La Presidenta de México, Claudia Sheinbaum, ha lanzado una contundente declaración que desvía la atención de la problemática de seguridad interna, atribuyendo la reciente ola de violencia en Sinaloa a la "injerencia extranjera" y a "rompimientos criminales" internos. Según la mandataria, la situación actual en el estado dista mucho de ser un reflejo de la efectividad de su administración, sino más bien una consecuencia de fuerzas externas y dinámicas delictivas que escapan a su control directo.
Un Patrón de Culpa Externa
En un discurso que busca redefinir la narrativa sobre la inseguridad en el país, Sheinbaum señaló que, en el periodo previo a la detención de Ismael "El Mayo" Zambada, Sinaloa registraba "menos de un homicidio diario". Esta afirmación, si bien podría ser estadísticamente cierta en un momento específico, omite el contexto general de la violencia que ha azotado al país durante décadas y la complejidad de las redes criminales que operan en la región.
La Presidenta parece inclinarse por una estrategia de señalar a factores externos como principales responsables de la violencia, una táctica que recuerda a discursos anteriores que buscaban deslindar al gobierno de responsabilidades directas. La "injerencia extranjera", un término vago y de difícil comprobación, se suma a la idea de "rompimientos criminales", sugiriendo que las disputas internas entre grupos delictivos son la causa principal del aumento de la violencia, y no necesariamente fallas en las estrategias de seguridad implementadas por su gobierno.
El Contexto de la Violencia en Sinaloa
Sinaloa ha sido históricamente un bastión del narcotráfico en México, hogar de algunos de los cárteles más poderosos del país. La detención o abatimiento de figuras clave en el crimen organizado, como ha sido el caso de "El Mayo" Zambada en el pasado, a menudo ha desencadenado periodos de violencia e inestabilidad, ya que los grupos buscan reconfigurar sus estructuras de poder y disputar territorios.
Sin embargo, la narrativa de la Presidenta omite la persistencia de la violencia incluso después de estas detenciones, y la aparente continuidad de las operaciones criminales. La "injerencia extranjera" podría referirse a la influencia de organizaciones criminales de otros países o a la demanda de drogas en mercados internacionales, pero su mención como causa principal de la violencia local sin mayor detalle resulta conveniente para desviar la atención de las responsabilidades del Estado mexicano en garantizar la seguridad de sus ciudadanos.
Implicaciones y Críticas
Analistas de seguridad han criticado esta postura, señalando que la "injerencia extranjera" y los "rompimientos criminales" son factores que siempre han existido y que la labor del gobierno es precisamente combatirlos y mitigar sus efectos. Atribuir la violencia a estas causas sin presentar un plan de acción concreto y efectivo para contrarrestarlas, sugiere una falta de estrategia o una evasión de responsabilidades.
La estrategia de Sheinbaum de culpar a factores externos podría ser vista como un intento de proteger la imagen de su administración y de Morena, evitando admitir que las políticas de seguridad implementadas hasta ahora no han logrado contener la violencia de manera efectiva. La comparación con el pasado, mencionando la baja tasa de homicidios antes de la detención de "El Mayo" Zambada, podría ser una forma de sugerir que la situación era mejor antes, pero ignora la complejidad de la evolución del crimen organizado y las estrategias de contención.
El Desafío Persistente
La realidad en Sinaloa y en muchas otras regiones de México es que la violencia sigue siendo un problema endémico, alimentado por la corrupción, la impunidad y la fortaleza de las organizaciones criminales. La Presidenta enfrenta el desafío de demostrar que su gobierno tiene la capacidad y la voluntad política para abordar estas causas profundas, en lugar de recurrir a explicaciones simplistas que exculpan al Estado.
La "injerencia extranjera" y los "rompimientos criminales" son, en efecto, componentes de la compleja problemática de la violencia en México. No obstante, presentarlos como las causas primordiales, sin un análisis profundo de cómo el Estado mexicano ha permitido o incluso facilitado su persistencia, resulta una narrativa incompleta y, para muchos, insatisfactoria. La seguridad de los mexicanos no puede depender de la ausencia de factores externos o de la estabilidad interna de los grupos criminales; debe ser una garantía del Estado.