La fiebre del Mundial 2026 ya se siente en las calles de la Ciudad de México, y no solo en el ámbito deportivo. En Santa Úrsula Coapa, la proximidad al icónico Estadio Azteca se ha convertido en una mina de oro para los residentes, quienes han encontrado una forma lucrativa de capitalizar el evento.
La alcaldía Coyoacán, en un esfuerzo por organizar la logística de estacionamiento durante los partidos del torneo, llevó a cabo un censo de vecinos y otorgó códigos QR. Estos códigos, que en teoría debían facilitar el acceso y control, han terminado siendo la llave para un negocio improvisado que ya está generando ganancias significativas.
Lo que comenzó como una medida de ordenamiento se ha transformado en un mercado secundario donde los códigos QR se venden a precios que van desde los 2,500 pesos. Los afortunados poseedores de estos códigos, que residen en fraccionamientos, casas particulares e incluso en calles aledañas al coloso de Santa Úrsula, ahora pueden rentar sus espacios de estacionamiento a los miles de aficionados que se esperan.
Este fenómeno pone de manifiesto la capacidad de adaptación y el espíritu emprendedor de los capitalinos, quienes no pierden oportunidad para obtener un beneficio económico. Sin embargo, también plantea interrogantes sobre la equidad y el control de estos permisos.
¿Se está beneficiando a quienes realmente lo necesitan o a quienes supieron negociar mejor? La alcaldía Coyoacán, al otorgar estos códigos, seguramente buscaba una solución ordenada. No obstante, la dinámica del mercado ha demostrado ser más poderosa que cualquier regulación inicial.
El Mundial de 2026 promete ser un evento de gran magnitud para México, no solo en términos deportivos y de turismo, sino también como catalizador de dinámicas sociales y económicas inesperadas. La experiencia en Santa Úrsula es solo un pequeño reflejo de lo que podría suceder en otras zonas cercanas a las sedes del torneo.
La renta de estos espacios no solo beneficia a los vecinos que venden los códigos, sino también a quienes los compran, quienes a su vez obtienen un margen de ganancia al rentarlos a los automovilistas. Se crea así una cadena de intermediarios que eleva el costo final para el aficionado.
Este modelo de negocio, aunque efectivo para generar ingresos rápidos, podría generar conflictos entre vecinos o con las autoridades si no se maneja con transparencia. La alcaldía Coyoacán tendrá el desafío de supervisar que estas transacciones no deriven en abusos o en la exclusión de ciertos grupos.
La FIFA y las autoridades mexicanas han invertido ingentes cantidades de dinero y esfuerzo para asegurar el éxito del Mundial. La organización de la logística, incluyendo el transporte y el estacionamiento, es crucial para la experiencia de los asistentes.
La situación en Santa Úrsula subraya la importancia de una planificación detallada que contemple no solo la infraestructura, sino también las dinámicas humanas y económicas que surgen alrededor de eventos masivos.
Se espera que, conforme se acerque la fecha del torneo, estas prácticas se intensifiquen y se extiendan a otras áreas. La pregunta es si las autoridades estarán preparadas para gestionar estas situaciones y asegurar que el Mundial sea una fiesta para todos, y no solo para unos cuantos.
El legado del Mundial 2026 en la Ciudad de México no solo se medirá en estadios llenos y goles, sino también en cómo la ciudad y sus habitantes supieron adaptarse y capitalizar un evento de esta envergadura, para bien o para mal.