Tres años después del devastador paso del huracán Otis, la recuperación de Acapulco sigue marcada por una profunda brecha en la protección financiera de sus pequeños negocios. Un análisis reciente del programa Acapulco Inspira, impulsado por FUNDES y Scotiabank, revela una cruda realidad: ninguno de los establecimientos evaluados contaba con seguros específicos para eventos climáticos, una herramienta crucial para mitigar el impacto de futuras catástrofes.

Aunque una mayoría significativa, 67%, sí disponía de fondos de emergencia, esta medida resulta insuficiente ante la magnitud de los desastres naturales. El estudio, que ha acompañado a 349 mipymes desde 2025, muestra avances en la reestructuración de deudas y la organización financiera, con un 90% de los participantes concluyendo planes de recuperación y un 42.1% logrando reducir sus pasivos. Sin embargo, la falta de seguros deja a estos negocios expuestos a pérdidas económicas devastadoras ante un nuevo evento.

El Índice de Vulnerabilidad Climática promedio se situó en 54.84%, un nivel considerado moderado pero alarmantemente insuficiente para enfrentar la realidad de un puerto que ha demostrado ser vulnerable a fenómenos meteorológicos extremos. Manuel Silva, director de Asuntos Corporativos y Sostenibilidad de Scotiabank México, enfatiza que la reactivación de Acapulco está lejos de concluir y que el desafío actual es preparar a las empresas para mantener sus operaciones, salvaguardar el empleo y asegurar su potencial de crecimiento frente a nuevas contingencias.

La devastación post-Otis no se limitó a la infraestructura dañada. La interrupción de servicios básicos como la electricidad, el colapso de vías de acceso y la falta de cadenas de suministro paralizaron la actividad económica, impidiendo que negocios que conservaron su estructura recuperaran sus niveles de ventas habituales. Ricardo de la Garza, presidente y director general de Globaim para México y Centroamérica, advierte que durante estas interrupciones, las empresas continúan asumiendo costos fijos como salarios y rentas, mientras su capacidad de generar ingresos se ve mermada.

La consultora Globaim, especializada en siniestros y reclamaciones, ilustra la problemática con ejemplos concretos: un supermercado puede perder inventario valioso por días de corte eléctrico, mientras un hotel enfrenta cancelaciones masivas y una drástica caída de ingresos durante el prolongado periodo de reparaciones. El tiempo que toma restablecer la operación normal se convierte, por tanto, en una fuente adicional de presión financiera, exacerbando la fragilidad de las mipymes.

En el periodo 2016-2025, la Asociación Mexicana de Instituciones de Seguros (AMIS) reportó pagos por más de 79,800 millones de pesos por siniestros hidrometeorológicos, de los cuales el 72.9% correspondió a daños por ciclones y huracanes. En 2024, las indemnizaciones sumaron 3,453 millones de pesos. Estas cifras, si bien significativas, solo reflejan las pérdidas cubiertas por pólizas y no el costo económico total de los desastres, ni las pérdidas de quienes carecían de seguro.

Silva subraya la necesidad de un enfoque integral para la recuperación, que incluya no solo la reparación de daños, sino también la construcción de resiliencia financiera. Propone tres ejes de acción para fortalecer a los pequeños negocios: la digitalización de procesos para mejorar la eficiencia y la trazabilidad; la planificación estratégica que trascienda las necesidades inmediatas y contemple escenarios a largo plazo; y el desarrollo de planes de contingencia robustos y activados.

La preparación ante escenarios como el cierre de vías de acceso a Acapulco, la construcción de matrices de riesgo detalladas y la definición de protocolos de reacción oportuna son elementos clave para la supervivencia y el crecimiento futuro. Scotiabank, como parte de la nueva fase de Acapulco Inspira, ofrecerá acompañamiento personalizado a 30 micro y pequeños negocios turísticos durante 12 meses, incluyendo diagnósticos, capacitación financiera y climática, planes de adaptación y vinculación comercial.

Sin embargo, es crucial notar que este apoyo no incluye el otorgamiento directo de seguros ni líneas de crédito específicas para la cobertura de desastres. La efectividad de la protección, incluso cuando existe, depende de factores como la correcta valoración de activos, límites de póliza adecuados y la exclusión de ciertas pérdidas. La disponibilidad de registros financieros claros y evidencia documentada de los daños son también fundamentales para agilizar los procesos de reclamación.

Como alternativa complementaria, los seguros paramétricos ofrecen una vía prometedora. Estos productos, como los explicados por GMX Seguros, activan pagos cuando un evento cumple parámetros preestablecidos de intensidad y ubicación, independientemente de una evaluación detallada del daño físico individual. Para las mipymes de Acapulco, la recuperación representa un doble desafío: subsanar las heridas dejadas por Otis y, simultáneamente, edificar una capacidad financiera sólida que les permita resistir el inevitable próximo periodo de interrupción de ingresos.

La falta de previsión y la ausencia de herramientas financieras adecuadas ante eventos climáticos extremos dejan a una parte significativa del tejido empresarial de Acapulco en una posición de extrema vulnerabilidad. La lección de Otis parece no haber permeado completamente en la cultura de prevención y aseguramiento, dejando a la economía local a merced de la próxima tormenta.