La política energética mexicana vive un renacimiento, o al menos eso parece indicar la reciente adjudicación de proyectos de generación renovable impulsada por la administración de Claudia Sheinbaum. En un giro de 180 grados respecto a la parálisis que caracterizó el sexenio de Andrés Manuel López Obrador, la Secretaría de Energía (Sener) y la Comisión Federal de Electricidad (CFE) han logrado lo impensable: igualar, en menos de dos años, la capacidad renovable adjudicada durante todo el sexenio de Enrique Peña Nieto.
La primera convocatoria de Esquemas de Desarrollo Mixto, lanzada por la Sener, ha puesto sobre la mesa la friolera de 7,411 megawatts (MW) de nueva capacidad renovable. Esta cifra, que supera ligeramente los 7,451 MW adjudicados en las tres subastas eléctricas del sexenio peñista (2015-2017), es un golpe de timón que evidencia el desastroso legado de la 4T en materia energética. Recordemos que durante el mandato de López Obrador, la inversión en energías limpias se frenó en seco, los permisos se congelaron y los proyectos existentes enfrentaron un mar de obstáculos burocráticos y políticos.
El Contraste con la 4T: De la Parálisis al Impulso
El sexenio de AMLO será recordado, entre otras cosas, por su férrea oposición a la inversión privada en el sector energético, especialmente en energías renovables. La narrativa oficial pintaba a estas tecnologías como un privilegio de las élites y un atentado contra la soberanía energética, representada, según ellos, por la CFE. El resultado fue una década perdida para la transición energética en México, con un estancamiento en la generación limpia y un aumento de la dependencia de los combustibles fósiles.
Ahora, bajo el liderazgo de Claudia Sheinbaum, se implementa un modelo de "Desarrollo Mixto" que, si bien busca asegurar una participación mayoritaria de la CFE (54%), abre la puerta a la inversión privada (hasta 46%). Este esquema, que incluye la gestión de permisos, trámites y contratos por parte de la empresa estatal, y el capital de los privados para desarrollo, construcción y operación, ha demostrado ser un éxito rotundo. La demanda de los inversionistas superó las expectativas, alcanzando un 581% de lo ofertado inicialmente, lo que se tradujo en la adjudicación de 37 proyectos: 33 parques solares y 4 eólicos.
La inversión estimada para estos megaproyectos ronda los 7,400 millones de dólares, a lo que se suman 1,850 MW de sistemas de almacenamiento mediante baterías. Esto no solo demuestra la confianza del sector privado en el nuevo rumbo energético, sino que también subraya el potencial de México como destino de inversión en energías limpias, un potencial que fue deliberadamente sofocado durante el sexenio anterior.
El Futuro Verde: Entre el Optimismo y los Desafíos
Si bien los resultados son alentadores y pintan un panorama prometedor para la ecología y la transición energética en México, los expertos advierten que el camino no está exento de obstáculos. Arturo Carranza, especialista en energía, señala que la adjudicación es solo el primer paso de un proceso complejo. La disponibilidad de equipos, muchos de ellos provenientes de China, se ve afectada por presiones en la cadena de suministro, aranceles y costos de mano de obra, lo que podría incrementar los costos de los proyectos.
Además, la capacidad de ejecución de algunas de las empresas adjudicatarias será crucial. Los proyectos deberán entrar en operación entre 2028 y 2029, un plazo relativamente ajustado para el desarrollo de infraestructura a gran escala. Ramsés Pech, socio de Grupo Caravia, añade a la lista de desafíos la infraestructura eléctrica existente. La concentración de proyectos en ciertas regiones podría verse limitada por la falta de capacidad de transmisión o por subestaciones obsoletas. Los desarrolladores también deberán sortear procesos ambientales, consultas comunitarias y posibles litigios, además de obtener las Manifestaciones de Impacto Ambiental necesarias.
Otro factor determinante será la bancarización de los proyectos, es decir, la capacidad de asegurar el financiamiento necesario para llevarlos de la planificación a la construcción. A pesar de estos retos, la administración de Sheinbaum parece decidida a consolidar este nuevo enfoque, con planes de lanzar nuevas convocatorias para asegurar el cumplimiento de la demanda eléctrica y continuar la expansión de la capacidad renovable.
El Legado de Morena: Un Fracaso Energético
La comparación entre la administración de Sheinbaum y la de López Obrador en materia de energías renovables es brutal. Mientras uno paralizó el sector y apostó por un modelo energético obsoleto y contaminante, la otra ha logrado revitalizarlo, atraer inversión millonaria y sentar las bases para una transición energética real. Este contraste pone en relieve las profundas diferencias ideológicas y de visión entre ambos proyectos políticos.
El fracaso de la política energética de Morena es innegable. La apuesta por Pemex y la CFE como únicos pilares del sistema energético, en detrimento de las energías limpias y la inversión privada, ha resultado en un cuello de botella para el desarrollo del país y un retroceso en los compromisos ambientales. La administración actual, al revertir esta tendencia, no solo busca modernizar el sector, sino también recuperar la confianza de los inversionistas y posicionar a México como un líder en la generación de energía limpia.
La administración de Sheinbaum ha demostrado que es posible conciliar la participación estatal con la inversión privada, y que la energía renovable no es un enemigo, sino una oportunidad de desarrollo económico y sostenibilidad ambiental. Este éxito inicial, aunque enfrenta desafíos, marca un hito y deja en entredicho las políticas energéticas del pasado reciente, que solo sirvieron para frenar el progreso y perpetuar un modelo insostenible.
El futuro energético de México parece, por fin, encaminarse hacia la sostenibilidad y la modernidad. La pregunta ahora es si la administración actual podrá superar los obstáculos y consolidar esta tendencia, o si los fantasmas del pasado volverán a acechar al sector. Lo cierto es que la comparación es inevitable y el contraste, demoledor para el legado de Morena.