En agosto de 2024, Donald Trump prometió a los votantes estadounidenses que reduciría los precios de los alimentos "desde el primer día" de su gobierno. Rodeado de productos envasados, carnes y lácteos, el entonces candidato republicano repitió ese compromiso durante toda su campaña, una oferta que resultó especialmente atractiva tras el incremento de 9.9% en los precios de alimentos registrado en 2022 bajo la administración de Joe Biden.
Sin embargo, más de un año después de su llegada a la Casa Blanca, los precios de los alimentos continúan incrementándose. En abril de 2026, la inflación alimentaria creció 0.5% respecto al mes anterior. De las 15 categorías de alimentos que monitorea el Departamento de Agricultura, nueve presentan aumentos superiores a su tasa de crecimiento histórica promedio de los últimos 20 años.
La única excepción notable es el huevo, cuyo precio cayó a 2.3 dólares por docena en abril de 2026, casi la mitad de lo que costaba un año antes. Esta reducción se debe a la recuperación de la población de gallinas ponedoras tras el brote de gripe aviar que había disparado los precios. Aun así, productos como carne de res, pescados, mariscos, frutas y verduras frescas mantienen tendencias alcistas.
Economistas señalan que el presidente de Estados Unidos tiene poco control directo sobre los precios de los alimentos a corto plazo. No obstante, algunas políticas de Trump podrían estar contribuyendo al problema. Diane Swonk, economista jefe de KPMG, advierte que los cambios en políticas arancelarias y de inmigración están generando presiones inflacionarias.
El sector agrícola, donde se estima que hasta 40% de los trabajadores son inmigrantes, enfrenta presiones salariales al alza para atraer mano de obra. Además, el aumento en los precios de los combustibles derivado del conflicto con Irán iniciado en febrero también impacta los costos de producción alimentaria.
Durante la campaña de 2024, el 76% de los votantes que dijeron tener problemas por la inflación optaron por Trump, según encuestas de CNN. La percepción de que Biden no manejó bien la economía fue determinante. Ahora, con los precios alimentarios persistentemente altos, el presidente republicano enfrenta el mismo desafío que criticó a su predecesor.
La promesa de bajar los precios "inmediatamente" choca con una realidad económica compleja, donde factores globales, cadenas de suministro y políticas migratorias se entrelazan para mantener la presión sobre el bolsillo de los consumidores estadounidenses.