México se encuentra en una encrucijada económica global. Las tensiones comerciales entre potencias, la fragilidad de las cadenas de suministro y la revisión del T-MEC han catapultado al país al centro de la manufactura, la logística y la inversión. Sin embargo, voces empresariales alertan que el potencial se está diluyendo por rezagos internos.

Durante el Foro de Emisoras 2026 de la Bolsa Mexicana de Valores, figuras clave de Toyota de México y Fibra Prologis coincidieron en que, si bien México conserva ventajas estratégicas invaluables, la falta de inversión en infraestructura, la incertidumbre jurídica y la seguridad son frenos significativos que amenazan con dejar pasar una oportunidad histórica.

Lizette Gracida, vicepresidenta de Asuntos Institucionales y Comercio Exterior en Toyota de México, subrayó la profunda transformación que vive la industria automotriz, marcada por la electrificación y la digitalización. La empresa nipona, dijo, está evolucionando de ser un fabricante de autos a un proveedor integral de soluciones de movilidad, adoptando una estrategia "multitecnológica" para reducir emisiones.

"La industria está enfrentando una transformación que no se ha visto en los últimos 100 años. Toyota también está transitando de ser meramente una empresa automotriz a convertirse en una empresa de movilidad", afirmó Gracida. La directiva detalló que Toyota apuesta por vehículos híbridos, eléctricos e incluso de hidrógeno, con la meta de que todas sus plantas alcancen la neutralidad de carbono para 2035, enfatizando que la descarbonización abarca toda la cadena de valor, no solo los vehículos.

El panorama de la electromovilidad en México, sin embargo, presenta un contraste marcado con las tendencias globales. Mientras las ventas de vehículos eléctricos a nivel mundial superaron los 17 millones de unidades en 2025, impulsadas por China, Europa y EE.UU., en México el avance es lento. La escasez de infraestructura de carga –apenas 3,000 puntos para más de 130 millones de habitantes– y la ausencia de incentivos fiscales robustos, a diferencia de Estados Unidos, dificultan la adopción masiva.

El fenómeno del "nearshoring", la relocalización de empresas cerca de sus mercados de consumo, acaparó gran parte del debate. Jorge Girault, director general de Fibra Prologis, lo describió no como una novedad, sino como una consecuencia lógica de la vecindad geográfica y la integración manufacturera iniciada con el TLCAN. "El nearshoring no empezó ayer. México sigue siendo el vecino de Estados Unidos y eso no va a cambiar", sentenció.

No obstante, ambos ponentes lamentaron que México no esté capitalizando plenamente esta tendencia. Gracida citó el índice Kearney Reshoring Index, que ubica a México en el lugar 15 en captación de inversiones por relocalización, por debajo de naciones como Vietnam, a pesar de compartir una extensa frontera con EE.UU.

La presión de Washington para incrementar el contenido estadounidense en sectores clave, como el automotriz, también genera preocupación. Estas medidas podrían incentivar a las empresas a trasladar su producción a territorio estadounidense, mermando la competitividad de México en la región.

Datos de la Secretaría de Economía revelan que México atrajo 36,872 millones de dólares de inversión extranjera directa en 2025, con manufactura, logística y comercio como motores principales. Sin embargo, organismos internacionales como el Banco Mundial y la OCDE han reiterado que la falta de infraestructura, energía confiable y certidumbre regulatoria son obstáculos persistentes para consolidar estas inversiones.

Girault observó que, si bien la demanda industrial en México sigue activa, su ritmo se ha desacelerado tras el auge de 2020-2023. La ocupación de naves industriales en zonas fronterizas ha disminuido de niveles cercanos a la saturación a alrededor del 90%, reflejo de la cautela empresarial ante el incierto entorno comercial y político.

A pesar de los desafíos, los empresarios reiteraron que México posee condiciones únicas para beneficiarse del reordenamiento económico global. La mano de obra calificada, los tratados comerciales vigentes, la ubicación geográfica privilegiada y una sólida capacidad manufacturera son ventajas difíciles de igualar.

"México tiene todo. Tiene empresarios profesionales, mano de obra, tratados comerciales y cercanía con Estados Unidos. Lo que falta es empujar más rápido", concluyó Girault, haciendo un llamado a la acción para superar los obstáculos estructurales y aprovechar al máximo la oportunidad que presenta el nuevo orden económico mundial.

La industria y el sector logístico, pilares de la economía mexicana, enfrentan así el reto de transformar el potencial en resultados tangibles, exigiendo políticas públicas más audaces y una inversión decidida en los rubros que hoy limitan su crecimiento y competitividad internacional.