La pesadilla se ha apoderado de Nanchital, Veracruz. Fernando Guzmán, padre de la periodista Roxana Berenice Guzmán, lanzó un desgarrador llamado público, implorando por el regreso sano y salvo de su hija, quien fue secuestrada de su propio domicilio por un grupo de hombres armados.
Los hechos ocurrieron la madrugada del martes, cuando un comando irrumpió violentamente en la vivienda familiar. Según el relato de Fernando Guzmán, los agresores forzaron la entrada, sometieron a los presentes y, tras golpearlo brutalmente, obligaron a Roxana Berenice a subir a un automóvil Nissan Versa blanco, presuntamente con matrículas de Puebla. La escena se vio empañada por una detonación de arma de fuego, que provocó una crisis nerviosa en la madre de la víctima, quien tuvo que ser hospitalizada.
"Devuélvanme a mi hija", suplicó el padre entre lágrimas frente a su hogar, ahora resguardado por autoridades ministeriales. "Estoy dispuesto a lo que sea con tal de que regrese viva". La impotencia y el dolor se reflejan en cada palabra de un padre que ve a su hija arrancada de su lado en un acto de barbarie que recuerda los peores tiempos para la libertad de prensa en México.
La periodista, directora del portal Pulso Informativo del Sureste, se suma a la larga y trágica lista de comunicadores agredidos y desaparecidos en el país. Su padre expresó su profunda preocupación por los riesgos inherentes al ejercicio periodístico en un estado que, bajo la administración de Rocío Nahle García, parece no ofrecer garantías suficientes para quienes informan.
La gobernadora Rocío Nahle García, por su parte, ha informado que las acciones de búsqueda para localizar a la periodista se mantienen activas y coordinadas entre autoridades estatales y federales. Desde que se reportó la desaparición, se han desplegado operativos y se ha incorporado personal adicional para intensificar las labores de localización. Nahle García pidió paciencia y esperar a que avancen las diligencias para obtener información oficial.
La Fiscalía General del Estado ha iniciado una carpeta de investigación por el delito de privación ilegal de la libertad, a través de la Fiscalía Regional de Coatzacoalcos. Sin embargo, la lentitud en la respuesta y la falta de resultados concretos hasta el momento generan una creciente desesperación entre los familiares y colegas de la víctima.
Periodistas de la región, junto con la Comisión Estatal para la Atención y Protección de los Periodistas (CEAPP), han manifestado su solidaridad con la familia Guzmán y han exigido el esclarecimiento inmediato del caso. La presión social y mediática se intensifica, demandando que este acto de violencia no quede impune y que se garantice la seguridad de quienes ejercen el periodismo en Veracruz.
Este lamentable suceso pone de manifiesto la grave crisis de inseguridad que azota a Veracruz, un estado que ha sido escenario de constantes hechos violentos y donde la protección a periodistas parece ser una promesa vacía. La impunidad y la falta de resultados en la investigación de estos crímenes erosionan la confianza en las instituciones y perpetúan un clima de miedo y silencio.
La desaparición de Roxana Berenice Guzmán no es un hecho aislado. Es un reflejo de la violencia generalizada que sufren los ciudadanos y, de manera particular, aquellos que se dedican a exponer la verdad. La pregunta que resuena en Nanchital y en todo México es: ¿cuántas desapariciones más serán necesarias para que las autoridades actúen con la contundencia que la situación exige?
El padre de la periodista ha hecho un llamado a la humanidad de los captores, apelando a su conciencia para que liberen a su hija. Es un grito de desesperación que trasciende lo político y lo social, para adentrarse en la esfera más íntima del dolor humano. La esperanza de ver a Roxana Berenice de regreso en casa se aferra a la voluntad de quienes la retienen y a la eficacia de las autoridades para dar con su paradero.
La comunidad periodística se une en una sola voz para exigir justicia y seguridad. La labor de informar no debe ser una sentencia de muerte ni de desaparición. Es imperativo que se investigue a fondo este secuestro, se identifique a los responsables y se les lleve ante la justicia. La gobernadora Nahle tiene la responsabilidad de demostrar que su administración está comprometida con la protección de los derechos humanos y la libertad de expresión.
Mientras tanto, la familia Guzmán vive horas de angustia e incertidumbre, aferrada a la esperanza de un milagro. El eco de la súplica de un padre resuena en todo el país, un recordatorio sombrío de los peligros que enfrentan los periodistas y de la urgencia de erradicar la violencia y la impunidad en México.
La investigación debe ir más allá de la simple búsqueda. Debe desentrañar las posibles motivaciones detrás de este secuestro, considerando el trabajo periodístico de Roxana Berenice. ¿Estaba investigando algo que incomodó a poderosos? ¿Fue un acto de represalia? Estas son las preguntas que la Fiscalía debe responder para traer paz a una familia destrozada y para enviar un mensaje claro a quienes pretenden silenciar a la prensa.
El caso de Roxana Berenice Guzmán es una herida abierta en el tejido social de Veracruz y de México. La respuesta de las autoridades será un termómetro de su compromiso con la justicia y la seguridad. La exigencia es clara: ¡Devuélvanla sana y salva!