El panorama político israelí se agita con la decisión del presidente Isaac Herzog de encargar al opositor Gadi Eisenkot la formación de un gobierno. Este movimiento representa un revés significativo para el primer ministro Benjamin Netanyahu, quien ha dominado la escena política por un tiempo prolongado.
Eisenkot, exjefe militar y principal rival de Netanyahu, ahora tiene un plazo de seis semanas para navegar las complejas aguas de la política israelí y lograr conformar una mayoría parlamentaria. La tarea no es sencilla, dada la profunda división que atraviesa el país, exacerbada por los ataques del 7 de octubre de 2023 y los conflictos bélicos subsiguientes.
Un Camino Empedrado Hacia la Formación de Gobierno
Tras las elecciones del 27 de octubre, la mayoría de los partidos políticos israelíes expresaron al presidente Herzog su preferencia por que Eisenkot asumiera la responsabilidad de formar gobierno. Sin embargo, la aritmética parlamentaria presenta un desafío considerable. Ningún bloque obtuvo una mayoría clara, lo que obliga a complejas negociaciones y posibles concesiones que podrían alienar a bases electorales.
La posibilidad de incluir a partidos liderados por árabes en una coalición es un escenario políticamente delicado. Históricamente, solo en una ocasión un partido árabe ha formado parte de un gobierno en Israel. Para Eisenkot, forjar una alianza de este tipo podría ser particularmente divisivo, especialmente después de años de conflicto en Gaza.
La Estrategia de Netanyahu y las Divisiones Internas
Benjamin Netanyahu no se ha quedado de brazos cruzados. Ha lanzado una campaña para obstaculizar cualquier entendimiento entre Eisenkot y los partidos árabes, llegando a hacer afirmaciones sin fundamento sobre presuntos fraudes electorales. En un comunicado reciente, Netanyahu abogó por un "gobierno de unidad nacional" y advirtió contra la inclusión de "partidarios de terroristas", refiriéndose a los partidos árabes.
Netanyahu y sus aliados han caracterizado repetidamente a los partidos árabes como una amenaza a la seguridad nacional. Por su parte, Eisenkot ha manifestado una disposición a colaborar bajo ciertas condiciones, como la designación de Hamás como grupo terrorista a ser erradicado.
Opciones de Coalición y Profundas Diferencias
Una vía potencial para Eisenkot y Netanyahu, cuyo partido Likud es el más grande en el parlamento, sería la formación de un amplio gobierno de unidad con los principales partidos judíos. No obstante, las diferencias ideológicas entre ambos líderes son profundas y abarcan temas cruciales. Entre ellos, destaca la dependencia de Netanyahu de partidos religiosos que exigen exenciones del servicio militar para los hombres ultraortodoxos, así como la resistencia del actual primer ministro a una investigación formal sobre las fallas previas a los ataques del 7 de octubre.
Otra alternativa para Eisenkot sería un gobierno en minoría, sustentado por el apoyo externo de partidos árabes que no serían miembros formales de la coalición. Sin embargo, esta opción enfrenta la oposición de otros integrantes de su propio bloque, quienes han declarado su rechazo a este tipo de alianzas.
Reacciones y el Futuro Incierto
El partido de Eisenkot, Yashar, respondió a las declaraciones de Netanyahu a través de un comunicado en X, instando a los miembros del Likud a distanciarse de "partidos radicales", una aparente alusión a la extrema derecha religiosa y nacionalista dentro de la coalición de Netanyahu. El comunicado enfatizó que Eisenkot solo integraría partidos y parlamentarios que adhieran a sus principios.
La situación actual en Israel subraya la fragilidad de su sistema político y la dificultad inherente a la conformación de gobiernos estables en un contexto de profundas divisiones y amenazas externas. La tarea de Eisenkot será un termómetro de la capacidad de las fuerzas políticas israelíes para superar sus diferencias en aras de la gobernabilidad.
El encargo a Eisenkot, aunque representa una oportunidad para un cambio de liderazgo, también pone de manifiesto los enormes desafíos que enfrenta Israel. La capacidad de formar un gobierno funcional y unificado será crucial para abordar las complejas crisis internas y externas que definen la agenda del país. La comunidad internacional observa de cerca, consciente de que la estabilidad en Israel tiene repercusiones regionales significativas.
La dinámica entre Netanyahu y Eisenkot, así como la influencia de los partidos minoritarios, determinarán el rumbo político de Israel en los próximos meses. La presión por la unidad nacional choca con las profundas divisiones ideológicas y las exigencias de las distintas facciones, creando un escenario de alta incertidumbre.