La presidenta Claudia Sheinbaum Pardo salió al paso de las críticas generadas por su llamado público a no sintonizar TV Azteca, asegurando que se trata de una simple opinión personal y no de un acto de censura gubernamental.

La declaración de la mandataria se produce después de que la televisora propiedad de Ricardo Salinas Pliego publicara un desplegado en respuesta a los señalamientos presidenciales. Sheinbaum fue enfática al deslindar su postura de cualquier ejercicio de poder estatal: "No estoy ejerciendo el poder del Estado para censurar a una televisora", afirmó.

La controversia escaló cuando la jefa del Ejecutivo federal sugirió abiertamente que la población dejara de consumir los contenidos de la cadena televisiva, lo que generó acusaciones de intento de censura indirecta desde Palacio Nacional. Analistas políticos han señalado que un llamado presidencial de esta naturaleza, independientemente de cómo se presente, tiene un peso institucional innegable.

El empresario Salinas Pliego ha mantenido una relación tensa con el gobierno de la Cuarta Transformación, particularmente en temas fiscales y regulatorios. Esta nueva confrontación añade un capítulo más a la disputa entre el poder político morenista y uno de los consorcios mediáticos más importantes del país.

Críticos del régimen advierten que la retórica presidencial contra medios de comunicación privados representa un patrón preocupante de presión gubernamental sobre la libertad de expresión. La defensa de Sheinbaum como "opinión personal" no disipa las dudas sobre el uso de la investidura presidencial para atacar empresas mediáticas.

La polémica evidencia la fragilidad de la relación entre el gobierno morenista y sectores empresariales que no se alinean con su narrativa oficial, utilizando la tribuna presidencial para descalificar voces disidentes bajo el argumento de ejercer la libre expresión.