El máximo comandante militar de la OTAN está ultimando una estrategia para responder de manera rápida y contundente ante una eventual incursión rusa en el flanco oriental de la alianza. Este plan, denominado provisionalmente como “Teoría de la Victoria”, busca combinar las capacidades militares tradicionales con el uso de nuevas tecnologías de defensa, como drones e inteligencia artificial, en un esfuerzo por disuadir la agresión y, en caso de ser necesario, asegurar la victoria.

El documento será presentado formalmente en Polonia el próximo 12 de octubre por el general Alexus Grynkewich, comandante supremo aliado en Europa. La iniciativa surge en un contexto de crecientes tensiones entre la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y Rusia, alimentadas por reportes recientes que sugieren la posibilidad de acciones militares por parte de Moscú en territorio de la alianza.

El objetivo principal de esta estrategia es clarificar el protocolo de respuesta de la OTAN ante una posible incursión en su territorio. Altos funcionarios y diplomáticos, familiarizados con los detalles del plan, han señalado que la alianza busca proyectar una imagen de preparación y determinación frente a las amenazas percibidas.

Si bien el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, ha manifestado que no existen indicios inmediatos de un ataque convencional ruso, ha enfatizado la necesidad de que Europa se mantenga alerta ante ataques híbridos persistentes. Esta postura subraya la complejidad del panorama de seguridad actual.

El coronel Martin O’Donnell, portavoz del general Grynkewich, declinó ofrecer detalles específicos sobre el plan, pero reiteró enfáticamente el carácter “puramente defensivo” de las acciones de la OTAN. Según O’Donnell, la “Teoría de la Victoria” tiene como meta principal “mantener la ventaja de la OTAN” y crear las condiciones necesarias para disuadir cualquier agresión.

En un entorno de seguridad mundial cada vez más inestable y complejo, la OTAN considera crucial anticiparse a las amenazas. La estrategia busca no solo disuadir una posible agresión, sino también garantizar la capacidad de ganar en caso de ser atacados, fortaleciendo así la postura de defensa colectiva de la alianza.

Aunque los principios generales de combate de la OTAN son de conocimiento público, la divulgación abierta de este tipo de planes es poco habitual. La iniciativa tiene un doble propósito: transmitir un mensaje de tranquilidad a los aliados sobre el nivel de preparación de la organización y, al mismo tiempo, justificar y visualizar los objetivos detrás del incremento en el gasto en defensa que se ha observado en los últimos tiempos.

El documento también detalla cómo la OTAN planea integrar las armas convencionales con las nuevas capacidades tecnológicas desarrolladas a raíz de la invasión rusa a gran escala de Ucrania en 2022. Se espera que esta presentación impulse una mayor inversión en defensa entre los estados miembros y mejore la preparación general de las fuerzas aliadas.

La estrategia hace hincapié en el carácter intrínsecamente defensivo de la OTAN, buscando evitar cualquier provocación involuntaria. Al mismo tiempo, reconoce la necesidad imperativa de contrarrestar colectivamente las amenazas híbridas, definidas como acciones agresivas que se sitúan por debajo del umbral de un conflicto armado abierto. La premisa es que, al demostrar una preparación sólida, la OTAN disuadirá al adversario de la posibilidad de una victoria.

En el hipotético escenario de un ataque contra la OTAN, la alianza prevé bloquear la incursión mediante una combinación de fuerzas terrestres y otros recursos de la Iniciativa de Disuasión del Flanco Oriental. Este concepto se basa en el uso de drones de bajo costo, sistemas con tripulación mínima y la asistencia de inteligencia artificial para la selección de objetivos. Una vez obtenida la libertad de maniobra, el objetivo sería neutralizar los sistemas de mando y control enemigos, buscando así derrotar a las fuerzas rusas de manera rápida y decisiva.

Los aliados de la OTAN, particularmente en Europa, han incrementado significativamente su gasto en defensa en respuesta a las crecientes tensiones. Este aumento refleja un debate interno sobre cómo priorizar la inversión entre armamento tradicional, como los tanques, y las tecnologías emergentes que han demostrado ser cruciales en el conflicto ucraniano.

Como parte de este esfuerzo de evaluación, Estados Unidos distribuyó un cuestionario a los aliados de la OTAN durante el verano boreal. El objetivo era evaluar su gasto en defensa y su alineación con las políticas del presidente Donald Trump, con el fin de orientar futuras decisiones sobre la asignación de activos militares estadounidenses destinados a la defensa de Europa.

Una de las preguntas clave del cuestionario estadounidense indagaba si los aliados disponían de fuerzas adicionales que pudieran ser comprometidas con la OTAN para respaldar los planes de defensa propuestos por el general Grynkewich, evidenciando la coordinación necesaria para la implementación de la nueva estrategia.