado caos operativo en el espacio aéreo. Especialistas en aviación confirmaron en enero pasado que la coordinación simultánea entre AIFA y el AICM produce "estrés adicional" y saturación peligrosa.
La controladora aérea María Larriva fue contundente en el Foro "Panorama: el Sistema Aeroportuario del Valle de México hoy": se necesita un solo aeropuerto centralizado, exactamente lo que Texcoco ofrecía y Santa Lucía jamás podrá dar. Ocho años después de la cancelación, la realidad aplasta la propaganda oficial.
López Obrador justificó su decisión con el argumento del supuesto hundimiento del terreno en Texcoco, una mentira técnica que ingenieros y especialistas han desmentido repetidamente. El plan hidráulico del NAIM estaba diseñado para resistir cualquier eventualidad, pero la consulta amañada de 2018 selló el destino de la obra.
Hoy el oriente sigue marginado, el espacio aéreo sigue colapsado y el país carga con la factura de miles de millones desperdiciados en cancelaciones y en un elefante blanco en Santa Lucía. Slim no solo criticó una decisión administrativa: exhibió el costo humano de la soberbia presidencial que prefirió el capricho ideológico al progreso de millones.
El NAIM en Texcoco debió construirse. Esa es la conclusión ineludible que ni toda la maquinaria propagandística del régimen logrará borrar de la historia.