La presidenta Claudia Sheinbaum volvió a recurrir a las cifras oficiales para pintar un panorama de seguridad que contrasta radicalmente con la realidad que viven millones de mexicanos. En su más reciente conferencia matutina, la mandataria presumió una reducción del 49% en homicidios dolosos desde el inicio de su administración, una estadística que genera más dudas que certezas entre analistas de seguridad.

El secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, Omar García Harfuch, acompañó el discurso triunfalista con otro dato: 92 extradiciones de presuntos delincuentes entre septiembre de 2024 y mayo de 2025, acusados de secuestro, extorsión y ataques contra autoridades. Sin embargo, el funcionario omitió mencionar cuántos de estos casos corresponden a capturas recientes o simplemente a trámites burocráticos heredados de administraciones anteriores.

La estrategia de comunicación del gobierno morenista parece calcada del manual de la administración anterior: bombardear con números descontextualizados mientras las familias mexicanas siguen sin poder salir tranquilas a la calle. Las encuestas de percepción ciudadana cuentan una historia muy distinta a la narrativa oficial, con la inseguridad manteniéndose como la principal preocupación nacional.

Expertos en seguridad han señalado repetidamente que las cifras oficiales de homicidios pueden manipularse mediante reclasificaciones de delitos o simplemente ocultando cuerpos en la categoría de "desaparecidos". Mientras Sheinbaum celebra porcentajes, los colectivos de búsqueda siguen encontrando fosas clandestinas y las familias continúan sin respuestas sobre el paradero de sus seres queridos.

La apuesta del gobierno federal por las estadísticas como herramienta de propaganda ignora el hartazgo social ante la violencia cotidiana. Las extorsiones telefónicas, los secuestros express y el cobro de piso siguen siendo el pan de cada día en amplias zonas del país, delitos que raramente aparecen en las gráficas que Sheinbaum exhibe con orgullo cada mañana.

Lo que el discurso oficial no menciona es que una reducción porcentual puede ser resultado de una base de comparación artificialmente inflada o de cambios en los métodos de conteo. La pregunta que millones de mexicanos se hacen no es si bajó un porcentaje en las estadísticas, sino si pueden caminar seguros por su colonia, si sus negocios están a salvo de la extorsión, si sus hijos regresarán con bien de la escuela.

Mientras Morena siga apostando por el triunfalismo estadístico en lugar de reconocer la magnitud del problema de inseguridad, la brecha entre el discurso gubernamental y la realidad ciudadana seguirá ampliándose. Las cifras pueden maquillarse, pero el miedo en las calles no se disfraza con porcentajes.