La promesa de un auge en energías renovables en México se encuentra en una encrucijada crítica. A pesar de los ambiciosos planes para incorporar miles de megawatts de nueva capacidad de generación, la infraestructura de transmisión eléctrica avanza a un paso considerablemente más lento, creando un cuello de botella que podría limitar severamente el aprovechamiento de esta energía limpia.
El Desfase Estructural: Generación vs. Transmisión
El panorama energético mexicano se perfila para una expansión significativa, con planes que contemplan la adición de más de 32,000 megawatts de nueva capacidad de generación eléctrica. Sin embargo, la columna vertebral de este crecimiento, la red de transmisión, no parece seguir el mismo ritmo. Este desfase estructural representa un riesgo latente de que una porción considerable de la electricidad generada, especialmente la proveniente de fuentes renovables, no logre llegar a los hogares, industrias y empresas que la demandan.
En respuesta a esta problemática, la Comisión Federal de Electricidad (CFE) ha puesto en marcha el Plan de Expansión de la Red Nacional de Transmisión 2025-2030. Este ambicioso programa busca sincronizar el desarrollo de las redes con la entrada en operación de nuevas centrales eléctricas, con un enfoque particular en las renovables. El plan detalla la construcción de 275 nuevas líneas eléctricas y 524 subestaciones para el año 2030, con una inversión proyectada de 163,540 millones de pesos. El objetivo es modernizar el sistema, mejorar la confiabilidad del suministro y facilitar la conexión entre regiones con excedentes de generación y aquellas con déficits, como el Bajío, que actualmente depende en gran medida de la energía proveniente del noroeste del país.
Proyectos Prioritarios Atrapados en el Laberinto Administrativo
La ejecución de estos planes, sin embargo, enfrenta serios desafíos de sincronización. Un análisis del sector revela que los proyectos de transmisión eléctrica avanzan a un ritmo distinto al de la nueva generación adjudicada. En la primera convocatoria de esquemas mixtos, se adjudicaron 7,411 megawatts en proyectos solares y eólicos, cuya entrada en operación se espera entre 2028 y 2029. Esta cifra es comparable a la totalidad de megawatts asignados en las subastas eléctricas del sexenio anterior. El verdadero problema no reside en la capacidad de generación en sí, sino en la infraestructura de transmisión que debe desarrollarse de manera paralela.
La gestión de varios proyectos prioritarios de transmisión se realiza a través del Sistema de Contratación y Control de Empresas (Scoee), una plataforma digital de la CFE diseñada para agilizar procesos administrativos. A pesar de ello, un análisis en poder de Expansión señala 13 procedimientos en curso dentro del Scoee que abarcan 16 proyectos de infraestructura. La preocupación radica en que muchos de estos proyectos fueron identificados desde 2020, con expectativas de entrar en operación entre 2024 y 2025, plazos que no se han cumplido.
Un caso emblemático es el proyecto para aumentar la capacidad de transformación al suroriente de la zona metropolitana de Guadalajara. Identificado como prioritario por la Secretaría de Energía desde 2020, su inicio estaba previsto para 2021 y su operación para abril de 2025. Sin embargo, el calendario se ha pospuesto repetidamente, con la presentación de ofertas y el fallo del proceso de licitación recorridos en múltiples ocasiones. De manera similar, el incremento de capacidad de transformación en Puerto Peñasco, Sonora, una región clave para el gran parque solar impulsado en la administración anterior, también ha sufrido retrasos significativos. Esta obra, instruida desde 2020 con fecha de operación prevista para abril de 2024, aún no se ha concretado.
La Presión Creciente Sobre la Red Eléctrica Nacional
Más allá de los retrasos administrativos, los especialistas advierten sobre la naturaleza intrínseca de la infraestructura de transmisión. Su planeación, construcción y puesta en marcha requieren horizontes temporales más amplios y una coordinación estricta. "Muchos de los proyectos que se están empezando a licitar están vinculados a la transmisión, y si se atrasa uno u otro quedan sin margen de rentabilidad, se van desajustando cosas que al final de cuentas van a tener un costo en el sistema eléctrico pero también para el gobierno. Hoy el desafío más grande está en la ejecución de los proyectos y que se cumplan con los tiempos de los programas de las obras", señala Arturo Carranza, experto en temas de energía.
La tensión se agudiza al contrastar el ritmo de incorporación de nueva capacidad renovable con la expansión de las redes. "La red de transmisión no avanza al ritmo de la generación adjudicada. El éxito del proceso depende de cerrar la brecha entre los 7,411 megawatts y la red nacional de transmisión antes de 2029; esa frase resume el dilema central porque México logró reactivar la inversión renovable después de seis años de parálisis, pero lo hizo sobre una infraestructura que no está lista para recibirla", afirma Ramsés Pech, socio de Grupo Caravia.
El consenso entre los especialistas es claro: es fundamental evitar que la generación de energía quede atrapada en regiones donde no puede ser evacuada eficientemente. Sin redes suficientes, la expansión eléctrica corre el riesgo de convertirse en capacidad subutilizada, un desperdicio de potencial en un momento crucial para la transición energética.
El Camino Hacia la Sincronización Energética
La solución, según los expertos, radica en la ejecución paralela y coordinada de los proyectos de generación y transmisión. "Todo hay que hacerlo de manera paralela, en la forma en la que amplias la generación hay que ampliar las redes eléctricas. Los proyectos que hoy licita CFE son contratos de obra, solo construirán y se los entregan a la CFE y esta les paga por haberlas construido", explica Carranza.
En esencia, el reto fundamental es lograr que la generación y la transmisión avancen al mismo ritmo. De lo contrario, el crecimiento del sistema eléctrico mexicano podría quedarse, literalmente, sin una vía de salida, comprometiendo no solo la rentabilidad de las inversiones, sino también la capacidad del país para aprovechar plenamente su potencial en energías limpias. La apuesta por un futuro energético más verde depende, en gran medida, de la agilidad y eficiencia con la que se fortalezca la red eléctrica nacional.
El sector empresarial y productivo, que ve en las energías renovables una oportunidad para la competitividad y la sostenibilidad, observa con atención estos desarrollos. La capacidad de la red para integrar eficientemente la energía limpia es un factor determinante para la atracción de inversiones y el desarrollo económico del país. Un sistema de transmisión robusto y moderno no solo garantiza el suministro, sino que también impulsa la innovación y la eficiencia en el uso de los recursos energéticos, pilares fundamentales para el progreso.
La ecología, como eje central de la política energética, se beneficia directamente de la expansión de las renovables. Sin embargo, la efectividad de estas políticas está intrínsecamente ligada a la capacidad de la infraestructura para soportar y distribuir la energía generada. Un avance decidido en la modernización de la red eléctrica es, por tanto, un paso indispensable para consolidar los logros en materia ambiental y asegurar un futuro energético sostenible para México.