El panorama político peruano se encuentra en un punto de inflexión de cara a las próximas elecciones presidenciales, donde el candidato de izquierda Roberto Sánchez ha puesto sobre la mesa una propuesta audaz: el restablecimiento inmediato de las relaciones diplomáticas con México y Colombia. Esta promesa, realizada durante un encuentro con la Asociación de Prensa Extranjera en el Perú (APEP), marca un potencial giro en la política exterior de la nación andina, que ha estado marcada por profundas discrepancias con ambos países latinoamericanos.

Sánchez, quien lidera la fórmula presidencial por el partido Juntos por el Perú, ha enfatizado su visión "integracionista" y su creencia en la "multilateralidad" como pilares de su potencial gobierno. Su discurso busca tender puentes y sanar las heridas diplomáticas que surgieron tras la destitución y posterior encarcelamiento del expresidente Pedro Castillo en diciembre de 2022, un evento que desencadenó una crisis política y diplomática de gran magnitud.

La ruptura de relaciones con México y Colombia no fue un hecho casual. Se originó a raíz de las fuertes declaraciones de los presidentes Andrés Manuel López Obrador de México y Gustavo Petro de Colombia, quienes defendieron la inocencia de Castillo y calificaron su destitución como un "golpe de la derecha peruana". Estas posturas fueron interpretadas por el gobierno peruano, entonces encabezado por Dina Boluarte y posteriormente por José Jerí, como una injerencia inaceptable en sus asuntos internos, lo que llevó a la congelación de los lazos diplomáticos.

Si bien Perú y Colombia habían acordado en 2025 la reanudación de sus relaciones a nivel de embajadores, estos nombramientos aún no se han materializado, dejando un camino incompleto hacia la normalización. El caso de México es aún más delicado, pues la ruptura se intensificó en noviembre del año pasado cuando el gobierno de Claudia Sheinbaum otorgó asilo político a Betssy Chávez, exministra de Castillo, quien permanece refugiada en la embajada mexicana en Lima sin poder abandonar el país.

La propuesta de Sánchez de normalizar estos vínculos diplomáticos responde a una estrategia más amplia de reintegración regional. El candidato ha señalado la importancia de América Latina como un bloque cohesionado y ha criticado las divisiones que debilitan su potencial. Su plataforma política se alinea con la defensa de Pedro Castillo, a quien representa en esta contienda electoral, buscando reivindicar su figura y, con ello, restaurar las relaciones que se vieron afectadas por su caída.

Más allá de México y Colombia, Sánchez también ha manifestado su interés en fortalecer los lazos con Brasil, reconociendo su relevancia como mercado y su posición estratégica en el continente. El candidato recordó su experiencia como ministro de Comercio Exterior durante el gobierno de Castillo, etapa en la que se celebraron encuentros presidenciales y gabinetes ministeriales con representantes brasileños, incluyendo la administración de Jair Bolsonaro. La posibilidad de una visita a Lula da Silva, sin embargo, se ha visto limitada por la apretada agenda de la segunda vuelta electoral.

La visión de Sánchez se extiende a la potenciación del intercambio comercial con la región del Asia-Pacífico. Destacó la disparidad entre la participación de Brasil (40%) y Perú (0.3%) en el intercambio comercial latinoamericano con Asia, señalando una "inmensa oportunidad" para el crecimiento mutuo. Esta perspectiva subraya su ambición de posicionar a Perú como un actor clave en las rutas comerciales globales, aprovechando su ubicación geográfica.

El candidato izquierdista, quien se enfrenta a Keiko Fujimori, hija del expresidente Alberto Fujimori, en la contienda por la Presidencia para el período 2026-2031, ha hecho de la integración latinoamericana y la recuperación de la soberanía un eje central de su campaña. Su discurso apela a la "gravedad" de la situación actual y a la necesidad de un "destino obligado" como "hijos de la Amazonía", enfatizando la importancia de proyectos como el tren que conectaría el puerto brasileño de Bahía con el peruano de Chancay.

La campaña de Sánchez se presenta como una alternativa a las políticas que, a su juicio, han aislado a Perú y debilitado su influencia regional. Su promesa de restablecer relaciones diplomáticas no es solo un gesto simbólico, sino una declaración de intenciones para reconfigurar el papel de Perú en el concierto internacional, priorizando la cooperación y la hermandad latinoamericana frente a las tensiones políticas que han marcado la relación bilateral en los últimos años.

El resultado de las elecciones del próximo domingo será crucial para determinar si la visión de Sánchez se materializa y si Perú emprende un nuevo camino diplomático, buscando recomponer lazos y fortalecer su posición en un mundo cada vez más interconectado. La posibilidad de un acercamiento con México y Colombia abre la puerta a una nueva era de cooperación y entendimiento mutuo en la región.