Baja California vuelve a convertirse en el epicentro de la violencia criminal tras confirmarse la ruptura de la alianza que mantenían operadores del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) con la facción de Los Chapitos del Cártel de Sinaloa. Autoridades estatales identificaron el quiebre en distintos municipios de la entidad fronteriza, donde ambas organizaciones habían cooperado desde 2025.
El Índice de Paz México 2026 sitúa a Baja California como el territorio más afectado por la confrontación entre estas dos organizaciones. De los 30 mil homicidios que la guerra entre el CJNG y el Cártel de Sinaloa provocó en la última década, el 55 por ciento ocurrió en este estado. Tijuana, Mexicali y Ensenada concentran la mayor parte de los enfrentamientos por el control de rutas de tráfico hacia Estados Unidos.
La alianza temporal entre el CJNG y Los Chapitos surgió tras el secuestro y entrega de Ismael "El Mayo" Zambada a autoridades estadounidenses en julio de 2024. Ese episodio desató una guerra interna en el Cártel de Sinaloa entre la facción de Los Chapitos y La Mayiza, obligando a reacomodos criminales en todo el norte del país. El secretario de Seguridad estatal, Laureano Carrillo Rodríguez, confirmó evidencias de esa cooperación en Tecate y Tijuana, incluyendo un operativo en el Cerro Cuchumá en enero de 2026 donde se detectó presencia conjunta de ambos grupos.
Ahora, tras la muerte de Nemesio Oseguera Cervantes, "El Mencho", líder del CJNG, las alianzas vuelven a fracturarse. Carrillo Rodríguez advirtió que los liderazgos actuales permanecen en proceso de definición y que las células delictivas continúan modificándose en la frontera. Reportes de inteligencia señalan movimientos de operadores criminales en Mexicali, San Quintín y Ensenada, donde distintas facciones pelean por controlar el tráfico de cocaína y metanfetamina.
En Tecate, integrantes que pertenecían a La Mayiza abandonaron esa facción para sumarse a grupos del CJNG y Los Chapitos. La fragmentación del Cártel de Sinaloa modificó temporalmente el mapa criminal de la región, pero la ruptura actual amenaza con elevar nuevamente los niveles de violencia en un estado que ya acumula más de 16 mil homicidios relacionados con esta guerra en los últimos diez años.
Las autoridades estatales reconocen que el escenario es volátil. Con liderazgos en disputa y territorios sin control claro, Baja California enfrenta un nuevo ciclo de violencia criminal que pone en riesgo a la población civil atrapada en medio de una guerra que no cesa.