En un discurso marcado por la controversia y la división, el primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, se presentó ante la Asamblea General de las Naciones Unidas para defender las acciones de su gobierno, particularmente en el contexto del conflicto en Gaza y la amenaza percibida de Irán. El evento estuvo lejos de ser unánime, pues mientras Netanyahu exponía su postura, gran parte de la sala se vació y resonaron abucheos, contrastando con consignas de apoyo a Israel.

La intervención de Netanyahu se caracterizó por una retórica desafiante. Antes de iniciar su alocución, el líder israelí lanzó un reto a los asistentes: “Si hay más cobardes morales que se quieran abandonar la sala, por favor, que lo hagan ahora”. Esta declaración anticipaba el tono confrontativo que mantendría durante los aproximadamente 40 minutos de su discurso.

Uno de los ejes centrales de su mensaje fue la reiterada advertencia sobre el peligro que, según él, representa Irán para la estabilidad global. Netanyahu recordó la decisión de Israel de atacar instalaciones nucleares iraníes, calificándola como una de las más fáciles que ha tomado como primer ministro, argumentando que de no hacerlo, la existencia misma de su país estaría en riesgo. Irónicamente, señaló que Israel se encontraba defendiendo a aquellos países que ahora le daban la espalda en la ONU, y que muchos de ellos le habían agradecido en privado por neutralizar el programa nuclear iraní.

En cuanto a la situación en Gaza, Netanyahu rechazó categóricamente las acusaciones de genocidio. Calificó estas imputaciones como “la mayor mentira del siglo” y afirmó que Israel ha tomado “innumerables medidas para proteger a la población civil”. Para reforzar su argumento, contrastó la situación con la definición de genocidio, asegurando que lo que Israel hace es “lo opuesto a un genocidio”. Mencionó, además, la entrada de ayuda humanitaria como vacunas y alimentos para la población de Gaza, un territorio que describió como un desafío bélico en múltiples frentes.

Netanyahu también abordó la cuestión territorial, defendiendo la presencia israelí en Cisjordania, a la que se refirió como “Judea y Samaria, el corazón de la patria histórica del pueblo judío”. Citando la Biblia, argumentó la conexión histórica de los judíos con los Altos del Golán, territorio sirio ocupado por Israel. En este punto, criticó duramente a potencias europeas como Francia y Reino Unido por acusar a Israel de prácticas coloniales, recordándoles sus propios pasados imperiales.

El discurso se dio en un contexto de alta tensión internacional, con la guerra en Gaza entrando en su cuarto año y las cifras de víctimas civiles palestinas superando las 74,000, la mayoría mujeres y niños, según reportes. La devastación en la Franja ha generado un desplazamiento masivo de casi dos millones de palestinos, convirtiendo el enclave en una zona de crisis humanitaria.

La reacción de la comunidad internacional ante el discurso fue mixta, pero la ausencia de muchas delegaciones y los abucheos iniciales reflejaron la profunda división y el descontento que generan las políticas de Netanyahu. El eslogan “Am Israel Jai” (‘El pueblo de Israel vive’), coreado por algunos asistentes, evidenció la resiliencia y el sentimiento identitario que ha resurgido en Israel desde los ataques de Hamás en octubre de 2023.

Históricamente, la ONU ha sido un foro clave para el debate sobre el conflicto israelí-palestino, pero también un escenario donde las posturas a menudo se polarizan. Las intervenciones de líderes israelíes en este organismo suelen generar fuertes reacciones, tanto a favor como en contra, reflejando la complejidad y la persistencia de las tensiones en la región.

El primer ministro israelí también hizo referencia a la guerra contra Irán iniciada en febrero de 2026, destacando la dificultad de la operación pero la necesidad de la misma para la seguridad de Israel. Subrayó que, a pesar de las críticas, Israel se ve obligado a defenderse en múltiples frentes, incluyendo Hamás en Gaza, Hezbolá en Líbano, los hutíes en Yemen, y milicias en Irak y Siria, además de lo que describió como intentos diarios de asesinato en Cisjordania.

La mención de Cisjordania como “Judea” y la afirmación de que es “nuestra tierra” resuenan con la narrativa de la derecha israelí, que considera estos territorios como parte integral de la herencia judía. Sin embargo, esta postura choca frontalmente con el derecho internacional, que considera a Cisjordania un territorio ocupado y la presencia de colonos israelíes como ilegal. La población palestina en esta región supera los 3.4 millones, viviendo bajo un régimen militar israelí que restringe severamente su libertad de movimiento.

La estrategia de Netanyahu de utilizar la plataforma de la ONU para reafirmar su posición, a pesar de la hostilidad de parte de la audiencia, subraya su determinación de proyectar una imagen de fortaleza y convicción ante la comunidad internacional. El uso de un beeper, similar a los utilizados en operaciones de inteligencia, añadió un elemento dramático a su presentación, buscando evocar la seriedad de las amenazas que Israel enfrenta.

En el análisis posterior al discurso, los observadores señalan que, si bien Netanyahu busca proyectar unidad y determinación, la división evidenciada en la ONU refleja los desafíos diplomáticos que Israel enfrenta. La negación del genocidio y la defensa de la expansión territorial contrastan marcadamente con las resoluciones y las opiniones de organismos internacionales y organizaciones de derechos humanos, manteniendo el conflicto en un punto muerto diplomático y humanitario.

La intervención de Netanyahu ante la ONU, por tanto, no solo buscó defender las acciones de Israel, sino también reconfigurar la narrativa global sobre el conflicto, presentando a su país como víctima de agresiones y como un actor necesario para la seguridad regional, a pesar de las crecientes críticas y el aislamiento diplomático que enfrenta en diversos foros internacionales.

El discurso también sirvió para recordar la compleja relación entre Israel y Estados Unidos, especialmente en el contexto de la guerra contra Irán. Aunque Netanyahu afirmó que la operación fue difícil, la presentó como un éxito necesario, sugiriendo una alineación estratégica con Washington en la lucha contra lo que ambos consideran amenazas comunes, a pesar de las diferencias que puedan surgir en otros ámbitos, como la gestión del conflicto en Gaza.