La promesa de profesionalizar el servicio de paseo de perros en la Ciudad de México se ha estrellado contra la burocracia y la ineficiencia. A más de dos años de que se aprobó la regulación para certificar a quienes se dedican a esta labor, la cifra oficial de paseadores acreditados es desoladoramente baja: apenas 53 personas cuentan con la certificación.

Este número, que debería ser un motivo de orgullo para la administración capitalina, se revela como un rotundo fracaso ante la realidad de una ciudad donde miles de mascotas requieren cuidados y paseos diarios. La falta de un padrón público y la ausencia de credenciales para los pocos que han logrado pasar los filtros, evidencian un retraso inaceptable en la implementación de una normativa que buscaba, en teoría, garantizar la seguridad y el bienestar animal.

El Laberinto Administrativo

La Agencia de Atención Animal (AGATAN), el organismo encargado de este proceso, ha admitido que el principal obstáculo para avanzar ha sido la imposibilidad de acceder a su propia página web. Esta falla técnica, que suena casi inverosímil en pleno siglo XXI, ha impedido la publicación del padrón de paseadores certificados y, lo que es peor, la entrega de las credenciales correspondientes a quienes sí cumplieron con la capacitación y los requisitos.

Fuentes dentro de la agencia señalan que se prevé resolver ambos pendientes, la publicación del padrón y la entrega de credenciales, durante el próximo mes. Sin embargo, la confianza en estas promesas se ve mermada por la prolongada inacción y las excusas técnicas que han marcado este proceso desde su inicio.

¿Por Qué Tanta Demora?

La regulación para paseadores de perros fue aprobada en 2024, con la intención de establecer estándares de calidad y seguridad para un servicio cada vez más demandado en la metrópoli. Se buscaba que los paseadores contaran con conocimientos sobre comportamiento canino, primeros auxilios y manejo de grupos de perros, además de un seguro de responsabilidad civil.

Sin embargo, la implementación ha sido un camino lleno de tropiezos. La falta de difusión de la convocatoria, la complejidad de los trámites y, ahora, las fallas técnicas, han disuadido a muchos profesionales del sector de buscar la certificación. El resultado es un mercado gris donde operan miles de personas sin ningún tipo de regulación, poniendo en riesgo la seguridad de los animales y de los propios paseadores.

Implicaciones para el Bienestar Animal

La ausencia de un registro oficial y de credenciales verificables tiene implicaciones directas en el bienestar de los animales. Los dueños de mascotas que contratan estos servicios a menudo carecen de información confiable sobre la experiencia y la capacitación de quienes cuidan a sus perros. Esto abre la puerta a posibles maltratos, accidentes o negligencias que podrían ser prevenidos con un marco regulatorio funcional.

En contexto, la situación de la CDMX contrasta con otras ciudades a nivel internacional donde la certificación de paseadores de perros es un requisito indispensable y un proceso ágil. La capital mexicana, que se jacta de ser una urbe cosmopolita y a la vanguardia, parece rezagarse en aspectos fundamentales del cuidado animal.

El Camino a Seguir

Para que la regulación de paseadores de perros en la CDMX sea efectiva, la AGATAN debe no solo solucionar sus problemas técnicos, sino también implementar una estrategia de difusión y simplificación de trámites. Es crucial que se establezcan mecanismos de supervisión y sanción para quienes operen al margen de la ley.

La comunidad de dueños de mascotas y los propios paseadores profesionales esperan que las autoridades cumplan con sus compromisos y hagan de esta regulación una herramienta útil para garantizar la seguridad y el bienestar de los miles de perros que habitan la ciudad. De lo contrario, la iniciativa, que nació con buenas intenciones, corre el riesgo de convertirse en letra muerta y un ejemplo más de la ineficiencia gubernamental.

La falta de acción concreta por parte de la Agencia de Atención Animal no solo retrasa la profesionalización del sector, sino que también genera incertidumbre y desconfianza entre los ciudadanos que buscan servicios confiables para sus mascotas. La promesa de un entorno más seguro y regulado para los animales de compañía sigue, por ahora, en espera de una solución técnica que parece diluirse en el tiempo.