La reconocida escritora y periodista Elena Poniatowska Amor, galardonada con el Premio Cervantes en 2013, ha lanzado una severa crítica hacia la creciente influencia de los "influencers" en el ámbito de la comunicación, argumentando que su labor tiende a "deshumanizar" el periodismo.

En una reciente conferencia magistral, Poniatowska, cuya trayectoria literaria y periodística ha sido fundamental en la cultura mexicana, subrayó la esencia del periodismo: lograr que el otro hable y, a partir de ello, comunicar un mensaje con profundidad y empatía. Esta labor, señaló, es crucial no solo en el periodismo, sino en todas las disciplinas que utilizan la escritura como vehículo para transmitir ideas y experiencias.

La autora de "La noche de Tlatelolco" evocó un pasaje de su propia experiencia, recordando una anécdota con el célebre muralista Diego Rivera. "Le pregunté por qué era tan barrigón", relató Poniatowska, a lo que Rivera respondió con picardía: "Ah, porque me como a las muchachas polaquitas". Este tipo de interacciones, donde la personalidad y el contexto del entrevistado emergen de manera natural, son, según la escritora, el corazón del periodismo auténtico.

La Superficialidad Digital Frente a la Profundidad Humana

Poniatowska contrastó estas interacciones significativas con la naturaleza a menudo efímera y superficial de las plataformas digitales actuales. Si bien reconoció la capacidad de las redes sociales para difundir información rápidamente, expresó su preocupación por la falta de rigor y la tendencia a la banalización que, a su juicio, caracterizan a muchos "influencers". Estos creadores de contenido, si bien pueden tener audiencias masivas, a menudo carecen de la formación, la ética y la profundidad necesarias para abordar temas complejos con la seriedad que merecen.

La escritora enfatizó que el periodismo, en su forma más pura, implica una conexión humana, una indagación que va más allá de la superficie. Se trata de escuchar, de comprender las motivaciones, los contextos y las emociones de las personas para poder ofrecer una narrativa completa y veraz. La "deshumanización" a la que se refiere Poniatowska alude a la pérdida de esta conexión íntima, reemplazada por la inmediatez, la imagen y, en ocasiones, la manipulación.

El Legado del Periodismo de Investigación

En el contexto de su crítica, es importante recordar el legado de Elena Poniatowska. Su obra se ha caracterizado por dar voz a los marginados, por investigar a fondo las realidades sociales y políticas de México, y por presentar historias con una profunda sensibilidad humana. Desde sus crónicas sobre movimientos sociales hasta sus retratos de figuras emblemáticas de la cultura, Poniatowska ha demostrado cómo el periodismo puede ser una herramienta poderosa para la reflexión y la transformación social.

La "conferencia magistral" en la que participó la escritora se enmarca en un debate más amplio sobre el futuro del periodismo en la era digital. Mientras algunos celebran la democratización de la información y la aparición de nuevas voces, otros, como Poniatowska, advierten sobre los peligros de la superficialidad y la pérdida de los valores periodísticos tradicionales. La capacidad de "hacer que el otro hable" requiere paciencia, empatía y un compromiso ético que, según la escritora, a menudo se ve comprometido en el vertiginoso mundo de los "influencers".

Implicaciones para la Cultura y la Sociedad

La reflexión de Poniatowska tiene implicaciones significativas para la cultura y la sociedad en general. Si el periodismo pierde su capacidad de profundizar y de conectar con la humanidad de sus sujetos, la comprensión colectiva de la realidad se empobrece. La narrativa se vuelve más homogénea, los matices se pierden y la capacidad de generar pensamiento crítico se ve mermada. La "deshumanización" del periodismo, por tanto, no es solo un problema para los profesionales de la comunicación, sino para toda la sociedad que depende de una información veraz y contextualizada.

Analistas culturales señalan que la crítica de Poniatowska resuena con una preocupación creciente por la calidad del contenido en línea. La búsqueda de clics y la viralidad a menudo priman sobre la veracidad y la profundidad, creando un ecosistema informativo donde la superficialidad puede eclipsar el análisis riguroso. La figura de Poniatowska, con su vasta experiencia y su compromiso con la verdad, se erige como un faro de los valores periodísticos que muchos temen se estén perdiendo.

En este sentido, la anécdota con Diego Rivera, aunque pintoresca, encapsula la esencia de lo que Poniatowska defiende: una interacción humana genuina, donde las respuestas revelan más que las palabras mismas, y donde el periodista actúa como un catalizador para que esa verdad emerja. La labor de "hacer que el otro hable" es un arte que requiere tiempo, dedicación y, sobre todo, un profundo respeto por la persona entrevistada.

La advertencia de la escritora invita a una reflexión sobre el tipo de comunicación que deseamos fomentar. ¿Priorizamos la inmediatez y el espectáculo, o la profundidad y la conexión humana? La respuesta a esta pregunta definirá no solo el futuro del periodismo, sino también la calidad del discurso público y la comprensión que tenemos de nosotros mismos y del mundo que nos rodea.

La trayectoria de Elena Poniatowska es un testimonio de cómo el periodismo, cuando se ejerce con rigor y humanidad, puede ser una fuerza poderosa para el entendimiento y la memoria colectiva. Su llamado de atención sobre los "influencers" y la "deshumanización" del periodismo es una invitación a defender los principios que han sustentado a esta profesión durante décadas, adaptándolos a los nuevos tiempos sin sacrificar su esencia.

La distinción entre un "influencer" y un periodista, según la perspectiva de Poniatowska, radica en la intención y el método. Mientras el primero busca a menudo la validación social y el entretenimiento, el segundo se compromete con la búsqueda de la verdad y la comunicación de historias significativas. La "deshumanización" ocurre cuando la búsqueda de la fama o la viralidad eclipsa la empatía y el rigor investigativo, elementos indispensables para un periodismo que aspire a ser verdaderamente humano y revelador.

Finalmente, la escritora deja abierta la discusión sobre cómo navegar este nuevo panorama mediático. La tecnología avanza, pero los principios fundamentales de la comunicación humana y la ética periodística deben permanecer como pilares. La labor de "hacer que el otro hable" es un llamado a la escucha activa, a la curiosidad genuina y a la responsabilidad de transmitir esas voces con la dignidad y la complejidad que merecen, un ideal que Elena Poniatowska ha encarnado a lo largo de su prolífica carrera.