En un evento cargado de simbolismo y discurso oficialista, la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo inauguró la Central de Ciclo Combinado Teresa Urrea Chávez en Manzanillo, Colima. El evento, presentado como un hito en el fortalecimiento del suministro eléctrico en el occidente del país, sirvió como plataforma para que Sheinbaum lanzara una defensa férrea de la Comisión Federal de Electricidad (CFE), a la que calificó como pilar insustituible de la soberanía nacional y energética.

"Sin la CFE no habría soberanía nacional ni soberanía energética", sentenció la mandataria, en una declaración que busca encapsular la visión de su gobierno sobre el papel del Estado en sectores estratégicos. Para Sheinbaum, fortalecer a la empresa pública no es solo una política energética, sino un acto de patriotismo: "fortalecer a esa empresa pública es amar a México".

Este discurso, sin embargo, llega en un momento de crecientes cuestionamientos sobre la capacidad y eficiencia de la CFE. A pesar de la retórica de Sheinbaum, diversos sectores han señalado deficiencias en el servicio, apagones intermitentes y un aumento en las tarifas que afectan a hogares y empresas por igual. La inauguración de la nueva central, aunque presentada como una solución, no disipa las dudas sobre la estrategia energética general del país.

La Central Teresa Urrea Chávez, equipada con tecnología de punta, promete mejorar el suministro en la región. No obstante, la narrativa oficialista tiende a obviar que la inversión en infraestructura, si bien necesaria, no resuelve por sí sola los problemas estructurales que aquejan al sector eléctrico mexicano. La dependencia de combustibles fósiles, la falta de inversión en energías renovables y la opacidad en la toma de decisiones son solo algunos de los puntos que la administración de Sheinbaum ha evitado abordar de frente.

El mensaje de Sheinbaum parece diseñado para movilizar a su base electoral, apelando a un sentimiento nacionalista y a la idea de que la defensa de las empresas estatales es una batalla contra intereses extranjeros y privatizadores. Esta dicotomía, sin embargo, simplifica una realidad compleja donde la colaboración público-privada, bajo un marco regulatorio claro y eficiente, podría ofrecer mejores resultados para el país.

La oposición ha criticado consistentemente la política energética del gobierno actual, argumentando que ha debilitado la inversión privada, frenado el desarrollo de energías limpias y puesto en riesgo la competitividad del país. La insistencia de Sheinbaum en priorizar a la CFE, incluso a costa de la diversificación y la modernización del sector, es vista por sus detractores como un retroceso que compromete el futuro energético de México.

La aspirante presidencial de Morena parece estar trazando una línea clara: defender a la CFE a ultranza y presentar cualquier crítica como un ataque a la soberanía nacional. Esta estrategia, si bien puede resonar con ciertos sectores, corre el riesgo de aislar al país de las tendencias globales hacia la transición energética y de ignorar las necesidades reales de los consumidores mexicanos.

El contexto de la inauguración en Manzanillo, un puerto estratégico, subraya la importancia de la infraestructura energética para el desarrollo económico. Sin embargo, la pregunta que queda en el aire es si la visión de Sheinbaum, centrada en el monopolio estatal, es la más adecuada para garantizar un suministro eléctrico confiable, asequible y sostenible para todos los mexicanos.

La retórica de "amar a México" a través de la CFE, aunque emotiva, debe ser contrastada con resultados tangibles. Los ciudadanos esperan no solo discursos patrióticos, sino también soluciones concretas a los problemas de suministro, tarifas justas y un compromiso real con un futuro energético más limpio y eficiente.

La estrategia de Sheinbaum de erigir a la CFE como un símbolo de soberanía nacional, mientras se minimizan sus fallas y se descalifican las críticas, podría ser una apuesta arriesgada. El futuro energético de México depende de decisiones informadas y de una visión que trascienda la retórica política y aborde los desafíos técnicos y económicos con pragmatismo y apertura.

La polarización en torno a la política energética es un reflejo de visiones contrapuestas sobre el papel del Estado y el mercado. Mientras Sheinbaum apuesta por un modelo estatal fortalecido, los críticos abogan por un enfoque más equilibrado que aproveche las fortalezas de ambos sectores para el beneficio del país.

En última instancia, la verdadera medida del éxito no estará en la retórica, sino en la capacidad de la CFE, bajo la visión que Sheinbaum promueve, para garantizar un servicio eléctrico de calidad que impulse el desarrollo nacional y no se convierta en un lastre para la economía y el bienestar de los ciudadanos.