Las agresivas redadas migratorias implementadas por la administración de Donald Trump en 86 ciudades de Estados Unidos durante el año pasado han generado un impacto económico mucho mayor de lo anticipado, resultando en la pérdida de aproximadamente 668 mil puestos de trabajo. Este dato, revelado por un reciente informe de la Brookings Institution, subraya las severas consecuencias no deseadas de las políticas de "conmoción y pavor" que el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) desplegó.

El estudio detalla cómo estas acciones, diseñadas para disuadir la migración irregular, crearon un "efecto disuasorio" que se propagó por las economías locales. Las empresas, enfrentando incertidumbre y una repentina escasez de mano de obra, se vieron obligadas a reducir sus operaciones, lo que a su vez afectó a trabajadores nacidos en Estados Unidos. La estrategia del ICE, que buscaba ser más visible y generar temor, parece haber tenido un efecto contraproducente en la estabilidad económica.

Los autores del informe, Marcela Escobari, Ian Seyal y Paul Beach, señalan que la escala y la velocidad de estas redadas, concebidas para impactar más allá de la población directamente afectada, han tenido un efecto devastador. "Destruye empleos, perturba negocios que los estadounidenses poseen y administran, y deprime las economías locales en las que los estadounidenses viven y trabajan", advierten en su análisis.

El informe de la Brookings Institution se basó en un análisis comparativo de 86 ciudades que experimentaron un aumento significativo en las acciones de control migratorio durante el primer semestre de 2025, contrastándolas con localidades donde no se observó tal fenómeno. Esta metodología permitió aislar el impacto específico de las redadas del ICE, minimizando la influencia de otros factores económicos.

Los datos utilizados incluyeron registros de arrestos del Proyecto de Datos de Deportación, estimaciones de empleo de la firma especializada Lightcast y registros federales de nómina. Los resultados sugieren que por cada arresto adicional del ICE en estas 86 ciudades, se perdieron alrededor de 13 empleos.

Los sectores que tradicionalmente emplean a una gran cantidad de inmigrantes indocumentados, como la construcción, fueron los más golpeados. Sin embargo, el impacto no se limitó a estas áreas. Sectores como las artes y el entretenimiento, donde la presencia de inmigrantes es menor, también mostraron una disminución notable en el empleo. Esto se explica porque la actividad económica general se reduce cuando las redadas del ICE acaparan la atención pública y generan un clima de temor.

Una de las revelaciones más preocupantes del estudio es que, de los 668 mil empleos estimados como perdidos, entre 51 mil y 297 mil correspondían a trabajadores nacidos en Estados Unidos. Esto desafía la narrativa de que las políticas antimigrantes benefician exclusivamente a la fuerza laboral nativa, demostrando que la interconexión económica es mucho más profunda.

Las empresas que dependen, aunque sea parcialmente, de mano de obra inmigrante se encontraron de repente con una escasez crítica de personal. Para mantener sus operaciones, muchas se vieron forzadas a reducir su fuerza laboral en general, afectando a todos sus empleados, incluidos los ciudadanos estadounidenses.

Además de la pérdida de empleos, el gasto de los consumidores también se vio mermado en las comunidades con una alta concentración de inmigrantes. El informe cita un estudio previo que documentó una caída de hasta el 25 por ciento en el consumo en barrios de Los Ángeles con una población significativa de residentes nacidos en el extranjero, tras el anuncio de una campaña local del ICE.

Esta disminución en el gasto se debe, en parte, al temor de los inmigrantes a ser detenidos y deportados, lo que los lleva a reducir sus actividades económicas y a limitar sus interacciones sociales y comerciales. El clima de miedo generado por las redadas tiene un efecto dominó en la economía local.

Los autores del estudio concluyen de manera contundente que un enfoque de aplicación de la ley a gran escala, basado en la estrategia de "conmoción y pavor", es una herramienta costosa y contraproducente si el objetivo es proteger a los trabajadores estadounidenses y fomentar economías locales resilientes. La Casa Blanca no emitió comentarios inmediatos sobre el informe.

Las tácticas empleadas por el ICE bajo la administración Trump, que incluyeron operativos más amplios y visibles que los programas anteriores de administraciones como las de George W. Bush y Barack Obama, parecen haber exacerbado los problemas económicos en lugar de resolverlos. La Brookings Institution sugiere que la política migratoria debe considerar sus repercusiones económicas de manera integral.

Este informe pone en relieve la complejidad de la relación entre la política migratoria y la salud económica de un país. Las medidas punitivas y de disuasión masiva, si bien pueden tener objetivos políticos claros, acarrean costos económicos y sociales significativos que afectan a toda la sociedad, incluidos los ciudadanos.

La investigación subraya la necesidad de un debate más matizado sobre cómo abordar la migración y sus efectos en la economía, buscando soluciones que no sacrifiquen la estabilidad económica y el bienestar de los trabajadores, tanto inmigrantes como nativos.